Noisey

Contra el silencio en los conciertos

Existe una queja ancestral en los conciertos españoles que no puede faltar en las reseñas o relatos de la gente: "El público no paraba de hablar durante el concierto". Pues mira, sí.
08 Julio 2016, 7:00am

Primera fila de un festival indie. Foto vía.

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Existe una queja ancestral en los conciertos españoles que junto con alguna observación sobre "la acústica" no puede faltar en las reseñas o relatos de la gente: "El público no paraba de hablar durante el concierto".

Por algún motivo, unos cuantos desalmados antisistema se empeñaron en comunicarse entre ellos mediante ondas sonoras en vez de guardar silencio como hacemos en los funerales o ceremonias religiosas. Por algún motivo, un concierto tiene que desarrollarse "en silencio".

Metámonos a fondo en esa contradicción:

Un concierto de música popular es, como su nombre indica, un acto público. No es un recital de piano, sino un espectáculo en el que el público no es un elemento pasivo: tiene el derecho, y se le anima, a participar. Como escribía Jacques Attali, sólo la muerte es silenciosa. El trabajo, las casas, la calle, los colegios, los mercados están llenos de ruido: donde hay vida hay ruido. Nada esencial ocurre en la ausencia del ruido. Por lo tanto, uno pensaría que los conciertos, lugares donde se acude en grupo a celebrar el ruido de forma colectiva, habría de todo menos silencio, pero no obstante, buena parte del público desea escuchar el concierto rodeada de silencio.

La música clásica como la definimos hoy en día, es un género completamente opuesto al pop del último siglo. La música clásica era aristocrática y exclusiva, y por lo tanto se disfrutaba de forma selecta y en absoluto silencio. En contraposición, el pop es música popular y por lo tanto, pública y ruidosa. No es una categoría excluyente sino todo lo contrario; es incluyente hasta el punto de ser explotativa en algunos casos.

Pero con los cambios económicos de los 80, la idea que predominó en el mundo Occidental fue la de diferenciarse a través de bienes de consumo y eso provocó que el aspecto colectivo de la música empezase a cambiar.

El impulso era más bien hacia diferenciarse de la gente común mediante los vinilos/ casettes/ formato_ochentero de grupos poco conocidos que te señalasen como una persona especial. Esta tendencia se ha acentuado con la llegada de Internet y nuestra conversión de personas a marcas/productos, ya que al convertirnos en marcas, también nos vemos sometidos a la diferenciación de producto. Y es lógico que si somos nuestra propia marca, necesitemos distinguirnos de las demás.

Por lo tanto, los conciertos ya no pueden ser un lugar de comunión y ruido, sino que tienen que volver a su actitud exclusiva y superior de las cortes europeas del siglo XVIII: tienen que realizarse ante el silencio del público conocedor, perfectamente distinto a la masa ruidosa de otros conciertos más vulgares.

Pues bien, eso apesta.

A un concierto no se viene a escuchar. Toda la razón de ser de los formatos físicos y digitales es poder escuchar música. Los conciertos son una oportunidad para entender/ interactuar con la música que te gusta de una forma completamente distinta a la soledad de tu habitación. Así que si eres de esas personas que regaña a la gente que charla en los conciertos: hiedes.

Nicolás Prados escribe en YoungVibez.