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Los investigadores reconocen que estas mejoras médicas y genéticas están limitadas por nuestra propia biología. Lo saben, pero eso no los detiene; así que los soldados del futuro serán más como los cyborgs de las películas de ciencia ficción: mitad humanos, mitad máquinas. Raytheon, un gigante armamentista, ya desarrolló exoesqueletos estilo Iron Man, los cuales darían a los soldados una fuerza sobrehumana. Los sensores de movimiento reconocen los movimientos del portador y el traje los imita con su sistema hidráulico, lo que permite a las tropas cargar con su equipo y correr durante horas.
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Pero lo más descabellado de todo tiene que ser la investigación que se lleva a cabo sobre la “cognición mejorada” o la “inteligencia amplificada” que pretende mejorar nuestros cerebros con la inserción de un chip dentro de nuestros cuerpos. Esta tecnología no sólo podría aumentar de manera radical nuestra memoria, también podría llevarnos a lo que un científico describe como "insertar una memoria que interactúe con tu cerebro”. Esto quiere decir que esas habilidades que tomaría años aprender (volar un helicóptero, hablar árabe, realizar una cirugía) podrían descargarse en cuestión de segundos.Por desgracia, el vocero del Pentágono no estaba disponible para darnos su postura al respecto, así que tuve que preguntarle su opinión a mi amigo Rob, un soldado de 19 años con sed de sangre que pronto partirá a Afganistán.“Esos trajes de cyborg se ven estúpidamente frágiles, igual que todo lo que usamos”, me dijo. “¿Y después qué? Estás en medio de la nada con un robot de una tonelada en tu espalda y no te puedes mover. Son puras mamadas"."Obviamente, si pudiera implantarme un chip en la cabeza para aprender cosas más rápido, lo haría, igual que todos mis compañeros. Pero si el enemigo consiguiera algo así, te estarías cagando en los pantalones. ¿Qué pasa si se roban uno de nuestros aviones y saben cómo volarlo?”
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Para el Pentágono, las ventajas de esto son evidentes: los robots tienen un mejor tiempo de respuesta y una mejor mira que los humanos, no se cansan ni les da hambre, no pierden concentración ni se vuelven menos eficientes. Es más, los efectos psicológicos que tendría un enemigo robótico (uno que no puede sentir dolor, miedo ni piedad, uno que no puede morir) serían devastadores.
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