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La heroinómana del espacio sigue viva en Estambul

Helio León desvela con sus fotos la vida de Sevda Yilmaz, una mujer que antes fue Ali Kemal Yilmaz. Activista de izquierdas, escritora, musa de la pintora Neşe Erdok y durante 20 años enganchada a la heroína.

Helio León lleva documentando su vida, sus viajes y su ficción personal desde los 14 años, cuando compró una cámara réflex en el Rastro de Madrid. El día que se encontró a Sevda Yilmaz llevaba horas pateando las calles de Estambul con el deseo de encontrar a alguien interesante para poner delante de su objetivo. Y para conocer su historia.

“Fue por la tarde cuando me crucé con ella en una Istiklal atestada de gente. Su aspecto me atrajo inmediatamente, sobre todo su ropa de color rosa y el peculiar sombrero que llevaba. Le pregunté si le apetecería tomar un te y conocernos un poco. Llevaba bajo el brazo una carpeta con columnas que había escrito en periódicos de los años 90 como Ali Kemal Yilmaz. Al parecer había sido militante e intelectual de izquierdas desde joven”. En aquellos tiempos firmaba como un hombre.

De esa época como periodista y escritor tiene varios libros publicados, entre ellos destaca Uzaydan Gelen Eroinman (que se podría traducir como Heroinómano del espacio): “Es una crónica autobiográfica sobre ella, sus amigos y su adicción a la heroína durante veinte años. Es alguien popular en el submundo de Estambul, muchos periodistas, músicos, gente de la calle, buscavidas y artistas de su generación la conocen”.

Ahora se llama Sevda y ocupa la casa que fuera de sus padres, ya fallecidos. Está situada en un barrio tradicional, a veinte minutos del centro de Estambul. “La mayoría de la gente de su barrio la conoce, algunos desde que era niño. Lleva una relación bastante familiar con la gente. Una vida típica de barrio con cotilleos, ventanas, persianas, gatos, tiestos... De vez en cuando baja al centro y se da un paseo o se encuentra con algún amigo suyo”.

A Helio le contó que la mayor parte de sus amigas travestis y transexuales prefieren vivir en el centro, porque allí hay más indiferencia, mayor grado de intimidad y anonimato entre el bullicio y ajetreo de una ciudad como Estambul. Corazón de un país en el que la tolerancia no cotiza precisamente al alza.

“En Turquía las noticias sobre linchamientos y asesinatos de travestis y transexuales -y en general de cualquier minoría- son cotidianas. Por supuesto hay zonas más tranquilas que otras, como lo es la costa del Egeo.  (...) Hay mucha testosterona en el ambiente, muchos hombres vestidos de negro caminando por la calle, y hay una extraña obsesión en muchos hombres corrientes, tradicionales, obreros, musulmanes con los transexuales”.

Musa de Neşe Erdok

Entrar en el universo más íntimo, en el núcleo duro donde reside la magia de Sevda, no fue tan complicado como podría parecer dada la dureza de su piel y el caparazón con el que se podía haber protegido a lo largo de los años. “Minutos después de conocernos le expliqué que yo era fotógrafo y en seguida me propuso ir a su casa. La iba a visitar de vez en cuando. Conversábamos, tomábamos té, fumábamos, mientras me contaba historias de su juventud, de su familia, del Estambul de su infancia y del pasado del imperio Otomano, los poetas, el sultán homosexual amante del arte... Y me enseñaba los rincones de su casa. Me quedaba dormido en el sofá y por la mañana volvíamos a empezar”.

En una de esas visitas salió a la luz una historia más en el currículum de este apasionante ser humano. Su relación con la pintora Neşe Erdok (Estambul, 1940), una estudiosa del cuerpo. “En su casa tenía un libro de gran formato bastante voluminoso con las pinturas de Neşe, y aparece en muchas de ellas, la mayor parte del tiempo desnudo. Al parecer  Neşe estaba muy interesada por él, su cuerpo, sus manos y su aspecto andrógino y solía pintarle a menudo. Ahora apenas mantienen el contacto. Aun así las portadas de las varias ediciones de Uzaydan Gelen Eroinman está ilustradas con pinturas que Neşe hizo de Ali”. En sus escritos, en las pinturas y ahora en las fotos quedan plasmadas las vivencias de Sevda y de Ali.