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Axe Presenta:

Que el fin del mundo nos pille en un tanque de queroseno

La próxima semana se abre por sexta vez al público -que quiera experimentar de forma íntima con el arte- un tanque de queroseno. Puede que este depósito sea el único en donde grafiteros comparten escena con saxofonistas, poetas, improvisaciones de ZA...

por Andrea Palacios Fidalgo
20 Octubre 2014, 2:27pm

Este mundo está lleno de propuestas de ocio cansinas y por eso sabemos apreciar los planes divertidos que invitan de verdad a despegar el culo del sofá. Cada semana, AXE te descubre la cultura, viajes, tendencias y arte que hacen que valga la pena vivir. Soñemos con un planeta menos asqueroso.

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No sabría cómo definir el Keroxen. Y a los que lo organizan tampoco. Solo sé que si hay una catástrofe mundial quiero que me pille dentro de su tanque de queroseno. No es una exposición de arte, ni un festival de música, ni mucho menos un encuentro cultural. Es una tierra de nadie con performances (sin escenario) de música clásica contemporánea, video-mappings en una pantalla de bidones de gasolina, poemas y grafitti. Dentro no hay exigencias, solo un propósito: la confluencia de los keroxeniatas con el arte y sus creadores. Carla Bozulich, Za!, Pony Bravo, GAF y La Estrella de la Muerte, The Suicide of Western Culture... Se celebra del 24 de octubre al 5 de diciembre en Santa Cruz de Tenerife y su director, Néstor Torrens, intentó ayudarme a entender todo este asunto.

Vice: ¿Cómo definirías el festival? Yo soy incapaz.

Néstor Torrens: Es complicado porque no es un festival típico. Hay intervenciones plásticas, espaciales, interactivas, un poco de danza con rock experimental... es difícil de clasificar. Es una reunión de un ser mutante que vive en el tanque de queroseno.

¿Y de qué se alimenta ese ser mutante?

Bueno, se alimenta de un gran equipo que tenemos de diseñadores, proyecciones de video-mapping, informáticos, intervenciones y varios artistas que colaboran asiduamente con nosotros, músicos que ayudan en la programación y yo mismo en las artes plásticas.

¿Qué son los keroxeniatas?

Un gran público. Los keroxianatas se comportan sensacional, no hemos tenido nunca ningún problema. El que va repite. Ellos crean un ambiente muy adictivo, especial y distinto y es de verdad muy emotivo estar allí dentro de aquel espacio con intervenciones artísticas interactivas y la pantalla gigante de 18 metros con bidones azules.

¿Bidones de petróleo?

No, los bidoncitos no son de petróleo... el tanque en el que estamos, sí. Estos bidoncitos son de cosas que echan a los invernaderos, a la tierra y eso. Los hemos reciclado para hacer, por ejemplo, sofás. Todos los muebles de dentro están hechos con eso.

¿Cómo captáis artistas tan interesantes?

Empecé yo solo con una exposición, una intervención en el espacio, y un día propuse invitar a otros artistas. Al principio solo fueron músicos pero, poco a poco, hemos ido incorporando a más gente. Siempre hay un diálogo y propuestas que se discuten pero, vamos, es bastante abierto el concepto en ese sentido.

Un festival que se reinventa...

Sí, intentamos hacer cosas distintas en cada edición. Este año tenemos una ocupación poética con códigos QR por todo Santa Cruz. Poemas leídos por las autoras, casi todas mujeres. También tenemos una intervención con coches de un desguace que van a ser intervenidos por diez artistas y se van a colocar en aparcamientos públicos de la ciudad. 

¿Hay vínculos entre las performances?

Es un poco arte relacional, no sé si has oído hablar del tema. Consiste en crear espacios para la convivencia de distintos tipos. La convivencia dentro de un ambiente cultural y artístico es un poco la filosofía del Keroxen.

¿Por qué os describís como festival adictivo?

Jajaja. Es una mezcla de todo y el montón de artistas, poetas y distintas disciplinas enganchan a la gente. Y el vínculo con organizaciones o el grupo Micromusic, que lleva eventos de música electrónica. Estamos conectados con gente que hace cosas distintas aquí en la isla, desde la base, y eso genera adicción.

La Tate Modern también habilitó un antiguo tanque de depósitos combustibles.

El nuestro es anterior, es del 97.

¿Cómo se dividen las disciplinas?

No hay tanta división porque el espacio es cilíndrico, un tanque de 55 metros de diámetro. Tenemos una instalación con moquetas negras que colgamos y creamos un montón de pasillos y espacios donde la gente se pierde y aparecen algunas intervenciones artísticas en sitios insospechados. Estos espacios se crean por una reverberación condicionada por la instalación que tiene el tanque, que son 4.000 metros de moqueta que colgamos en tiras de un metro y así solucionamos un poco el sonido de las actuaciones musicales.

¿Qué es lo más impactante de Kerosene?

Hombre, lo más impactante...

Además del tanque, claro.

Jajaja. Lo que más llama la atención a la gente es la programación especial que tenemos, porque mezclamos clásico con contemporáneo. Por ejemplo, vamos a hacer una adaptación para la inauguración de este año con siete saxos. Una obra especial que hace un compositor de aquí de clásica contemporánea en la que los saxos se irán moviendo por el tanque y luego confluyen en el centro.

Y Carla Bozulich.

Sí, ella es una figura internacional dentro del underground, pero para mí es comparable a Nick Cave o a PJ Harvey. Nos podemos permitir traer a Carla Bozulich porque es un poco más experimental e igual menos conocida, porque tampoco tenemos un gran presupuesto... no tenemos casi ayudas de ningún tipo.

¿Qué diferencia a este festival de cualquier otro?

El ambiente que se crea allí dentro. No hay escenario y los músicos tocan ahí en el suelo y las instalaciones tienen que ser a prueba de bomba porque no son instalaciones artísticas al uso y la gente puede usarlas. Hay unas cabinas hechas con bidones y la gente se puede meter ahí y hacer lo que se les ocurra y yo qué sé.

Ya tengo una definición para el festival: espacio íntimo para experimentar con el arte.

No está mal, pero con el sentido amplio de la palabra arte. Pero sí, se crea un espacio íntimo dentro del tanque. Sí, es verdad, es intimidad con el público y los músicos. Está muy bien, me gusta.

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