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El patriarca de los Pelayos: cine, sexo y caballos

El rey de los casinos es el último cineasta underground.

Fernando Bernal

Aquí en España es Gonzalo el de los Pelayos, el de los casinos. Su historia de triunfo en las ruletas dio hasta para una película. Pero en Francia es una leyenda: el cineasta del sexo y la religión. Allí le dedican ciclos a sus películas. Él ya hacía cine low cost en la década de los 70, cuando estaba mucho peor visto que ahora (“porque lo que se quería era hacer industria y ese planteamiento mío me expulsó del cine”).

Películas que no vio nadie, pero que revolucionaron las formas de hacer. Eso sí, una revolución totalmente underground, porque nunca tuvo la sensación de que su cine interesara. Con títulos de culto como Vivir en Sevilla -que fue abucheada y pateada-, Frente al mar o Corridas de alegría construyó un filmografía entre el cine experimental, la carne y lo espiritual.

Su nueva película, la sexta y que se estrena ahora, se llama Alegrías de Cádiz y la rodó en tres semanas. Gonzalo García-Pelayo hace cine “muy muy barato”. Prepara dos proyectos con gastos de rodaje previstos de 30.000 euros. Nos recibe en su casa en el momento en que se entera que tendrá que retrasar: el dinero no llega. Hablar de cine le apasiona (“me han hecho pocas entrevistas como director”). Transmite libertad, no le da miedo rodar sin guión y contagia el mismo entusiasmo que sus películas.

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Gonzalo García-Pelayo: Eso ha sido una maravilla y un sueño. Yo me fui a Francia a intentar estudiar cine, aunque luego no pude ingresar en la escuela...

¿En qué año?

Era 1965. Pasé allí dos años, hasta los albores del 68 y ya se veía el ambiente caldeado. Soñaba con algún día volver y enseñar allí mi película, pero no aparecer en la portada de Le Monde. Es algo insólito. Puede que tenga algo que ver con la suerte, que ese día tampoco hubiera nada importante que reseñar. La suerte tiene mucha influencia

En tu vida, desde luego.

En la mía y en la de toda la gente. Lo que pasa es que yo he sabido detectarla. Pero todo el mundo la tiene. Ahora no está de moda hablar de la suerte, está mal visto.

Vuelves a España y ruedas tu primera película en 1975, todavía con Franco vivo.

Se estaba abriendo la cosa un poco, era la primera época del 'destape'. Y eso me permitió meter en Manuela escenas más fuertes, aunque hay censura y me la recortan. Mientras la gente estaba haciendo fila para ver el cadáver de Franco yo iba camino a montar mi película en noviembre de 1975. Fue algo impactante meterme en la sala de montaje cuando la calle estaba como estaba, con esa inquietud que había. La película se estrena a comienzos del año siguiente.

¿Y ya empiezas a darle vueltas al sexo y a la religión?

Sí, como en todas está presente el sexo y también un cierto sentido religioso, pero no adherido a ninguna religión en particular. El sexo tomado como una ceremonia que tiene valor religioso siempre me ha gustado. Apenas hay bromas en las escenas de sexo de mis películas, yo lo veo en otras y no me parece mal, pero no soy capaz de bromear con algo que me parece que tiene un valor. En mi última película también está presente esa carga de sexo, que no pude llevar más allá porque las actrices no me dejaron (risas). Y en una de mis próximas lo estará, se llama Copla y que espero hacerla por fin en septiembre. Cada copla me parece un ritual religioso en el que se dicen cosas muy hondas, para mi son puro Shakespeare, y mucha entrega física.

Decías que tus primeras películas coinciden con el 'destape'. ¿Te ayudó eso?

Por supuesto, en mi primera película ya puedo meter algo de sexo, y luego en seguida que termina la censura lo que hago ya es entrar a saco en una película llena de sexo como es Vivir en Sevilla (1978). Que tampoco le vale para ser comercial, fue abucheada y pateada. Pero es para mí clave, porque es la primera vez que tengo la libertad total. El tema principal es el sexo, pero aparece mezclado con cuestiones políticas.

Le dieron palos en el estreno y ahora está considerada una película de culto.

Desde luego. He podido hacer Alegrías de Cádiz (2013) por esa película. Es la que ha desencadenado la recuperación. Y la que ha hecho que llevaran el resto de mis películas a París, a Viena o al Festival de Sevilla. El otro día pasó de 400.000 visitas en internet, más de 3.000 visitas diarias, para una película que tiene 35 años... Me ha pillado desprevenido, y fue la que empezó todo esto, porque uno de los críticos de la revista Lumière la vota como una de las diez mejores películas de la historia. No del cine andaluz, ni del cine español. Nadie se había preocupado de hacer análisis de mis películas, y ahora hay gente estudiándola en las universidades, haciendo trabajos. El mío es un caso curioso, en Libèration llegaron a decir que cuando proyectaron mis películas en el Festival de Viena pensaban que era un fake. Nadie sabía nada de mí. Y luego ya vieron que el director andaba por allí y que se pasaban las películas.

Es la gente joven la que te reivindica, ¿te interesa algo del cine que hacen ellos?

Yo tengo más edad y me gustaría ser ahora joven como ellos. Me ha gustado mucho Costa da Morte, de Lois Patiño, que enlaza con el cine de Flaherty y del primer Murnau. Y luego me ha sorprendido mucho El Futuro, de Luis López Carrasco, que me ha parecido más valiente que cualquiera de las mías. Fuera del contexto y sin red, llena de juventud. Con un gran uso del sonido.

Y una banda sonora con canciones de la Movida nada conocidas.

Me sorprendió porque son de un momento en el que yo estaba muy implicado en la música (fue productor de Triana, Lole y Manuel o María Jiménez) y es un trabajo de archivero que deja testimonio. En mis películas las canciones van por delante. En El Futuro pasa igual, las canciones y sus letras tienen mucha implicación en lo que se cuenta.

Cine, música y por supuesto el juego. ¿En qué andas ahora?

Sigo con Internet y con apuestas. Ahora mismo lo mío es cine y apuestas. Me proponen cosas de música, pero tengo que aislarme porque ya tengo suficiente. Mi objetivo es que mi familia funcione y coma con el juego, como lo ha hecho siempre. Antes decía que era “jugador profesional” ahora ya digo “director de cine”. Pero son las dos cosas. Con el cine me conformo con que no me cueste dinero.

¿Y a qué apuestas?

Fundamentalmente carreras de caballos en Inglaterra. Y estoy contento. Me gusta y me divierte. Cuando no tengo mucho que hacer le dedico bastante tiempo. Unas siete horas al día, a lo que luego hay que sumar las reuniones técnicas y la planificación de una estructura solvente. El dinero empieza animarse a jugar en apuestas deportivas. Yo acabo de terminar un año de carreras de caballos con el sistema actual, y ahora estoy cerrando el ejercicio. Han sido 11.500 carreras, hemos ganado 9 meses y perdido 3. Y el objetivo es solo perder uno.

¿Mantiene tu negocio la estructura familiar?

Sí, ya con el tema de la ruleta estaban implicados mis hijos. Y ahora el más pequeño es el que me ayuda en la investigación, además de un equipo de gente: informáticos e ingenieros que tienen conocimientos matemáticos, de probabilidad y de grandes bases de datos. Yo como mucho llego a manejar con errores un Excel.