
Jean-Pierre Girard en uniforme de trabajo y fardando de forma física.stras. He estado frotando a conciencia esta brocheta metálica durante más de 25 minutos y sigue sin querer doblarse. Estoy haciendo todo lo que mi maestro doblador de metales, Jean-Pierre Girard, me ha indicado que haga: vestido de verde, acaricio suavemente la barra y concentro toda mi energía mental en hacer que se curve. Aun así, por mucho que lo intente, este tozudo trozo de acero sigue obedeciendo las leyes de la física. Me encuentro sentado en casa de mis abuelos al día siguiente de asistir al seminario de dos días de Jean-Pierre, y estoy empezando a lamentar haber pagado 295 dólares para descubrir los ocultos poderes telequinéticos de mi cerebro.
Publicidad
Publicidad

Publicidad


Publicidad
Publicidad


Publicidad