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Cultura

Tener menopausia a los 20 o los 30 es una mierda

​Los sofocos y los sudores nocturnos son terribles, en el mejor de los casos, pero imagínate sufrirlos a los 28.
21 Septiembre 2015, 3:00am

Foto por Claudia Guariglia vía Stocksy

Este artículo fue publicado originalmente en Broadly, nuestra plataforma dedicada a las mujeres

«Me siento acomplejada de mi sudor. Ahora tengo que pensar bien qué ropa ponerme. Un día imaginé que no pasaría nada si me ponía una camiseta gris claro para ir al trabajo, pero fue un verdadero desastre. Los sofocos son una locura: aparecen de repente, en cualquier momento y me dejan empapada de sudor».

Sophie tiene 31 años. Trabaja como productora de televisión en una agencia de publicidad de Inglaterra. Como muchos jóvenes profesionales, entre sus prioridades está su trayectoria profesional, pagar la hipoteca y tal vez casarse, un día. No había planeado añadir la menopausia a esa lista.

Sophie sufre una endometriosis grave. Su endometrio –las células que revisten el interior del útero- se ha desplazado y se le desarrolla en otras partes del cuerpo. En su caso, en los intestinos. Estas células siguen su ciclo menstrual, se forman y luego se destruyen, provocando el sangrado. Pero a diferencia de lo que ocurre con las células normales que se desprenden durante la menstruación, estas no tienen una vía de evacuación, por lo que la sangre acumulada provoca dolor crónico, periodos muy profusos, inflamación y la formación de tejido cicatricial.

Retirar ese exceso de células endometriales requería una intervención para la cual Sophie debía recibir una dosis de Zoladex, una hormona artificial que se utiliza para interrumpir la menstruación durante tres meses. De esta forma, no se produce tanto sangrado y resulta más fácil trabajar en el endometrio.

Me hicieron análisis de sangre y me dijeron, "Bueno, tienes la menopausia. Ya está. No podemos hacer nada. Andando"

Al tener disminuida la producción de estrógenos y suprimidos sus periodos menstruales, Sophie entró en una menopausia química temporal. Sufre sofocos, sudores nocturnos, disminución de la libido y alteración del sueño. Afortunadamente, hay una luz al final de este túnel de insomnio, sudores y falta de apetito sexual: los efectos del Zoladex desaparecerán a los tres meses. Si todo va bien durante la operación, en unos meses volverá al día a día propio de una chica de 30 años.

Sophie es una de las afortunadas. Dejando de lado el dolor crónico y la propia intervención, su menopausia prematura es totalmente reversible. Lamentablemente, el caso de Emma*, una profesora de Hertfordshire, es menos afortunado.

Sofocos, sudores nocturnos y descenso de la libido son algunos de los efectos secundarios de la menopausia prematura. Foto por Simone Becchetti vía Stocksy

«Tenía 28 años cuando me lo diagnosticaron. Por aquel entonces tenía novio y llevaba un tiempo tomando la píldora. Decidí dejarla porque me parecía que la había estado tomando demasiado tiempo y porque quizá en algún momento querría tener hijos. Pero en seis meses solo tuve dos menstruaciones, así que fui al médico. La primera vez que fui, me dijeron, "No te preocupes, no es nada, se te regulará sola". Unos meses después, volví. Me hicieron análisis de sangre y me dijeron, "Bueno, tienes la menopausia. Ya está. No podemos hacer nada. Andando"».

Las causas de la menopausia prematura –también denominada insuficiencia ovárica prematura (IOP)- se clasifican en dos categorías: primarias y secundarias. Entre las secundarias se encuentra la menopausia inducida químicamente, como el caso de Sophia, y la menopausia quirúrgica, con la que se retiran los ovarios y/o el útero como parte de un tratamiento contra el cáncer o por una infección, como las paperas. Las causas primarias son las más preocupantes. Algunas son muy claras, como posibles anomalías cromosómicas (síndrome de Turner) o enfermedades autoinmunes. Sin embargo, la inmensa mayoría resultan inexplicables.

«No hay causas conocidas, ni antecedentes familiares. Yo nunca había oído hablar de ello y ellos siguen sin saber qué lo ha provocado».

El Dr. Euan Kevelighan, obstetra y ginecólogo de Swansea (Gales), confirmó que la menopausia prematura es muy poco frecuente y sus causas son difíciles de determinar. «No vemos tantos casos. La causa más común es que lo desconocemos. Lo llamamos "idiopático" o desconocido».

El caso de Emma es un ejemplo perfecto de este territorio tan poco definido e investigado: «No hay causas conocidas, ni antecedentes familiares», afirma. «Yo nunca había oído hablar de ello y ellos siguen sin saber qué lo ha provocado».

Además de su naturaleza idiopática, la menopausia prematura tiene efectos secundarios más acentuados que los que acompañan a la menopausia natural. Como el cuerpo produce muchos menos estrógenos, el riesgo de sufrir osteoporosis es más elevado. En palabras del Dr. Kevelighan: «Una mujer de veintitantos que deja de tener el periodo tendrá los huesos de una de 70 cuando llegue a los 40, porque irá perdiendo densidad ósea todos los años».

«Fue horrible», recuerda Emma. «Sobre todo por lo pesimista que fue la doctora. Recuerdo que me puse a llorar y me dijo, "No sé por que lloras, si no es tan malo. Puedes recurrir a la donación de óvulos. Lo único de lo que debes preocuparte es de la osteoporosis"».

La falta de estrógenos también aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. El Dr. Kevelighan señaló la importancia de los tratamientos hormonales para minimizar el riesgo. «Es importante que las mujeres con IOP reciban diagnóstico y tratamiento, que suele consistir en una terapia de reemplazo hormonal, una combinación de estrógenos y progesterona administrada de forma cíclica para provocar un sangrado de retiro. Otra opción es la píldora anticonceptiva combinada, que también contiene estrógenos y progesterona. De esta forma se reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares».

Ahí radica la mayor ironía de la menopausia prematura: el uso de la píldora anticonceptiva para tratar a una mujer infértil.

Probablemente, el efecto secundario más doloroso de la menopausia prematura sea la infertilidad, el hecho de que te arrebaten la posibilidad de tener hijos antes siquiera de que te lo hayas planteado. Resulta difícil lidiar con ello cuando sufres el peor síndrome premenstrual de tu vida.

«Sufres constantes cambios radicales de humor mientras intentas asimilar un golpe muy duro psicológicamente (la infertilidad)», explica Emma.

Te sientes como si alguien hubiera muerto. Sé por mi experiencia y la de otras personas con las que he hablado que cuesta unos dos años llegar a asimilarlo.

Emma compara la experiencia con un duelo. «Te sientes como si alguien hubiera muerto. Sé por mi experiencia y la de otras personas con las que he hablado que cuesta unos dos años llegar a asimilarlo. Es casi como pasar por las distintas etapas del duelo».

La menopausia natural está marcada por el estigma. Suzanne Moore se hace eco de este rechazo público de la menstruación en un artículo que escribió para la revista británica New Statesman, titulado «There Won't Be Blood» (no habrá sangre): «Las mujeres se secan. La juventud es humedad, frescura, hidratación. Las mujeres maduras son cascarones con la piel áspera y paredes vaginales cada vez más débiles. Y la causa de esta maldición es hormonal: los estrógenos».

Esa percepción que se tiene de una mujer en sus casi cincuenta que ha llegado a la menopausia –un rito de transición común a todas nosotras-, sitúa a las que sufren menopausia prematura en la categoría de anomalías aisladas.

A Emma le resultó muy duro informar a los demás de su enfermedad. «Cuando me lo diagnosticaron, simplemente dijeron "menopausia prematura", y lo duro es que la gente asocia esas palabras con la idea de ser "vieja". Se piensan que vas a empezar a envejecer delante de sus narices».

Traducción por Mario Abad.