Así funciona el negocio de los castings porno en España
Sexo

Así funciona el negocio de los castings porno en España

Los miles de vídeos "amateur" son el gran chollo para las productoras, que suelen contar con el chico de forma gratuita y pagan entre 200 y 400 a la chica por una escena.
13.5.16

Una imagen del "casting" de Aitor y Briseida. Todas las fotografías cortesía de FAKings.com

El porno siempre va por delante de la sociedad. Sabe lo que nos gusta antes de que lo hayamos pensado e invierte en I+D como si fuera una multinacional farmacéutica. Sólo hay que ver cómo ha evolucionado en los últimos años, impregnándose de los hábitos contemporáneos con una audacia mayor que el sistema educativo, las compañías de taxis o los asesores políticos

En poco tiempo hemos pasado de aquellas películas con vago argumento, música de violín y gemidos en off, al sexo explícito en habitaciones diáfanas o, finalmente, a la cámara en mano en dormitorios de estudiantes. Hasta llegar a los vídeos en 3D con panorámicas de 180 grados que pueden encontrarse ahora, en los que este tipo de cine es pionero. Casi nada.

Publicidad

Si miramos los intereses patrios a la hora de pinchar en el maremágnum de etiquetas de las páginas porno, aparece un ranking encabezado por "españolas", "teen", "anal" o "casting" entre los diez primeros puestos, según los datos de 2015 proporcionados por la web Pornhub.

Correo del contacto inicial entre la pareja protagonista de esta historia y FAKings.com

Quitando esa preferencia nacional de hallar un placer onanista observando a nuestros paisanos, las escenas de gente desvirgándose en este sector son de las más visitadas. Un tirón que las productoras han sabido aprovechar con una estrategia de marketing insuperable: pagan entre 200 y 400 euros a la chica, dependiendo de lo que haga, y, en general, nada o mucho menos al chico. Total, a los hombres les basta con que la chica les salga gratis, deben de pensar.

A ellas se les paga entre 250, el minimísimo, y 400 euros. A ellos se les paga solo si eyaculan. Entre 150 y 200 euros. Si no, nada

Una cantidad irrisoria para la factura millonaria presumiblemente de estas páginas, aunque tampoco existen datos publicados de sus beneficios. Cumlouder, la primera web de contenidos porno en España y quinta mundial, recibe, según su jefe de contenidos, Daniel Casado, 18 millones de visitas a diario. Marca insigne de Nacho Vidal, que fichó por ellos hace unos meses, y de una nueva ola de actrices españolas. La compañía funciona más o menos como el resto de la industria: anuncio, llamadas de curiosos y una oferta con resultados más que lucrativos. "Nos contactan por un formulario digital. No hacemos realmente un formato de casting, pero sí que aceptamos chicas y, si hay una posibilidad excepcional, algún chico. Aunque tenemos nuestra propia plantilla", indica Casado. "A ellas se les paga entre 250, el minimísimo, y 400 euros. A ellos se les paga solo si eyaculan. Entre 150 y 200 euros. Si no, nada", argumenta. "El concepto gratis no existe: la gente hace un trabajo y se le paga".

Además, los asistentes reciben información sobre lo que van a hacer, deben llevar resultados de una analítica para esquivar las enfermedades de transmisión sexual, firman un contrato de derechos de imagen y, si hay disposición por ambas partes, pueden optar a más posibilidades de trabajo: webcam, nuevas escenas…

Publicidad

Condiciones similares a las que tenía Torbe, "el rey del porno", recientemente detenido por presuntos abusos a menores, difusión de pornografía infantil y trata de seres humanos. En su portal, PutaLocura.com, explicaba con detalle el modus operandi, similar al de Cumlouder. "¿Quieres ser actriz porno?", preguntaba. "Por fin, un lugar donde conseguir trabajo", respondía.

En este apartado detallaba cómo "se paga desde el primer día" sin aclarar cuánto. "El dinero que se gane dependerá de varios factores: del resultado de la primera entrevista personal, del físico y de la manera de trabajar", adelantaba. "Lo que te vamos a ofrecer serán lotes que pueden ser de 3, 5, 10 o 20 escenas. Sumándolas todas puedes sacarte fácilmente varios miles de euros. También asesoramos gratuitamente si se quiere trabajar en el extranjero y, además, podemos ayudaros a encontrar trabajo en otras productoras amigas".

FAKings es una de esas productoras. La que completa el tridente del panorama español. En sus oficinas, Arnaldo Chamorro, dueño y fundador de 34 años, atiende sentado a horcajadas enfrente de una pantalla de ordenador. Lleva desde 2002 en el mundo del porno y seis con esta compañía, que registra 360.000 visitas al día. "Aparte, tenemos unas 40 personas que hacen webcams", nos cuenta.

Esta tarde recibe a una pareja que se presta a mostrar en público cómo se lo montan en la intimidad. El proceso que han seguido hasta llegar aquí es el mismo que en los casos anteriores. Vienen desde Sevilla y cobrarán "entre 250 y 300 euros, gastos de viaje aparte". En total, cada escena colgada en la web calcula que les cuesta unos 1.000 euros.

Noa y Tomi, los actores de FAKings

Son Aitor y Briseida, de 30 y 26 años. Les acompañan Noa y Tomi, veteranos en el arte de copular frente a una cámara. "Llevamos nueve años de pareja. A mí siempre me ha gustado exhibirme y estoy deseando empezar", suelta Aitor. ¿Y las consecuencias? ¿Pasar a formar parte de un archivo eterno al que se tiene acceso desde prácticamente el mundo entero? "Nos da igual. Estamos para disfrutar", afirman después de pegarse una ducha y elegir vestido y ropa interior.

Las órdenes de Arnaldo son sencillas. Este casting fingido empezará con una supuesta sorpresa de una novia a su chico por su cumpleaños. ¿Cuál? Ver en vivo a sus ídolos de la fornicación.

El casting de Aitor y Briseida junto a Tomi y Noa

Para el rodaje, dos planos fijos gracias a dos trípodes escondidos detrás de un biombo de Ikea y un operario moviéndose en calcetines entre las posturas de las parejas. Incertidumbre, silencio y algún que otro suspiro precede al grito de "¡grabando!".

"Nosotros lo llevamos tremendamente bien. Al principio también nos daba un poco de vergüenza", cuenta Noa, de 30 años, pasado de camarera y actual actriz con nueve años de experiencia y un negocio repartido entre webcams, teléfono erótico y canal de pago. "Me ofrecen otra cosa ahora y no lo quiero", dice orgullosa.

Publicidad

"Si ves que no se te levanta, no te rayes. Está todo aquí", aconseja Arnaldo tocándose la cabeza. "Os bajáis a la puerta, llamáis y empezamos a grabar. Cuando ya esté el tema en pleno auge, cada uno a un lado de la cama", apunta.

Presentación inicial, fascinación fingida por parte de él y acción. Noa y Tomi inician el espectáculo. Cunnilingus, felación y primeras embestidas frontales. Mientras, la pareja del casting se magrea en el sillón. Se desnudan prosaicamente y terminan como estaba previsto: follando sin tregua a lo perrito. Cada chasquido, cremallera o pisada se escucha como si el inmueble entero estuviese deshabitado. Al acabar, la valoración general pasa el aprobado.

Haber estado a unos centímetros de la succión de un coño hace que uno recuerde líneas de La ceremonia del porno, de Andrés Barba y Javier Montes: "Es imposible no sentirse profundamente perturbado, en lo más hondo de uno mismo, al ver porno. No es cierto, claro, que todo el porno resulta para todos igualmente turbador y misterioso; pero sí que para todo el mundo hay cierto porno profundamente conmovedor. La experiencia pornográfica es irregular, discontinua y variable. En un sentido profundo —más allá de convenciones sociales más o menos restrictivas y sucesivamente obsoletas— el porno sigue siendo incómodo, como poco".

Casi ninguna lo hace por dinero. Esto es otra cosa

Un rastreo rápido por internet emite, además de páginas con contenidos como el que acabamos de presenciar, decenas de anuncios con el mismo reclamo: Se buscan actrices para casting. Ninguno contesta a los tonos de llamada. Uno de ellos precisa: "Negocio serio. No es casting".

Al parecer, en todo este tinglado subyace una base sociológica medianamente sólida. Según el mismo informe de PornHub, el 74% de los espectadores son del sexo masculino; pasan una media de ocho minutos y cuatro segundos frente a cada escena y la edad ponderada es de 35,3 años. Ingredientes suficientes para obtener dicho percal. Y al que habría que regar con un chorro de crisis financiera y una pizca de apertura moral para complementarlo, aunque Arnaldo Chamorro deseche la necesidad económica como factor en boga. "No es que no haya influido, pero casi ninguna lo hace por dinero. Esto es otra cosa".