Identidad

Vagina colgante: qué pasa cuando tu vagina se cae de tu cuerpo

“Prolapso uterino” suena horripilante, pero es mucho más común de lo que piensas.
27.7.16
vagina colgante
Photo by Flickr user David DeHetre

En 2009, una mujer estadounidense provocó que un escalofrío recorriera las espaldas de numerosas mujerescon una historia que publicó en el hoy desaparecido sitio web MomLogic.com: su vagina, según escribió, se había caído y ahora colgaba fuera de su cuerpo.

Cuando habían transcurrido unas diez semanas del segundo embarazo de su hijo, sintió como si "alguien le hubiera incrustado un tenedor por el culo". Estuvo 15 semanas estreñida y sangrando, como si estuviera perpetuamente en su primer día de regla. Después de dar a luz a su hijo, que fue prematuro aunque nació sano, un día al ir al lavabo notó que "ahí abajo en realidad no había un agujero, la sensación al tacto era como plana". Era como si algo bloqueara su canal vaginal. Más tarde aquel mismo año observó algo incluso más perturbador: "Era como si mi interior estuviera fuera, saliendo de mí". Presa del pánico, Henry acudió al médico y le dijo "¡Mi vagina se me está saliendo del cuerpo!". Porque esa es exactamente la sensación que tenía.

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Tras una apendectomía de urgencia (que provocó gangrena), una vejiga sin torsión, más operaciones, suturas que le provocaron otra infección, una histerectomía completa y, finalmente, una vagina y unos labios nuevos quirúrgicamente confeccionados, Henry salió del hospital sana y salva, con la "vagina de una treceañera virgen".

Aunque "¡mi vagina se me está saliendo del cuerpo!" suena fascinante —y horripilante—, el término médico para lo que le sucedió a Henry es "prolapso uterino completo". "En general, el prolapso de los órganos pélvicos es una hernia de los órganos pélvicos hacia las paredes vaginales o más allá de ellas", explica la Dra. Jessica Schneider, obstetra y ginecóloga residente en Los Angeles. "Con el prolapso, el apoyo se reduce y los órganos acaban empujando hacia adentrarse en la vagina".

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Si te apetece buscarlo en Google, buena suerte. Foto por Natalie Jeffcott vía Stocksy

¿Cómo puede suceder algo así? Básicamente, todos los órganos vitales situados en la región pélvica se sostienen en su lugar gracias a los músculos y los tejidos de la parte inferior del vientre. Durante el embarazo y el parto, esas zonas se debilitan gracias a la tensión provocada por el peso que soporta el útero y, si no recuperan su fuerza adecuadamente, pueden provocar que el útero, la vejiga, el recto e incluso el intestino delgado se vengan abajo, causando lo que se conoce como prolapso. Conforme los músculos se debilitan, el órgano se desplaza hasta el mismo plano que la vagina o el canal anal y finalmente se desliza hasta el exterior del cuerpo, envuelto en dicho canal hasta que es expulsado por la abertura correspondiente. Es como si parieras tu propio útero.

No todos los casos son tan extremos como el de Henry y esta afección no es tan poco frecuente como podrías imaginar; según un estudio publicado en el diario Menopause ("Menopausia"), al menos un 50% de todas las mujeres experimenta algún tipo de prolapso genital después del embarazo. Piénsalo en términos realistas: cuando llevas por ahí un bebé de 4 kilos dentro del útero y después empujas para sacarlo por una abertura del tamaño de un albaricoque pequeño, es probable que se produzca algún tipo de traumatismo. Pero rara vez se habla de este tema fuera del círculo de la comunidad médica.

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"Creo que una de las más importantes ideas incorrectas que hay en torno al tema es que puedes prevenir el prolapso sometiéndote a una cesárea en lugar de dar a luz mediante parto natural", afirma la Dra. Schneider. Y es que el parto no es necesariamente el problema: simplemente estar embarazada ya somete a tensión a la pelvis y puede provocar un prolapso.

Es como si parieras a tu propio útero

Según la Dra. Schneider, los prolapsos aparecen con diversos niveles de gravedad, dependiendo de la distancia hasta la que se hayan desplazado los órganos. "Algunas mujeres se quejan de que notan algo o tienen un bulto en la vagina", afirma la Dra. Schneider. "En función del órgano que esté cayendo se tratará de una disfunción urinaria, sexual o intestinal". Algunas mujeres solo notan síntomas en determinadas posturas, mientras que otras experimentan un rápido aumento del dolor o el malestar y afirman que la cosa empeora conforme avanza el día. Solo en los casos más extremos de prolapso, como el de Henry, puede verse realmente el útero sobresalir por la abertura de la vagina.

Normalmente no hay que preocuparse por que se puedan producir daños permanentes; los médicos pueden revertir los prolapsos con herramientas como suturas, paredes de malla, pesarios (una herramienta extraíble que se inserta en la vagina para dar soporte a los órganos) y ejercicios. Sin embargo, el riesgo de sufrir algún tipo de prolapso pélvico —del útero, la vejiga o el recto— aumenta con la edad, el peso y el historial familiar.

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vía Wikimedia Commons

Aunque el prolapso no pone en riesgo la vida de quien lo padece, provoca molestias y dolor físico además de trauma psicológico. ¿Cómo te sentirías si tus genitales de pronto tuvieran un aspecto, un tacto y un comportamiento completamente diferentes?

"Es difícil para todas saber algo sobre nuestros cuerpos y creer que solo es temporal", indica Jessica Zucker, psicóloga clínica residente en Beverly Hills que está especializada en la salud mental reproductiva y maternal de las mujeres. "A menudo damos por sentada la normalidad de nuestros genitales. Lo que escucho de las mujeres es que los prolapsos pueden ser psicológicamente angustiantes. Conllevan autoculpabilidad, pudor y vergüenza. Pueden frenar en seco el interés sexual. Justo después de tener un bebé es posible que no te sientas sexy de todas formas, y un prolapso puede añadir más leña al fuego".

"Muchas mujeres se sienten cohibidas, incómodas dentro de su piel, experimentan dolor físico y también experimentan problemas con respecto a la intimidad sexual", continúa Zucker. "El cuerpo que tuvieron una vez ya no existe como tal, al menos por ahora, y eso puede resultar aterrador. Las mujeres temen no volver nunca a ser las de antes, no volver a tener un cuerpo que en su día les resultaba cómodo pero ya no. Temen sufrir daños permanentes y una vida de cohibición en lo relativo a la sexualidad y a todo lo demás".

Pero esta es la realidad del cuerpo femenino: cambia con la edad y con la experiencia. "Los cuerpos de las mujeres pueden ser artífices de procesos asombrosos, pueden crear y dar vida, pero también hay muchas cosas que pueden suceder a nuestros cuerpos en el proceso", afirma la Dra. Zucker. "Cuanto más hablemos de cosas como esta, menos vergüenza existirá en torno a ellas".