Escapé de Siria pero no puedo escapar de la burocracia europea
Nuevos vecinos

Escapé de Siria pero no puedo escapar de la burocracia europea

Los refugiados tienen derecho a manifestar su opinión o estado de ánimo. Obviamente, me siento agradecido por estar a salvo, pero mi familia no lo está. Hay gente que ayuda, pero son principalmente ciudadanos de Ámsterdam, no miembros de ONG.
29 Mayo 2017, 7:00am

Este artículo es parte de nuestra serie Nuevos Vecinos, en la que jóvenes refugiados de toda Europa colaboran con nosotros como editores invitados. Puedes leer la carta de la editora aquí.


Mohab* es un refugiado sirio de 19 años. Creció en la ciudad de Hama y llegó a Holanda el pasado año.

Aquí estoy, en Ámsterdam, aprendiendo holandés e intentando encontrar mi lugar. Mis padres siguen en Siria, en la ciudad de Hama. Lo han arriesgado todo y han decidido quedarse para que mi hermano y yo podamos tener un futuro, pero yo no soy capaz de seguir adelante con mi vida. Mi vida estaba en Hama, donde están mi instituto, mis amigos y mi familia. Me entristece mucho pensar en ello, pese a que ahora estoy a salvo y cómodo aquí.

La ciudad de Hama es conocida por las manifestaciones y las masacres de 1982. Pero también es mi ciudad natal y guardo muy buenos recuerdos de ella. Mi hermano es menor de edad y ahora está en Suecia. Hemos solicitado un visado de "reencuentro familiar" para que mis padres puedan ir con él, pero el trámite es mucho más complicado de lo necesario. Para poder entrar en el país, mis padres deben acudir a una embajada sueca para ser entrevistados. Obviamente, ahora no hay ninguna embajada sueca en Siria ni en la mayoría de los países vecinos. Mis padres tendrían que viajar a Turquía, y todo el mundo sabe que viajar al norte tal como están las cosas ahora es muy peligroso. Son ya mayores y no tienen mucho dinero, con lo que las posibilidades de que murieran por el camino son enormes.

La semana pasada nos enteramos de que en Sudán hay una embajada de Suecia en la que quizá podrían obtener un visado. Pero incluso si lograran viajar hasta allí y superar todo el proceso, tendrían que esperar mucho tiempo hasta saber si finalmente les conceden el permiso de residencia. Los alquileres en Sudán están por las nubes, por lo que mis padres tendrían que viajar hasta allí para hacer la entrevista y luego regresar a Siria y esperar una respuesta. Es muy injusto. Mis padres son mayores. Deberían tener más facilidades para viajar a Europa.

Yo tuve que huir de mi país cuando apenas tenía 18 años. Había terminado el instituto y estaba muy orgulloso por ello. Me había ido muy bien; tuve que trabajar mucho para sacar tan buenas notas, pero lo conseguí. Pero estaba a punto de alcanzar la mayoría de edad y, en aquella época, el ejército llamaba a filas a cualquiera que fuera capaz de combatir. Mi madre no estaba dispuesta a permitirlo e hizo todo cuanto pudo para sacarnos del país. Vendieron nuestra casa y con el dinero que obtuvieron nos sacaron del país.

Haría lo que fuera por ayudar a mis padres, así que en cuanto obtuve mi permiso, fui a una ONG que ayuda a refugiados aquí, en Holanda, para ver si podían ayudarme a rellenar la solicitud de reencuentro familiar, pero no me ayudaron. Uno de los empleados incluso me dijo: "No nos hagas perder el tiempo; no eres menor de edad, así que no tienes ninguna posibilidad. A veces la vida es así de cruel".

Decidí no hacer caso a lo que me decían y seguir intentándolo. Ahora estoy esperando que rechacen mi solicitud para recurrirla con un abogado. A ver si de esta manera consigo que un juez escuche mi historia. No es justo que mis padres no puedan venir porque yo sea mayor de edad y que, en cambio, se me considere menor de edad para obtener las ayudas que dan a otros refugiados.

Yo fui uno de los pocos refugiados del campo que se quejó de lo mucho que tuvimos que estar retenidos allí. No entendía por qué nadie decía nada y se limitaba a matar el rato. Tenemos derecho a decir qué pensamos o cómo nos sentimos. Por supuesto que me sentía agradecido por estar a salvo, pero nuestras familias no lo estaban, y algunas siguen sin estarlo. La vida en el campo era muy difícil: no teníamos dinero y nada que hacer sino esperar. Hubo gente que nos ayudó, pero la mayoría eran ciudadanos de Ámsterdam, no miembros de ONG.

Lo único que quiero ahora es que mis padres estén a salvo y ayudar a los demás. Solo entonces podré relajarme y empezar a planificar el futuro.

Muchos hombres de desesperaron y perdieron la paciencia por la larga espera. Algunos tenían dinero, pero los que no, no dormían ni comían. Los que fumaban tenían que pedir dinero para poder comprarse tabaco. Nos advertían de que no robáramos ni hiciéramos nada malo durante la espera, porque podría significar perder automáticamente la oportunidad de obtener el visado. Por eso nadie se quejaba. Algunos hablamos inglés y pudimos hacer más que el resto, como empezar clases de holandés, pero al resto de refugiados no se les permitía hacer nada más que intentar contactar con sus familias. No puedo entenderlo.

Decidí que había que hacer algo al respecto y se me ocurrió crear una aplicación para ayudar a los refugiados a solicitar el visado. En internet hay mucha información, pero está repartida por un montón de sitios web, y no existe ningún lugar en el que esté toda reunida. Así que compilé toda la información y la incluí en una aplicación para smartphone llamada RefInfo, de forma que los refugiados que hablan árabe e inglés sepan cuáles son los primeros pasos y qué trámites deben realizar para poder aprender holandés. La están usando muchos refugiados y ahora estoy intentando que se traduzca al tigrinya para los refugiados de Eritrea. Lo único que quiero ahora es que mis padres estén a salvo y ayudar a los demás. Solo entonces podré relajarme y empezar a planificar el futuro.

Firma aquí la petición de la ACNUR urgiendo a los gobiernos a asegurarles un futuro seguro a los refugiados.

Puedes ayudar a Mohab y a otros refugiados que se encuentran en Holanda a través de la ONG Stichting Vluchteling.