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El Tour de France: La prueba más difícil para un ciclista

El ciclismo es uno de los deportes más difíciles, y compitiendo en el Tour de France, siempre se sufre.
18.7.16
Foto por Flowizm​ vía Flickr

Thomas Vockler entró a la meta tragando aire. Desesperado, con la cara como un jitomate y vestido de amarillo. Su último esfuerzo fue levantar y agitar su puño, luego, su pecho se empezó a agitar violentamente, necesitaba oxígeno. El Col du Galibier es un devorador de ciclistas.

En la mañana de aquel 21 de julio de 2011 —como ya había sido desde hace 10 días— los 'especialistas' pronosticaban que el ciclista francés perdería el suéter de líder del Tour de Francia. Todas esas jornadas que Vockler se mantuvo como el mejor, tienen un calificativo: sufrimiento.

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"He avanzado mucho en esto del dolor", dijo en alguna ocasión Miguel Indurain, ganador en cinco ocasiones del Tour de Francia. Vockler siempre llegaba a la meta con el ceño fruncido, agitado y todos los días su liderato era una sorpresa. En aquel Tour su equipo Europcar recibió una invitación para participar porque no pertenecía a los equipos élite y se mantuvo con el malliot amarillo por una decena de días. Siempre sufriendo.

"Yo creo que los humanos tenemos un privilegio al poder sufrir. El sufrimiento es gozo", reflexiona Carlos Sastre en charla telefónica. Carlos se hizo un monstruo cuando escaló —montado en su bicicleta Fuji— el Col du Galibier, el Col de la Croix de Fer y el Alpe d'Huez en un mismo día. Aquella etapa 17 del Tour del 2008 le encumbró por realizar uno de los ataques más bestiales a una alta montaña en la última década, catorce kilómetros desde las faldas hasta la cima que estaba a 1,850 metros. Aquella tarde recorrió 210 kilómetros, vistió de amarillo a sus 33 años y así terminaría en los Campos Elíseos en París.

Foto por Pierre Monnier vía Wikimedia Commons

Los ciclistas dicen que sufren en las escaladas de las grandes vueltas, explíquenos ese proceso de tortura al que está sometido un ciclista profesional. "El sufrimiento es una condición mental, el ciclismo es un deporte realmente duro, es muy sacrificado, y para poder conseguir un objetivo tienen que ir unidos la mente y el físico. Si eres capaz de mantener este sufrimiento para poder subir Alpe d'Huez, al final es un gozo. Es una forma de llegar a la satisfacción total", responde Sastre.

Cada edición del Tour, en promedio, los ciclistas que empiezan y terminan toda la ronda queman 105 mil calorías. Pasan lluvia, viento, calor, sofocones intensos de frío, granizo. Es una prueba no de resistencia física, sino de fortaleza mental y emocional.

El laboratorio de Dolor y Genética de la Universidad de McGill detalló en un estudio dirigido por el doctor Jeffrey Mogil, que "el dolor es más que un efecto. Es un sentido, como la visión o el tacto; es una emoción, como la ira o la tristeza; y también es un 'estado de reacción' que obliga a la acción, como el hambre, que te obliga a comer".

Un ejemplo lo miramos en el presente Tour de Francia. El español Alberto Contador se cayó en la primera etapa estrepitosamente, se golpeó en las costillas, se paró y terminó. Al día siguiente volvió a caer. Y así aguantó hasta el noveno día. A cien kilómetros de Andorra decidió decir no continuar. El día de la carrera se levantó con fiebre y lo intentó, pero no pudo más. La anatomía de un ciclista destaca porque son personas muy delgadas, pero con poder en las piernas y una cabeza blindada de hierro para pasar todo y seguir.

"Ganar con sufrimiento se aprecia mucho más", dijo el alemán Marcel Kittel después de llevarse la cuarta etapa del presente Tour de Francia. Las horas después de una carrera no la pasan nada bien. Un documental de Informe Robinson muestra los dolorosos momentos post-stage. En las salas de masajes se oyen quejidos de dolor. Al rodar un día 200 kilómetros, al otro día también y así por más de 20 días seguramente el cuerpo tiene que cobrarlas y muy caro.

Foto por Presser Sports - USA Today Sports

Ánder Izaguirre, escritor español y autor del libro "Plomo en los bolsillos", hace referencia en muchas ocasiones al "dolor", "sufrimiento".

Citas en tu libro al menos un par de ocasiones a Miguel Induráin cuando dijo "he llegado muy lejos en el dolor", le pregunto a Izaguirre en una charla por Skype.

"A mí, me parece casi un misterio eso del dolor, es quizás el núcleo de lo que nos atrae el ciclismo. Tengo la impresión de niño cuando mi padre me llevó a ver el Tour ver pasar a Pedro Delgado con una cara de sufrimiento horrible. Es un dolor al que llega uno voluntariamente, el ciclismo es un deporte que se define en ese punto. Hay estrategias de equipo otras cosas, pero casi siempre se decide en quién es capaz de aguantar más tiempo y más dolor. Es una premisa muy sencilla, pero terrible a la vez. En otros deportes importa más la habilidad, la técnica, la táctica, pero en el ciclismo esto es muy marcado y es un elemento de atracción".

Tyler Hamilton, ex ciclista profesional —quien estuvo envuelto en la red de dopaje de Lance Armstrong-— da una sentencia: "He aquí el secreto: no puedes bloquear el dolor. Tienes que aceptarlo".

¿Cómo defines el dolor en el ciclismo?

Tyler dice: "te presionas hasta el límite absoluto, tus músculos chillan, el corazón te va a explotar, eres capaz de sentir el ácido láctico goteándote en la cara y las manos… entonces te presionas un poco más, y un poco más todavía, y luego ocurren cosas. Unas veces revientas, otras alcanzas el límite y no puedes superarlo; pero en otras lo rebasas y llegas a un lugar en el que el dolor aumenta tanto que desapareces por completo".

Aquel 21 de julio de 2011, cuando Andy Schleck se había escapado para ganar la etapa, las televisoras por fin tendrían la razón, Vockler perdería el suéter amarillo. Y entonces empezó a correr el reloj de meta para certificar los pronósticos.

Pero Thomas superó sus límites y junto con Cadel Evans empezaron a apretar su paso en la montaña, las facciones de Vockler empezaron a descomponerse. Babeó, parecía que lloraba y aceleraba. Los especialistas fracasaron aquel día cuando el francés entró a la meta con la cara roja, tragando aire por la boca y el suéter amarillo un día más con él. Sería el último que lo portaría, no ganó, pero su lección de dolor fue una de las más majestuosas de la última década.