cáscaras literarias

El cuento de Julian Barnes que vaticinó la proeza del Leicester City

Julian Barnes, renombrado escritor inglés, comparte su pasión por la letras con el equipo de futbol de su ciudad natal, el Leicester City.
6.5.16
Foto: Jon Super / Mundo Deportivo

Hace 15 años, el renombrado escritor inglés Julian Barnes, publicó una breve nota editorial en The Observer, en la cual exterioriza una parte de su persona no muy conocida más allá de su natal Inglaterra. En siete párrafos, Barnes describe lo que es ser hincha de un equipo que ha pasado por más desdichas que momentos alegres; uno de tantos equipos que abundan en las segundas y terceras divisiones de las ligas alrededor del mundo, y que mantienen la esperanza de ganar, algún día, —tal vez, su ilusión sirva como una forma de evitar la locura— un campeonato, por más insignificante que sea.

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Jamás leí a un Barnes tan equivocado. Aquel breve bosquejo de su relación amor-sufrimiento con el equipo de su ciudad natal, no puede ser más irrelevante y afortunado, si consideramos que el club del que habla ha estado en boca de todos los aficionados —no sólo del futbol, sino del deporte en general— en los últimos meses por la gesta que consumó hace unos días.

Barnes nació en Leicester, y no en Londres como muchos creen.

De hecho, en la oración inaugural de su "confesión" menciona que su arraigo está en Leicester a pesar de haberse mudado a Londres seis semanas después de haber nacido. "Apoyarlos [a los jugadores del Leicester] desde que tenía cuatro o cinco años fue una forma sentimental de arraigarme a Leicester. Después de un tiempo comienzas a disfrutar lo masoquista que es seguir a un equipo que, si bien le va, no pasa de mitad de tabla; además te sirve de práctica para cuando te toque apoyar a Inglaterra".

El escritor relata que su primera gran desilusión en el futbol fue la final de FA Cup que el Leicester perdió ante el Tottenham en 1961. Partido disputado en Wembley y transmitido, según el escritor, en "blanco y arenoso". Dos goles fueron suficientes para que el cuadro londinense se coronara campeón.

Cuán caprichoso es el destino que nos hizo esperar tantos años para ver al Leicester cobrar venganza ante el Tottenham en la disputa por algo mucho mejor que una FA Cup: el título de la Premier League. Aunque esta vez no se trató de una final directa entre ambos clubes, el Tottenham fue el perseguidor más cercano con posibilidades de arrebatarle la gloria a los Foxes, pero muchas veces en la vida hay sucesos que no pueden ser alterados, y hasta pareciera que siempre han estado ahí, esperando a que lleguemos a ellos.

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Me incluyo en el júbilo colectivo no porque sea seguidor del Leicester, sino porque se vale, de vez en cuando, premiar a la monotonía —deportiva, social, cultural, etc.— con una historia de perseverancia.

Es cierto, siempre que se dan este tipo de hazañas, su proceso tiende a idealizarse, pero pensemos ¿qué suceso histórico no lo ha sido? Después de años de incertidumbre, frustración, indignación, tristeza y todo lo demás que conlleva ser partidario de un equipo que nació con mala estrella, lo único en la menta del aficionado es poder contar a los incrédulos el cómo, cuándo y dónde de su proeza. La emoción es el único ingrediente que se necesita para dejar la objetividad de lado.

En el paraíso, el Leicester gana la FA Cup, pero en la tierra, estamos tranquilamente a mitad de tabla

La revelación más fascinante de Julian Barnes ocurre en el párrafo que cierra su aportación editorial: el escritor inglés se niega a ceder ante la realidad que amenaza año con año privarlo de ver a su equipo campeón —del torneo que sea y cómo sea— pero campeón. "En mi obra me permití alguna vez compensar la carencia de logros del Leicester. En Una historia del mundo en diez capítulos y medio, el Leicester gana la Copa 5-4 en el paraíso luego de remontar en cuatro ocasiones diferentes. Luego, el entrenador de Inglaterra escoge a todo el equipo del Leicester para disputar la Copa del Mundo y le gana a Brasil 4-1 en la final. ¡Es claramente una obra de ficción! En el paraíso, el Leicester gana la FA Cup, pero en la tierra, estamos tranquilamente a mitad de tabla".

Cuando mencioné que jamás había leído a un Barnes tan equivocado, irrelevante y afortunado fue después de haber concluido el párrafo citado. El amor de Barnes por los colores del Leicester —o tal vez la vergüenza de morir algún día sin nada que presumir como fanático del balompié— fue tanto que se sintió obligado a reescribir, en un mundo literario, la historia de su club en el último capítulo de Una historia del mundo en diez capítulos y medio, titulado "El sueño".

El capítulo abre de manera magistral, "Soñé que me despertaba", evocando la erudición literaria y el talento de Barnes, ya que se trata de una referencia, tal vez directa o no tanto, de uno de los clásicos de la literatura universal, La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca. La realidad palpable y la ficción se unen en un "simple" y breve enunciado, similar a lo acontecido el lunes al medio día cuando el Leicester City se coronó campeón de la Premier League luego de que el Tottenham empatara 2-2 ante el Chelsea.

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Dentro del mismo capítulo se narra, a la par de la improbable proeza ficticia de haber conquistado la FA Cup, una serie de eventos que, lamentablemente, nunca llegarán a consumarse como sí lo hizo el Leicester City con el título de la Premier, entre ellos la erradicación del cáncer, el arrepentimiento y la incorporación a la sociedad de los violadores que viven felices para siempre una vez liberados, la eliminación por completo de las armas de destrucción masiva, no más visitas al dentista y, por supuesto, la coronación de Inglaterra por goliza ante Brasil como la campeona del mundo. Definitivamente necesitamos más momentos en la historia como el logrado por los zorros azules, momentos que renuncien a su condición onírica para volverse una realidad.

Me imagino el gesto de satisfacción y alivio en el rostro de Barnes al enterarse que por primera vez podría presumir a sus colegas, amigos y familiares que forma parte de un inmensa minoría campeona del máximo circuito del futbol inglés. Y, mejor aún, no tendrá que recurrir al papel y la tinta para crear algo que ya no necesita ser creado y que esperemos siga dándose con más frecuencia, no sólo en el futbol y el deporte en general, sino en todos los ámbitos.