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de la calle al ring

El sintecho que llegó a ser campeón de boxeo

Tony Moran es un inglés que puede presumir de ganar el campeonato del mundo de peso crucero después de una larga lucha para seguir viviendo.

por Mamen Hidalgo
23 Septiembre 2016, 8:20am

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A Tony Moran le cuesta enseñar los ojos tanto como hablar de su pasado. La línea que delimita sus párpados apenas deja entrever un destello azul claro entre un mar de arrugas. Solo los abre cuando tiene un objetivo al que golpear. A sus 43 años combina tres trabajos para comer, pero solo uno le mantiene vivo: boxear. Hace cuatro años no sabía dónde meter sus 1,98 metros de altura y acabó durmiendo en el suelo de una lavandería. Ahora puede presumir de ganar el campeonato del mundo de peso crucero en Glasgow gracias a un título reconocido por la Asociación Internacional de Boxeo. "Demasiado tarde", dice. "Sé que la WBF no me reconoce como campeón en el sentido tradicional, pero estoy probando que todo es posible. Soy feliz".

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El gimnasio donde Tony practica y enseña boxeo parece de todo menos un gimnasio. Se accede por la misma puerta que al Garlands, uno de los famosos bares de ambiente de Liverpool, y después de subir una pequeña vía donde prácticamente desaparece la civilización. Pese a ser céntrico, parece pertenecer a otra ciudad.

Tony es quien abre las puertas y arrastra sus chanclas a través de dos plantas de escombros por las obras de remodelación del edificio. En una pequeña sala se agolpan los guantes y las frases motivadoras. 'Roma no se construyó en un día', reza una pizarra. Aunque asegura que no la ha escrito él, la frase encaja con su historia.

Durante dos décadas se dedicó a ayudar a personas sin hogar con una fundación y un día se convirtió en uno de ellos. "Fue en la Nochebuena de hace cuatro años. Me separé de mi mujer y acabé durmiendo en el suelo de una lavandería", explica. Tenía tres hijos y asumió que era él quien tenía que irse de la casa.

"Soy un hombre adulto, y he tenido etapas de éxito, pero de repente era volver a empezar, no tener nada. Encima me fracturé el cráneo, así que pasé por la etapa más oscura de mi vida, pero también me hizo más fuerte. En ese momento hay poca gente ayudándote. Hay gente que piensas que son tus amigos y no solo no te ayudan, sino que desean verte mal. Aprendes de eso", sentencia Moran.

Tony se agarró al boxeo para salir de los malos hábitos. Era la tercera vez que acudía al deporte como salvación. La primera, cuando solo tenía 13 años. "Venía de un barrio muy deprimente y de una familia disfuncional. No era mala familia pero sí tenía un entorno bastante extraño para un niño, un ambiente que no era adecuado. En una escala social digamos que estaban las personas sin hogar y luego nosotros. No tenía suerte, mi vida no tenía ninguna dirección. Estaba perdido, sin educación, sin ningún tipo de guía familiar... Empecé a hacer kárate y más tarde kickboxing. Era mi manera de expresarme y de ser bueno en algo. ¡Nunca había sido bueno en nada! Cuando probé me sentí positivo, vi que se me daba bien, y así seguí años y años. Tenía un gran nivel, fui campeón de Inglaterra durante una década. Pero es un deporte que no te da de comer", lamenta.

"Cuando empecé a hacer deporte no tenía nada y me fui al boxeo porque ahí sí había dinero. El problema es que empecé muy tarde, con 28 años, y aún así hice una carrera y logré subir muchos niveles". Lo hizo solo, sin entrenador. "Hasta los 40 años todo lo que aprendí fue por mí mismo".

Su vida personal volvió a imponerse en su carrera deportiva. La separación no le dejó otra opción que vivir en casas de conocidos o centros de acogida durante tres años y medio. "Hasta que volví al boxeo para escapar de los problemas económicos. Puedes ganar mucho dinero, tener fama... Ahora está de moda por eso, porque la gente que lo practica tiene muy pocas opciones en la vida. Aún así las peleas no son suficientes para una ocupación completa".

Para ello combina otros dos trabajos, uno como persona de seguridad de la discoteca sobre la que boxea, y otro como camarero... en la propia sala. "Apenas duermo tres horas o así, pero es suficiente. No me puedo quejar".

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Su único arrepentimiento es no haber empezado a boxear antes. "Lo debí hacer cuando era un adolescente, cuando era campeón en kárate. Pero no estaba pensando en el futuro, solo en el momento. Si hubiese empezado a boxear en ese momento habría sido muy bueno, porque el deporte se me da muy bien". Ahora inicia una nueva etapa porque "la vida es aprender, aprender y aprender".

Pronto se irá a vivir con su nueva pareja, con la que espera un hijo. "Tengo dos chicas y un chico de 10, 8 y 4 años. Siempre vienen al gimnasio a verme, se sienten muy orgullosos, y también están aprendiendo a defenderse. A las competiciones no les dejo, es muy violento para ellos".

Su objetivo es demostrar a sus hijos que el deporte es salud. "Te da respeto, confianza, autoestima, entender quién eres. Los deportes de lucha son muy complicados y duros, pero te hacen pensar en ti mismo. Si lo tratas con respeto, claro. Hay muchos luchadores que no honran lo que hacen, que no respetan el boxeo. Yo lo hago. Si lo haces solo te vendrán cosas buenas, positividad. Buena salud, salud mental también. Si hay disciplina tienes una buena vida, hay que coger las cosas buenas de este deporte".

Tony siente la satisfacción de lograr un objetivo partiendo de la miseria. "Empecé desde el fondo y luché, luché, y luché. Solía ver la vida mientras me derrumbaba y evitaba ahogarme. Ahora me divierto. Superé la adversidad y me hizo más fuerte. Tuve problemas e inseguridades como todos, pero cuando empiezas a ser campeón todo eso se supera. Me llevó treinta años, pero ahora soy realmente feliz".

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