Alcohol, traición y fútbol: la historia del 'Special One' original
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Alcohol, traición y fútbol: la historia del 'Special One' original

Cuando Mourinho era apenas un niño, en Inglaterra existió un hombre con el mismo carisma y la misma determinación. Esta es la historia de Brian Clough, el 'Special One' original.
15.7.15

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No conocía los límites de casi nada y aprendió muy al principio que el infinito empezaba en Segunda División. Allí se coronó como máximo goleador de la historia de la categoría, y de allí, de la maldita Segunda, rescató a dos equipos mediocres, los tuneó y los catapultó hasta cumbres que nunca más alcanzarían: el Derby County y el Nottingham Forest.

Sin embargo, en 1974, justo a mitad de su periplo entre ambas cimas, Brian Clough conoció el amargo sabor de la caída. Entonces firmó como entrenador del único gran equipo de su vida, el Leeds United. Apenas resistió 44 días en el cargo: los peores de su carrera. El escritor británico David Peace escribió la novela de aquel barranco, Maldito United.

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Es posible que no exista el arte capaz de descifrar el enigma de un hombre al que muchos señalan hoy como al mejor entrenador de la historia de Inglaterra. Quien sí existió fue el artista que le rescató de sus peores delirios, su inseparable amigo y entrenador, Peter Taylor. Sin él a su lado, Brian Howard Clough solo hubiese sido Brian Fucking Clough.

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"44 putos días. Pero si ni siquiera es tiempo suficiente para averiguar dónde coño está la carnicería del barrio", proclamó al ser destituido como entrenador del Leeds United. 6 semanas es una cifra ciertamente embarazosa en un país donde los entrenadores duran tanto en sus cargos como los culebrones en antena. A Brian Clough no le dio tiempo a hacer demasiado en 44 días… aunque le sobró para deshacerlo casi todo.

"Puede que hayáis ganado todos los títulos aquí y en Europa, pero por lo que a mí respecta, podéis arrojar todas vuestras medallas a la basura más grande porque no habéis ganado ni uno solo de ellos limpiamente".

Así se presentó a sus jugadores en el Leeds, momento que aprovechó para decirle a Eddie Gray, una de las estrellas del vestuario, que "si fueses un puto caballo de carreras, te hubiese sacrificado de un disparo hace tiempo". Después de tan apoteósico principio, era difícil que las cosas mejoraran.

Clough había llegado a Leeds a principios de julio de 1974 en loor de multitudes. Tenía 39 años y era el entrenador de moda en Inglaterra: venía de convertir al Derby County en campeón de la Segunda División inglesa (1969), en campeón de la Primera (1972), y en semifinalista de la copa de Europa (1973). Una gesta milagrosa que le granjeó el interés de la mitad de los clubes de Inglaterra, del FC Barcelona, y hasta de la selección inglesa —el auténtico trabajo soñado de su vida, un rol que nunca conseguiría.

El éxito también le abrió las puertas de los estudios de televisión y de las columnas de opinión. A Brian Clough le faltó tiempo para erigirse en un carismático y controvertido líder mediático, arremeter contra la federación de su país, proclamar su socialismo, y poner de vuelta y media a todo Cristo desde los micrófonos, especialmente al Leeds United y a su entrenador Don Revie —el motivo por el cual nunca conseguiría el trabajo de seleccionador.

El Leeds y Revie fueron los molinos del delirio quijotesco de Clough. A nadie debe extrañarle que cuando Brian decidió relevar a Revie y hacerse cargo del equipo al que tanto había vilipendiado, Peter Taylor, su Sancho Panza, le dijera por primera vez que se largara sin él. No hay ingenioso hidalgo que pueda sobrevivir a eso.

Middlesbrough, 1955

En 1955 Brian Clough debutaba como profesional con el equipo de su ciudad, el Middlesbrough. Era un delantero centro flaco e insaciable. Puede que la soledad de su demarcación matizara su integración en el vestuario. Clough era un jovencito con una seguridad insólita en sí mismo, pero no tenía demasiadas afinidades con sus compañeros. Claro que eso no era impedimento para dijera todo lo que pensaba. Tan pronto corregía a los veteranos, como cuestionaba las decisiones de su primer entrenador, Ron Dennison.

Jonathan Wilson, periodista del periódico The Guardian y último biógrafo conocido de Clough, cuenta en su libro Nobody ever says thank you que el joven Brian llegaba deliberadamente tarde a los entrenamientos, cruzaba el umbral del vestuario, se quitaba su gorra de tweed y la lanzaba al colgador ante la mirada atónita de sus compañeros.

Muchos le habrían cruzado la cara.

Lo mejor del caso, sin embargo, es que "cinco de cada seis veces la encajaba".

Clough hubiera sucumbido a la marginación del vestuario de no haber sido por el desembarco en el Boro de un portero dicharachero con vocación de entrenador. Se llamaba Peter Taylor y era una auténtica enciclopedia futbolística y un temprano analista del juego que no tardaría en convertirse en el mejor cazatalentos de su generación.

Una estatua de Brian Clough y Peter Taylor preside el Pride Park, el estadio del Derby County. Imagen vía WikiMedia.

Taylor llegó en 1955 procedente del Coventry City y supo que Clough era un futbolista único la primera vez que le vio jugar. Fue durante un partido de pretemporada entre suplentes y posibles descartes: al terminar el encuentro, Taylor se dirigió a Clough y le dijo lo que pensaba de él. Clough, como no es de extrañar, no había escuchado jamás las palabras bonitas de ningún compañero.

En Taylor, Clough no solo encontró a alguien que comprendía y compartía su voracidad en el campo, sino a un amigo con el que pasarse la vida fuera de él. Conectaron desde el primer segundo y enseguida acorazaron su amistad alrededor del fútbol.

Taylor relata en su biografía, With Clough by Taylor, que durante los desplazamientos en tren del equipo ambos elegían un compartimento, se encerraban con llave para que nadie les molestara, desenfundaban sus cigarrillos y hablaban y hablaban y hablaban de fútbol.

La confianza de Taylor fue el espaldarazo que le faltaba al joven Clough. Su ascensión fue meteórica: en los siguientes 7 años dinamitó todos los registros de la historia goleadora de la Segunda División. Vistió la camiseta del Middlesborough hasta 1961, año en que fichó por su histórico equipo rival, el Sunderland. En total sumó 251 goles en 274 partidos.

Tan asombroso fue su registro que llegó a debutar con la selección de Inglaterra. Jugó dos partidos y estuvo cerca de entrar en la convocatoria para el Mundial de Suecia, en 1958. Pero, al igual que le pasara en el 'Boro', su locuacidad y su descaro no encajaron con el conservadurismo del seleccionador Walter Winterbottom.

Clough, pese a todo, siguió goleando en Segunda hasta que su rodilla sucumbió en la desgraciada jornada de San Esteban de 1962, el día en que arranca Maldito United. Clough se reventó los ligamentos medio y cruzado de la rodilla derecha bajo un lodazal. Estuvo 18 meses de baja: se pasó 12 borracho y 6 entrenando a muerte. Cuando reapareció había perdido su punta de velocidad.

Solo jugó tres partidos más, los únicos que disputó en Primera, donde anotó el único y premonitorio gol de su vida contra el Leeds United de Don Revie. Pero estaba acabado; su sueño, truncado.

Clough colgó las botas con una depresión galopante… pero también con una determinación inquebrantable: si no podía ser jugador, sería entrenador.

***

Clough se hizo cargo primero de los juveniles del Sunderland, a los que llevaría a la final de la FA Cup. En 1964 fue proclamado entrenador del Hartlepool United de la Cuarta División. Brian descubrió enseguida que su personalidad combinaba bien con el despotismo: "En este trabajo o eres un dictador o te vas a la calle. Porque solo existe una salida de los clubs pequeños: resultados y luego más resultados".

Por aquel entonces, Peter Taylor también había conseguido el primer trabajo como entrenador de su vida en el Burton Albion, un equipo de la Séptima División. Antes de partir, organizó un encuentro entre Brian y su antiguo entrenador en el Coventry, Harry Storer Jr., una auténtica leyenda deportiva del noroeste de Inglaterra. Se había labrado una fama de entrenador de equipos que funcionaban como formaciones de soldados.

Storer Jr. era un hombre de pocas palabras que soltaba aforismos más que hablaba: había aprendido el oficio en la posguerra y tenía debilidad por un fútbol armado a base de trincheras defensivas y contraataques. Clough siempre recordaría los dos primeros consejos de su maestro: el primero fue que "los directivos nunca te dan las gracias" (título de la biografía que escribió Wilson).

Brian Howard Clough, el 'Special One' original. Imagen vía WikiMedia Commons

Clough se encontró en Hartlepool con "una tribuna plagada de goteras y de mierdas de gallina" y con "una panda de ludópatas, apostadores y borrachos que jugaban con los calcetines agujereados de andar por casa". Entonces Storer le dio el segundo consejo: "si quieres controlar a un equipo, es necesario tener a hombres comprometidos moralmente y controlar todo lo demás; o sea, al club entero".

Clough se lo tomó al pie de la letra. Lo calibró y supo enseguida que era un trabajo demasiado grande para un solo hombre. Llamó a Peter Taylor y le pidió que lo dejara todo por él; o sea, el Burton Albion, un mejor sueldo, y una ciudad menos deprimente. Taylor aceptó, llegó a Hartlepool y se encontró con que Brian ya era carpintero, administrador, recaudador de subvenciones y hasta conductor del autocar del equipo.

Los sábados, de hecho, cuando regresaban de sus desplazamientos, Clough conducía de noche y sus jugadores cantaban y tocaban la guitarra. Fue una idea que repetiría en el Derby y en el Nottingham, uno de los rituales capaces de convertir a 11 delincuentes con sobrepeso en algo parecido a un bloque.

En Hartlepool, Clough y Taylor no consiguieron resultados, pero desentrañaron el oficio y aprendieron a repartírselo: Taylor se encargó de detectar talentos, de ficharlos y de protegerles. John McGovern, de 16 años, fue el primero, un menor al que Clough arrebató de los brazos de su madre con sus proverbiales dotes seductoras.

"Su madre quería que fuera a la universidad. Yo le dije que le convertiría en un campeón y que le cuidaría", aseguró Clough. 15 años después, en 1979, McGovern levantaría la primera Copa de Europa de la historia del Nottingham Forest como capitán.

Así que Taylor descubría y Clough, por su parte, imponía la disciplina, sembraba la sed y el hambre y sacaba petróleo de barrigas cerveceras. Engañaba a los directivos, seducía a los periodistas… y soñaba con emular al hombre que, entonces, estaba en boca de todos: Don Revie, el entrenador del maldito Leeds United.

***

Después de dos años en Hartlepool, a Clough y Taylor se les abrieron las puertas del Derby County, otro equipo mundano dirigido por un millonario ambicioso, Sam Longson. Harry Storer había devuelto al primer equipo a Segunda División en 1957 y la escuadra chapoteaba en el furgón de cola de la categoría.

Clough asumió el trabajo a condición de tener un control absoluto del vestuario y de los fichajes; en la práctica, de llevarse a Peter Taylor. Longson dijo sí a todo. Veía en Brian al hijo que nunca tuvo. Brian le prometió a Longson que volvería a andar por la calles de Derby con la cabeza bien alta: como un campeón.

Clough y Taylor dispusieron de 70.000 libras para fichar y las dedicaron a buscar a futbolistas versátiles con buen toque de balón. Habían hablado hasta la saciedad de construir un equipo con la determinación moral de las escuadras de Storer, la disciplina de Hungría —una selección que había humillado a Inglaterra en Wembley en 1953 y que había dejado al país traumatizado— y el despliegue por las bandas de los extremos brasileños.

Querían posesión y querían desterrar la cultura nacional del pelotazo arriba. Igual era un buen método para eludir los socavones y el fango que se acumulaba en los terrenos ingleses desde la noche de los tiempos, pero Brian y Peter no querían jugar como ingleses.

El Derby County arrancó la pretemporada en Alemania. Clough y Taylor decidieron incorporar la natación a la preparación. "He descubierto que no saben nadar. La putada es que tampoco saben jugar al fútbol" le dijo a Longson, por teléfono. Era su manera de gobernar: señalaba los puntos débiles y luego proclamaba cómo erradicarlos.

Al regresar de Alemania, Clough empezó a trabajarse a la prensa. Sería otra de la claves de su silenciosa dictadura mental: utilizar a los periodistas para deslizar sus mensajes: "Está claro que no saben jugar. Pero si aprenden a luchar, a morir en el campo… entonces tienen una buena oportunidad para quedarse", afirmó al finalizar la pretemporada.

De vuelta a Inglaterra se pusieron manos a la obra. A las dos semanas Peter Taylor llamó a Brian desde Tranmere. "He visto a uno, Brian", le dijo. Tal era el código. Brian descolgaba, escuchaba la frase mágica y subía al coche. Sucedió muchas veces.

En Tranmere le esperaba Roy McFarland, un central de 19 años que tocaba la pelota "como ningún puto central en la historia de Inglaterra". A McFarland le seguiría Alan Hinton, un interior del Nottingham Forest de 26 años, a quien cuya afición había bautizado como Gladys por jugar "como una nenaza".

"Brian Clough me rescató de un declive temprano y me regaló los mejores años de mi carrera", dijo Hinton años después. Era el extremo 'brasileño' que buscaban.

Acto seguido llegaría John O'Hare, a quien Clough había tenido como juvenil en el Sunderland. Era otro futbolista incomprendido que bajo la batuta de Clough y de Taylor, se convertiría en un centrocampista de enganche definitivo, un hombre que también estaría en Leeds y en Nottingham.

El equipo del Derby County en la temporada 1968-69. Imagen del usuario de Flickr [Duncan].

El Derby County empezó a jugar un fútbol incisivo, donde cada jugador sabía exactamente qué zona del campo debía de cubrir y cómo debía de hacerlo. La primera temporada sirvió para calentar el mecanismo. Y la segunda sirvió para ejecutar la mejor idea de la historia del dúo: fichar a Dave Mackay.

Mackay era un extremo zurdo del Totenham Hotspur que había liderado la época más gloriosa del club londinense. Sin embargo, a sus 32 años, había decidido retirarse y volver a su país, Escocia, para entrenar al Hearts of Midlothian. "Brian Clough me enseñó que existen insultos de cuatro palabras. Y me demostró, como nunca nadie antes, que uno puede proponerse lo que quiere cuando sabe lo que quiere".

Clough quería a Mackay y supo cómo persuadirle; le convirtió en el futbolista mejor pagado de Inglaterra: 14.000 libras al año. A Sam Longson no le hizo ni puta gracia. Y a Mackay todavía le hizo menos que le dijeran que ya no jugaría de extremo. "Ahora serás líbero", le dijo Taylor. "Ni de coña", contestó Mackay. "Peter tiene la mano izquierda, pero yo tengo la boca y los cojones. Y por mis cojones te digo que serás líbero y que subiremos a Primera", sentenció Clough. Y así fue.

Dave Mackay cuajó una temporada memorable como líbero y conquistó el título al mejor futbolista del año. En Segunda. Y el Derby subió a Primera. Y el estadio se llenó. Y la ciudad se volvió loca. Y Longson se paseó por el centro con su mujer agarrada del brazo y un puraco en la boca. Y Brian y Peter se convirtieron en lo más fresco y demoledor que había sucedido en el fútbol inglés desde que Don Revie ascendiera al Leeds de Segunda a Primera y lo convirtiera en campeón en 1969.

Lo que nadie se esperaba es que aquel ascenso desembocara en la conquista del campeonato de Liga de 1972. Pero el caso es que en 1972 el método de Clough y Taylor alcanzó su momento culminante, cristalizó. El equipo funcionaba como un tiro, jugaba de memoria y Clough tenía al vestuario hipnotizado.

"Llegó un momento que no hacía ni falta que hablara. Te invocaba con la mirada cuando estabas de espaldas y lo notabas", recordaba John McGovern. En 1972 la prensa había sucumbido a sus encantos, la directiva todavía le dejaba hacer todo lo que le daba la gana, Peter Taylor amortiguaba todos sus achaques y Brian diseñó una campaña mesiánica y mediática contra su gran rival: Don Revie, a quien desafió desde los micrófonos y las columnas de opinión.

Brian Clough al frente del Leeds United. Las caras de los jugadores pagan. Imagen gentileza de Editorial Contra.

Revie representaba el poder, la corrupción y el conservadurismo de un fútbol que empezaba en los despachos y terminaba en el rectángulo de juego. Sus malas artes y sus mejores influencias despertaron la sed revolucionaria de Clough. Así que el día en que el club modesto, el Derby County, le arrebató la gloria al gigante, al Leeds United, en la última jornada de liga de 1972, la ciudad entera cayó rendida a los pies de su nuevo ídolo.

Claro que sus pies eran de barro, sus ideales eran tan románticos como el aire y sus padrinos eran inexistentes, así que la caída fue fulminante. 1973 fue el año en que la Football League descubrió que las cuentas del Leeds eran una chapuza de regional. Y en que Peter Taylor descubrió que Brian cobraba mucho más de lo que él se creía. Fue el año en que Longson se sintió estafado por la fama de su entrenador. Y el año en que Brian fue traicionado por la burbuja de las cámaras y por las del Prosecco que se bebía para desayunar.

Después de la gloria, la resaca fue barriobajera. El Derby fue sancionado. Sam Longson contrató a un directivo, Jack Kirkland, para que orquestara la paulatina defenestración de Clough, y el equipó naufragó en la Liga. Claro que la gloria de Brian y de Peter no iba a durar un solo día. Y en 1973, mientras todo se derrumbaba, el Derby jugó una extraordinaria Copa de Europa.

Cayó en semifinales. Contra la Juventus. Lo hicieron como héroes en un partido grotescamente amañado por un colegiado alemán que se llevó un buen pellizco y hasta un coche por su generosidad.

"Yo no habló con putos tramposos de mierda", proclamó Brian cuando el robo se consumó. Clough y Taylor se quedaron sin oxígeno en las alturas y Sam Longson aprovechó la debilidad para lograr que la junta del Derby se deshiciera de ellos. Derby se sublevó. Se organizó un Movimiento de Protesta para devolver a Clough al banquillo. Hubo barricadas y multitudinarias manifestaciones en la calle. Los jugadores del Derby firmaron una carta en que decían que sin Clough y Taylor no entrenarían.

El día de su despedida, Clough y Longson se despellejaron en vivo por televisión. Al día siguiente, Inglaterra se jugaba contra Polonia su última opción para clasificarse para el Mundial de 1974. Necesitaba ganar. Brian era el comentarista televisivo. Estaba en estado de shock, tan noqueado como el día que perdió sus ligamentos.

Fue la primera vez que expuso su fragilidad ante las cámaras, en que su derrumbamiento emocional se llevó por delante a su elocuencia. Tachó a Jan Tomaszewski, el portero polaco, de payaso. Pero Tomaszewski cuajó la actuación de su vida e Inglaterra no consiguió marcar. Y no se clasificó para el Mundial.

Aquel día, Brian Clough enterró todas sus esperanzas de poder ser entrenador de Inglaterra, un trabajo que, cómo no, se llevaría Don Revie. Y pese a todo, hubo un millonario de la directiva del Leeds United, Many Cussins, que pensó que solo Clough podría reemplazar a Revie.

Lo raro es que Clough aceptara, pero estaba sin trabajo.

Y borracho.

Y deliraba.

Así que Clough aceptó meterse en la boca del lobo. Y lo que es peor, aceptó hacerlo solo. Peter Taylor le dijo que no y, en Leeds, Brian enloquecería con su propio eco.

Lo mejor de todo es que Brian Clough sobreviviría. A su personaje y a su caída. Y si alguien había pensado que lo de Derby había sido un golpe de suerte, se equivocaba. Un año después del despropósito en Leeds, Brian Clough asumió el banquillo de otro equipo de Segunda División, el Nottingham Forest.

Una temporada más tarde, con el equipo todavía en Segunda y su hígado en barrena, Clough volvió a descolgar el teléfono. "Peter. Por favor. Sin ti no soy capaz", le dijo.

Y una vez más, Peter Taylor lo dejó todo. Taylor humanizó el vestuario, descifró los balbuceos de Clough y fichó a Peter Shilton, el mejor portero de la historia de Inglaterra. En 1977 el Nottingham Forest ascendió a Primera. En el 78, ganó la liga inglesa. Y en 1979 y 1980 se proclamó campeón de Europa. "Yo soy el escaparate de la tienda: Peter es todo lo que hay dentro", sentenciaría Clough.

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