Cultură

"El mundo no es tan Facebook como creíamos": entrevista a Alberto Fuguet

Hablamos con el escritor chileno Alberto Fuguet sobre cine, periodismo, escritura, Trump, la figura de Carlos Fuentes, y "Sudor", su más reciente novela.
8.12.16

Todas las fotos por Jorge Luis Plata.

"Yo no soy un provocador, sólo me parece que la otra gente es demasiado aburrida", sentencia Alberto Fuguet, el mismo que en su novela más reciente, Sudor, trazó un relato en el que los personajes, basados en experiencias personales vividas con el escritor mexicano Carlos Fuentes y su hijo Carlos Fuentes Lemus, pasan cuatro días en el mundo metaficcional (y ubersexual, al parecer) de la Feria del Libro de Santiago. Fuguet asegura que, contrario a lo que se pudiera pensar, nunca antes lo habían llamado provocador, y que no lo habían hecho porque él, en realidad, no es más que una persona "súper tímida y tranquila". Antiguo abanderado de la generación McOndo, cineasta, guionista, periodista y autor de novelas como Mala Onda, Tinta Roja y Missing, lleva algunas semanas viajando por México, primero como parte de la delegación chilena invitada a la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO 2016), y luego en la FIL de Guadalajara para presentar su libro de cuentos Juntos y solos, editado por Almadía este mismo año.

VICE: ¿Alguna vez ha querido lo que toda la gente quiere?
Alberto Fuguet: En algún momento sí, cuando era más pequeño, más joven. Sabía que la respuesta era no, pero todavía tenía ganas de ser como los demás. Me parecía que era un gran riesgo no serlo. Incluso siendo gay, la meta era ser heterosexual porque el mundo está escrito así: tener hijos, tener una esposa, etc. Hoy estoy seguro que no quiero lo que los otros quieren.

Publicidad

Eres considerado, desde los noventa, como punta de lanza de la nueva narrativa iberoamericana, pero entre tus intereses también está el cine: tienes ya cinco filmes como director (Se arrienda, Música campesina, Velódromo, Locaciones: Buscando a Rusty James, e Invierno, estrenada el año pasado con una duración de casi cinco horas) ¿Cómo llegaste a las películas?
A los 11 años llegué a Chile luego de haber vivido toda mi vida en Estados Unidos, fue entonces cuando el cine se volvió mi refugio, porque el único inglés que podía escuchar en Chile era yendo a ver películas. Me tocaron las cintas de terror de John Carpenter, no me enganché tanto con The Goonies o Ghostbusters, pero amé Volver al futuro. Me volví loco con Woody Allen, Brian de Palma, el cine americano de los setenta. Desde finales de esa década con Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, hasta los inicios de los noventa con El joven manos de tijera, se produjeron las películas que realmente me formaron.


Relacionados: Detrás del archivo de Roberto Bolaño


¿Por qué a la hora de entrar a la universidad cambiaste el cine por el periodismo?
Estábamos en medio de una dictadura militar en la que no había chance de estudiar cinematografía, por lo que estudié periodismo para ser crítico de cine. Ya desde la escuela de periodismo empecé a escribir como yo quería. Con notas periodísticas que transformaba en cuentos donde mentía, opinaba, cambiaba de puntos de vista. En donde si las respuestas de mis entrevistados no me gustaban, las nutria para que fueran más divertidas, más inteligentes. Al borde de la expulsión, un maestro me aconsejó que no le metiera más ficción a mis notas, que mejor me pusiera a escribir cuentos. Le hice caso.

¿Crees que hoy el periodismo no miente?
Supuestamente no miente, "supuestamente", aunque al final puede usar otros recursos. En esta entrevista más allá de lo que yo diga, tampoco vas a escribir un cuento, por más loca que hagas esta nota deberá tener algunas fronteras. Si tú me haces una entrevista y al final en la nota sólo cuentas las cantidad de pajas que te hiciste la semana pasada, puede ser divertido, pero no me puedes utilizar a mí para eso.

¿De qué va Sudor?, ¿de qué van sus 600 páginas y sus tres días de duración?
Es una historia del presente, del pop, del mundo gay, de una hoguera de las vanidades en una gran ciudad. Es una novela grande y ambiciosa, con esas páginas y esos días que mencionas, en la que busco explicarme los choques generacionales como un método para definir también los distintos grados de la masculinidad actual.Como el de la generación X con el Boom. El personaje de Rafael Restrepo, que sería como Carlos Fuentes, es un viejo mayor, macho, homofóbico, que sin embargo tiene un hijo gay. El chileno, el personaje de en medio (el que aunque su autor no lo diga parece estar basado en el mismo Fuguet) es el que tiene que trabajar con los dos, se enamora un poco del hijo y se lo fornica o viceversa, pero en el fondo no es un tipo tan moderno como él mismo cree, pues es alguien que siempre tiene un pie en ambos mundos.


Relacionados: Pronto podrás fumar del stash personal de mota de Hunter S. Thompson


¿Es Carlos Fuentes el protagonista de Sudor?
Sudor no es sobre Carlos Fuentes. No es una biografía. Carlos Fuentes nunca aparece nombrado. Ahora, aun cuando yo lo niegue, se puede reconocer que los personajes están claramente inspirados en una historia en la cual yo me fasciné, que es la de Carlos Fuentes y su hijo.

Has dicho que en Sudor te remitiste parcialmente a los hechos que atestiguaste en la gira internacional que los Fuentes hicieron para promocionar Retrato en el tiempo, libro de fotografías de Fuentes Lemus, con textos del padre. En su momento e incluso ahora, ¿qué pensaste y que piensas sobre esta unión creativa?

Publicidad

Fue muy peligroso para el joven Fuentes. Tirarlo al mundo así de esa manera con un libro que no estaba a la altura de su apellido. Con el padre que tampoco estaba a la altura de un libro horrible. Era un acto desesperado. Por un lado bello, pero por otro perverso, las ansias de un padre que quería demostrarle al mundo que su hijo era un artista cuando quizá no lo era.

Hace unos meses la presentación de Sudor en México fue cancelada, ¿consideras que en México, por ser la tierra de Fuentes, el libro tendrá una aceptación más difícil?
Eso no te lo puedo decir. Ningún escritor mexicano me ha comentado nada sobre Sudor, si es lo que la gente se está preguntando o no. Aunque lo que estoy viendo es que si Sudor hubiera sido una novela donde el sexo es hetero, quizá la habría tenido mucho más fácil.

Hay quienes señalan que un escritor no se puede basar en personas que existieron y que ya están muertas para hacer ficción, que no es ético…
Nunca he querido ser belicoso ni ofender a nadie, pero tampoco he querido nunca guardarme mis ideas. En cuanto a Sudor creo que un escritor es libre de inspirarse en gente real y armar con eso un libro. Claro que se puede, no estoy insultando a nadie. Todo lo que estoy contando es propiedad pública, porque ese libro, esos discursos, existieron. Carlos Fuentes escribió docenas de libros donde usaba básicamente la misma fórmula que yo uso en Sudor, inspirándose en gente de la sociedad mexicana y transformándola a su antojo. Esto es parte de la democracia, es parte de la libertad".

Publicidad

Has aseverado en varias ocasiones que Carlos Fuentes es el escritor que nunca quieres llegar a ser. ¿Por qué?
Fuentes fue un escritor que dejó de ser leído porque abandonó a su público por un poco de poder. Fue un escritor que dejó de escribir de sí mismo y empezó a explicarle México al mundo, en vez de explicarse a sí mismo que es básicamente lo que todo escritor debe hacer. Me dicen: "usaste a Carlos Fuentes para vender más libros" y yo les digo, por favor, Fuentes es un autor que no vende libros. Si yo hubiera querido usar a alguien taquillero habría acudido al hijo de Verónica Castro o me hubiera puesto a escribir la vida secreta de Florinda Meza. Al final, creo que Sudor le hubiera encantado a Fuentes, al autor de La Región más transparente siempre le gustó que hablaran de él.


Relacionados: 'La hora marcada': El programa mexicano de ciencia ficción que dio luz a los mejores directores de Hollywood


Sudor tiene escenas de sexo de veinte páginas y respecto a ellas has dicho que tu intención era utilizar el porno como filtro…
En el sexo, desnuda y haciendo cosas, la gente se puede revelar. Desnuda la gente también puede estar vestida, donde a lo mejor al final nadie es ni tan abierto, ni tan generoso, ni tan libre. El porno, por otra parte, es una palabra que nos lleva a enterarnos de cosas que van mucho más allá de lo que realmente nos queremos enterar. Uno entiende por ejemplo que dos personas están haciendo el amor sin que les tengamos que ver los genitales. Pero en el porno no es así, el porno te muestra los genitales y todo lo demás, le quita el romanticismo pero lo hace más explícito. El porno cacha una pequeña escena de alguien que va a follar a alguien y le da tratamiento de estrella, lo cual también se puede aplicar a la política, donde sabes siempre exactamente qué está pasando pero quieres saber más. O el periodismo, que hoy se ha vuelto muy porno y nunca para.

Sudor también es una radiografía del mundillo literario latinoamericano más conservador y más inseguro. ¿Crees que la gente en general busca la verdad o solo finge que la busca?
La gente más interesante, más potente, es la que hace que el mundo transpire, que sude. La gente que a mí me provoca, que me excita, que me atrae y me hace estar contento de estar vivo, no le tiene miedo a la verdad, aunque sepa que a veces pueda ser tremenda y muy dura. El arte por otro lado tiene que estar ligado a la verdad: te tiene que seducir, que calentar, que dar asco. La verdad es una palabra fuerte, pero para mí esta no se traduce en "provocar". Se traduce en mover, empatizar, transformar. El arte tienes que sentirlo en la verga, en el culo, en la guata, en las axilas, en la lengua, en los ojos.

¿Cuál es la relación de Chile con la verdad?
Me niego a responder lo que la gente probablemente quiere que responda, cosas como que Chile tiene una mala relación con la memoria y con la verdad. Hay muchas verdades, muchos países, muchas personas. El tratar de generalizar eso es al final tratar de jugar el juego dictatorial. Dicho esto uno podría decir que existe la historia, pero la verdad es que pasó. Estoy muy cansado como para hablar eso hoy.

Te has declarado agotado de la idea de escribir crónica porque hoy los cronistas hablan más de sí mismos que de los hechos que están contando. Sin embargo, escribiste algo sobre la noche en la que eligieron a Donald Trump como nuevo presidente de los Estados Unidos.
Sí, la titulé "El derrumbe". Me mandaron a cubrir lo que se suponía iba a ser la noche histórica de la elección de la primera presidenta de los Estados Unidos y termine sintiéndome como en el Berlín de 1933. Estaba en un cine de Los Ángeles rodeado por un ejército de hipsters.


Relacionados: Hablamos con la periodista Marina Walker sobre los Panama Papers


¿Piensas que la elección de Trump como presidente del país más poderoso del mundo es tan mala como dicen?
Sí, pero también hay mucho de histeria generalizada. Hemos sobrevivido ya a otros derrumbes, quizá peores que este. No me consta que lo que venga sea la Tercera Guerra Mundial o una fiebre de apertura de campos de concentración en la tierra de las barras y las estrellas. Pero lo que sí ha quedado demostrado con la elección de Trump es que hoy el mundo realmente no es tan hipster, ni tan progresista, ni cree tanto en la diversidad sexual, ni es tan intelectual, ni es tan Facebook como creíamos.

¿La gente tiene razón en estar asustada?
Sí. Los gays, los negros, los mexicanos, los latinos en Estados Unidos tienen todo el derecho de estar asustados.

Con esta elección, otra pregunta parece flotar entre ciertos círculos "progresistas": ¿la gente inculta, racista y armada hasta los dientes, también tiene derecho a votar?
Primero, Trump no es el presidente del mundo. Eso lo tenemos que tener bien claro. Segundo, sí: en una democracia todos tienen derecho a acceder a una urna, porque si no lo que tendríamos todos es una entrada a los juegos de una dictadura a otra. Siempre es mejor que las democracias se equivoquen, a que no existan.