Fotos por Carlos Herrera
Desde que inició la epidemia de IRC en Chichigalpa, es muy fácil encontrarse con un cortejo fúnebre cada mañana.
Ramón y Carlos contaron con un poco más de suerte. Si bien también salieron "pegados", gozan de una pequeña pensión monetaria.
Cada mes, ASoCHIVIdA distribuye entre sus enfermos y viudas una provisión compuesta de azúcar, arroz, frijol, aceite, sal y jabón.
En Chichigalpa muchas madres sobreviven a sus hijos y los cuidan durante su enfermedad.
Los enfermos de IRC deben acudir a revisiones periódicas donde se les administran vitaminas y escasos medicamentos para paliar su sufrimiento.
Después de que murieron su padre y su hermano, lionel se quedó viviendo con su madre de 72 años. Sabe que tampoco sobrevivirá.