Hace un par de semanas, cuando no habíamos lanzado VICE Colombia, nos estábamos preguntando: ¿cómo queremos cubrir los grandes festivales culturales de este país? No queríamos caer como chulos desinformados, revolotear alrededor de la figura de turno y sumarnos a la cascada de clichés que aparecen cada vez que en Colombia "hay" que hablar de literatura, teatro o cine, según el festival que esté de paso. Sin miedo a llegar un poco tarde, aquí les dejamos nuestro primer experimento.
Joe Sacco (Fotos por Joaquín Sarmiento)“Para volar, primero necesitas tener los pies firmes en la tierra.” Le dice Felipe Gonzalez, expresidente de España, a Rodrigo Pardo. “Sí claro, me parece un gran punto, me lo robo”.Hay cosas que la gente cuenta, hay cosas que le sacas a la gente y hay otras cosas que deciden permanecer volando en el éter, estas se intuyen. Más o menos esto es lo que le pasa a Joe Sacco, también lo que le pasa a Irvine Welsh y a Tom Hart Dyke. De hecho, esto es lo que le pasa al Hay Festival: un conglomerado cultural en donde las cosas dichas son tan importantes como las cosas que nunca se dicen; las cosas que se asumen como propias del festival y más aún, las que se asumen que forman parte del corralito de piedra. Porque, sí, todas estas charlas, las tantas, las muchas, las demasiadas, empiezan a calar historias sobre las otras historias que ya las murallas se saben.Cosas que se cuentan, o sea, los Hechos:Joe Sacco pinta historias, también las vive y las reportea. Joe Sacco es fanático de los Rolling Stones. Tiene un libro que me dice va a sacar inspirado en la música de los Stones. “Keep it to yourself”, me dice, con un guiño de complicidad. Yo obviamente no le hago caso. “No le digan a nadie”, les digo ahora con un giño de complicidad. Sus planes a futuro no involucran, en realidad, nada en específico. Él es de estas personas que se casan con su profesión, que sabes que es lo único que pueden hacer, así que no necesitan un plan: su vida es el plan. Dibujar es su plan. Perfeccionar, desde Portland o desde Gaza o desde Siria o desde donde le toque, el arte de reportar la realidad de la guerra mediante la irrealidad de los cómics.A Irvine Welsh le falta un tornillo pero no le falta plumero. A Welsh le fascina el fútbol y me tiene unos 30 minutos hablando sobre cómo Estados Unidos se está cagando el concepto del deporte. “Everything is a fucking show for them. More Vegas; Cristiano Ronaldo would be better served playing for THAT machine”. Con él se habla mucho, pero se entiende poco, porque tiene un acento escocés algo brusco y peor, habla entre los dientes; mitad susurro, mitad regaño. Pero lo del susurro no le quita lo interesante. Y eso sí que es. Un tipo que es buen amigo de Bobby Gillespie, cantante líder de Primal Scream, la gran banda pseudo-Stoniana que además sigue dando vueltas y acaba de sacar un álbum. “Whatcha think?”, pregunto. “¡Oh, it’s fucking great!” Esto no es un hecho, es una apreciación. También es gran amigo de los viejos de New Order. Un tipo que era DJ antes de ser nada más y que junto a Vic Godard, famoso punketo irreverente inglés, hicieron de las suyas en el Winter Music Festival antes de que se llamara Ultra y tuviera a AVICII como headliner.A Tom Hart Dyke no le interesa mucho la música, pero le gusta mucho, muchísimo, la botánica. En específico las orquídeas. Tanto así que por su obsesión estuvo secuestrado nueve meses en el Darién a manos de las FARC junto a su compañero Paul Winder. “Toni, it was unbelievavble, the sounds of the jungle. Man! Until the guys came. Then, for the next 9 months, we took it for granted.” Los sonidos se volvieron parte del contexto y del aire. Ya no importaba. Pero les tocó aceptar esa realidad, no más real que su realidad como heredero del castillo de Lullingstone. “Will Smith, that’s what we called the main guy. We didn’t know their names so we assigned them some”. Esto sí es un hecho. Esto y el que nunca en sus vidas habían visto tanta belleza botánica como cuando estuvieron secuestrados y que de Colombia no conoce nada sino el aeropuerto El Dorado, ahora Cartagena y algo de Medellín. Mis preguntas sobre si notaba algún cambio significativo desde la última vez que estuvo en Colombia, hace 14 años, fueron inútiles. Más útiles fueron mis preguntas sobre cuántas veces estuvo a punto de cagarse en los pantalones: “Many”. Tom no tiene muchos planes excepto seguir cultivando y agrandando su ya gran proyecto, el World Garden of Plants, un diseño que él craneo mientras estaba en cautiverio. Algunos dirían que por lo menos fue tiempo bien aprovechado.Algo así le pasa al Hay, no tiene muchos planes sino crecer. Ya existe, lleva 9 años al ruedo. La gente ya se pasea por sus varios salones con toda la amabilidad y el afán de unos gansos, entre otros: el Teatro Heredia, escenario singular y principal; el Claustro de Santo Domingo; el Hotel Santa Clara, donde la gente se apiña, los de producción se estresan y los de comunicación hacen piruetas para complacer a todo el mundo y donde la gente está dispuesta a pagar $7.500 por un tinto (sí, la tercera parte de lo que les costó entrar a escuchar la parla de una hora entre el hijo de la gran intelectual Susan Sontang y Hector Abad). Lo interesante es que no se toma a su población. Es un festival para otros y de otros. No es de los cartageneros. Pero aunque esto lo argumentaran muchos como un hecho, para mí es más una conjetura, una cosa de suerte y planeación: primero ves a los otros y después a los cartageneros. Qué vaina y qué lastima.
Irvine WelshLas cosas que le sacas a la gente, o sea los demi-hechos:Ya que las paredes del Santa Clara y demás lugares no pueden físicamente hablar y decirte que a los cartageneros les molesta esta apropiación centralista, entonces toca escuchar lo que se dice por ahí, estar pendiente de las pendejdas, de esas conversaciones que no trascienden entre las que las tienen pero que si sabes escuchar, te dan mucho contexto. Por ejemplo, entre una pareja, la mujer dice, “pero qué gran evento! ¿Por qué no me habías traído antes?” El marido se ríe. ¿Se dan cuenta? Es un hecho—para muchos, para otros no tanto—que en el Hay Festival se hace más que sólo hablar de literatura, pensar, reflexionar y masticar. También se está y ya.Tom Hart Dyke sí que ha vivido, Welsh es casi un milagro que esté vivo y Joe Sacco también. Toda esta gente ha estado a punto de perder un huevo y/o la vida. Todos han estado en esa línea de fuego, unos físicamente, otro metafóricamente, pero todos por igual han sabido crear a partir de experiencias muy de ellos. En el Hay todos tienen su propia experiencia. Por eso la risa del marido. Cada uno hace donde quiere.“Un amigo me dijo que las personas que se suicidaron en una vida pasada vuelven como funcionarios públicos, cuéntame de tu experiencia en el National Notary Association?” Joe Sacco se ríe y me dice que en este lugar aprendió a conocer a la gente, aprendió a aprender de la normalidad, del día a día, de la gente que tiene problemas comunes y corrientes como no poder pagar la hipoteca o que la mujer no se lo quiere tirar. La guerra le enseño otras cosas.Así aprendió Hart Dyke, así aprendió de los guerrilleros. Pero aprendió más de las orquídeas que vio en cautiverio, las que le partieron el destino en dos. Cuenta que supo del valor del miedo cuando aprendió a conectarse con su entorno; cuando no pensó en su herencia sino en su presente. “Toni, it gave me energy to understand that I was there because that’s what had to happen. These are things that are difficult to explain, and even after you live them, they are difficult to explain….”.…Welsh sigue hablando de fútbol que no es nada más sino una pasión de temporadas.En el Santa Clara siguen rozándose unos con otros y los plumeros y los sharpies con las páginas de los libros de Michael Sanders y el gran Tomás Gonzalez.En el Teatro Heredia habla Gael Garcia Bernal sobre cómo conocer tus limites y jugar con ellos, y cómo ser un actor de esos que pueden encantar y parecer estar en sus cabales y en la noche en una de esas fiestas de otros para otros se mete una periquera fantástica que lo hace bailar Quimbara a 136 revoluciones por minuto.Las cosas que se intuyen, o sea las cosas que nos inventamosAunque bailar no sea receta indispensable para pasar el rato en el Hay, sí parece ser una cosa de todos los días. De hecho en Cartagena sí lo es. Y las fiestas, esas que ya se han vuelto parte tradicional del andamiaje social del Hay, reflejan un mundo en donde nadie es persona y todos son piernas; el ron nunca se acaba y algunos dirán que esa es la clave para que la cosa se dé como se da. A Welsh no parece importarle esto y a Hart Dyke tampoco. Les gusta deambular más que bailar y figurar. A mí, como a Gael, me gusta figurar y bailar y también comer más o menos bien porque el buffet no da sino para eso.Joe Sacco me cuenta que cuando se llega a una zona de guerra uno debe suspender la realidad a la que está acostumbrado y meterse de lleno, pero sin molestar a esa realidad que parecía elusiva. “They don’t trust anybody because everybody is a journalist”. Como en el Hay. Todos quieren con todos. Welsh habla de crear personajes que sean parasíticos, como una solitaria que sea personaje principal y que haga las veces de parasito consultor, de conciencia.En el Hay hay que ser parasítico para poder darle al clavo a las cosas. Adentrarse sin hacer mucho ruido, de esta manera se puede, como dice Welsh, “be inside looking out looking in”.Si el festival se aborda así entonces tienes en dónde encaramarte y mirar y sacar sin necesidad de ser tragado por las guayaberas y el lino que permea su pensar.
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