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Comida

Los foodtrucks en Festival NRMAL

Con las creaciones de los nuevos talentos culinarios de la ciudad, caminar en campo abierto por 12 horas ya no se vuelve algo tedioso.
4.3.14

Les temo a los festivales de música. Son agotadores y te abruman. Caminar todo el día, beber tragos mal servidos y tener que usar SaniRent es algo que dejé atrás junto con el Warped Tour. Llega una edad en la que ya no estás para los trotes juveniles, ni menos para soportar caminar en un campo abierto por 12 horas. Por lo general siempre soy de las morras tipo doñas que prefiere pagar un poco más por la sección donde tengo acceso a un baño limpio, área con sillones y tragos. Pero claro, lo malo es que en esas secciones estoy rodeada de pura raza mamadora.

El pasado sábado se celebró la primera edición del Festival NRMAL en la Ciudad de México. En los últimos años he asistido a sus ediciones en Monterrey y son de los pocos festivales en México que no puedo relacionar con otros festivales de música. En éste, el espacio es amplio, hay instalaciones de arte, buena música, amigos, la convivencia es agradable, pero sobre todo hay comida deliciosa. Le prestan atención al más mínimo detalle de las otras corrientes dentro de su festival, no es un festival de música con un stand de sopas instantáneas.

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El Campo Deportivo del Estado Mayor Presidencial fue sede del festival. Al principio fue algo intimidante, ya que está resguardado por militares. Una vez dentro del recinto, topé con un sitio bien cuidado de espacios verdes y árboles podados.  Después de dar una vueltas y escuchar varias bandas, me dirigí a la sección del placer: el área gastronómica del festival.

El lugar albergaba varias mesas largas de madera estilo picnic con unos siete foodtrucks y cuatro stands de comida. Al fondo una carpa que presentaba proyectos literarios combinados con música. En general, un lugar muy acogedor y perfectamente acomodado para poder deleitar los platillos disponibles.

El DF se ha caracterizado históricamente por la inmensa oferta de comida callejera. Ahora el reciente movimiento de foodtrucks ha invadido la ciudad para brindar una oferta gastronómica innovadora y original. Sin embargo, algunos foodtrucks se han encontrado con obstáculos, ya que legislación local aún no les permite operar en su totalidad en las calles, lo cual los ha obligado a organizarse para poder llegar a la gente. El Festival Nrmal no ignoró la oportunidad de ofrecer tanto como plataformas de música y una gran selección de foodtrucks. Dentro de la oferta se encontraba, Ñham Ñham con una de sus especialidades: el bánh mì. Es un suculento bocadillo de cerdo, símbolo gastronómico de la cocina vietnamita, condimentado con especias y por último rematado con un aroma de cilantro fresco y zanahoria en tiras finas.

Otro stand disponible para el foodie que todos llevamos dentro no era necesariamente un foodtruck pero sí toda una joya gastronómica: La Yumita. Un concepto de cocina fusión, cuya especialidad y única pieza disponible en la carta es un tamal de tacos de cochinita pibil envuelto en hoja de plátano. No hay masa en el tamal, sino los tacos en tortillas de maíz perfectamente colocados dentro de una hoja. Una vez que desenvuelves la yumita, una fragante nube de achiote escapa del tamal, y puedes añadirle cebolla morada en escabeche y chile habanero.

Y después de estar picando un poco aquí y un poco allá, decidí que era hora de regresar a ver más bandas pero no sin antes cerrar con un foodtruck que se podría considerar el rey de los dioses olímpicos. Primario es un foodtruck de comida mexicana gourmet. Sé que la palabra gourmet ahuyenta a muchos. Claro, muchos lo asocian con poca comida, poco sabrosa y a precios ridículamente caros. Ese no es el caso con Primario. Este foodtruck de clásicos antojitos mexicanos no tiene una ruta fija, y sólo se presenta en eventos. Así que cuando te topes a Primario come todo lo que tienen porque no sabrás cuándo lo volverás a ver. Y por lo mismo, accedí a deleitar todo lo posible. La especialidad de Primario es sin duda una gordita de maíz azul con ajonjolí rellena de cangrejo en salsa de achiote, acompañada de cilantro fresco, queso fresco y cebolla morada curtida. De tamaño perfecto. Entre sus ofertas gastronómicas también se encuentra el Pan y costilla, que consiste en un muffin con costilla preparada a fuego lento, que queda tierna, jugosa y se deshace en tu boca. En este caso, evité el muffin y pedí la costilla dentro de una gordita de maíz azul con ajonjolí. La torta de pulpo a las brasas venía en un pan suave untado de guacamole con una capa fina de alioli de cilantro, bañada de queso fresco y con un toque de chile de árbol. Sin duda el momento épico del festival me hizo subir unos cinco kilos.

No sólo aprecié la calidad de la música, sino la calidad de la comida. Los foodtrucks, en donde se presentan muchos de los nuevos talentos culinarios de la ciudad, no tienen un espacio fijo, ni mucho menos un restaurante con mantelería, sin embargo no es un obstáculo para que puedan dar a conocer sus creaciones a precios accesibles. Y con foodtrucks en un festival, caminar en campo abierto por 12 horas ya no se vuelve algo tedioso.