Cultură

Cómo es contarle a tu familia y amigos sobre tus fetiches

¿Cuál es la mejor manera de decir: "Mamá, papá... me gusta que me electrocuten cuando tengo sexo"?
6.4.16

Foto por Jamie Lee Curtis Taete.

No importa si eres, gay, trans o un demócrata tejano, para mucha gente, salir del clóset es un proceso que implica revelar tu verdadera identidad. Esto no siempre es fácil; no existe ningún guión que te explique cómo hacerlo, aunque salir del clóset puede ser liberador. No obstante, ¿aplica lo mismo cuando tienes un fetiche sexual?, ¿cómo decides a quién contarle?, y cuando decides contarlo, ¿cuál es la mejor manera de decir: "Mamá, papá… me gusta que me electrocuten cuando tengo sexo"? Le hicimos estas preguntas a algunas personas que han revelado sus fetiches. Algunos lo declararon públicamente (y hacen videos porno fetichistas), mientras otros le dijeron solamente a su círculo más íntimo.

Thendara

Uno de mis fetiches es el bondage, el impact play y la electroestimulación erótica. Aquí algunas definiciones breves: el impact play es cuando una persona golpea a otra por placer sexual; la electroestimulación erótica es lo mismo, pero con juguetes que mandan una fuertes descargas eléctricas a ciertas parte de tu cuerpo.
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Descubrí mis fetiches por primera vez hace 20 años más o menos, mientras pasaba por un divorcio. Conversaba mucho con otras personas en chats de foros y fui a mi primera fiesta BDSM. Fue increíble. Algunas de las cosas que vi me causaron shock y repulsión, pero también me excitaron. En la fiesta conocí a mucha gente que era común y corriente, simplemente tenían un pasatiempo inusual. Después de eso, fui como niña en dulcería. Quería decirle a todo el mundo. Trabajaba vendiendo seguros comerciales, e incluso le dije a mi jefa, que también era mi amiga, y resultó que también tenía una historia kinky. Después de eso, me daba tarjetas de regalo de tiendas kinky en ocasiones especiales. También se lo conté a mi hermana. Supuse que, como ella había tenido múltiples parejas en la universidad y parecía muy abierta, no le escandalizaría la noticia. Le dije: "Me envolvieron en plástico, le hicieron agujeros y me pusieron hielo encima", y ella me respondió que mi fetiche era "peligroso". Después de esto, no volvimos a mencionar el asunto. Aún hoy, ella no tiene ganas de saber sobre mi estilo de vida. Si hubiera sabido que lo tomaría así no le hubiera dicho nada. Ahora estoy más consciente de a quien decirle. No le cuento a nadie a menos de que esa persona me dé ánimos de hacerlo; también siento que mi familia y amigos están en su derecho de no querer saber sobre este lado de mí. No me molesta que hablar abiertamente de fetiches esté prohibido para muchas personas; para mí, esta es una actividad que hago en la intimidad, no en mi vida diaria.

Kevin

Me dicen que cuando tenía un año, estaba obsesionado con jalarle los pañales al vecino. Según Freud, hay niños que se quedan atorados en la "etapa anal", y creo que yo soy uno de ellos. Cuando era más grande, reté al vecino para que se quitara su ropa, se inclinara y separara sus nalgas para que yo viera qué había en medio. No estoy seguro de que se tratara de un "reto" y no de mi propia curiosidad. Cuando vi un ano por primera vez, escuché cantos celestiales. Él volteó y vio que tenía una erección. Soy un hombre gay que está obsesionado con los traseros… pero no me interesa cogérmelos. Me gusta lamerlos, nalguearlos y hacerles fisting. Me gusta darles toques con aparatos de electrofrecuencia, introducirles frutas y vegetales y abrirlos con instrumentos de proctología. Me gusta jugar con tapas de inodoro y bolsas de enema —y no me preocupa hacer un desastre— pero esos juegos comunes no son suficientes. Por un tiempo, lo mantuve en secreto, dado que, hoy en día, los hombres gay parecen obsesionados con cumplir hablar sucio por Grindr u otras aplicaciones como "TOTAL TOP!" [totalmente arriba] o "100 PERCENT BOTTOM!" [100 por ciento abajo]", como si no conociéramos otra actividad más que insertar el pene en un ano.
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Tengo un podcast llamado RISK! donde la gente cuenta historias verdaderas que nunca creyeron atreverse a compartir en público. Cuando llevaba año y medio en el programa, alguien me retó a pasar un fin de semana en Dark Odyssey, un campamento BSDM en Maryland. Cuando regresé a casa grabé una historia de 90 minutos llamada "Kevin va al campamento Kinky" para el podcast. Antes de ese momento, nunca había estado tan "afuera" del clóset respecto a alguna parte de mi vida sexual, tanto para los extraños que escuchan mi podcast como para mi familia. Mis padres no saben de mi fetiche. Ellos no saben cómo descargar podcasts, así que no corren ningún riesgo, creo que sólo les emociona que por fin esté haciendo algo exitoso y significativo, aunque no quieran ir al meollo del asunto. Miles de personas me han contactado para decir que mi podcast salvó sus vidas. Cada día recibimos emails que dicen cosas como "Tenía ganas de suicidarme… pero luego escuché esa historia y me di cuenta de que no estoy loco después de todo", o "Nunca pensé que tendría algo en común con la gente que hace cosas de ese tipo, pero el viaje emocional por el que me llevaste me hizo sentir un cambio".

Latex

Me involucré en el pony play (actividad donde tú o tu compañero sexual asumen el rol de un caballo) cuando tenía nueve años. Cada noche me ataba en la boca una "pedacito" de cable. Mantenía mucho cable enrollado debajo de mi cama. Mi pasatiempo de locutor amateur era un excusa para explicar lo del cable. La primera persona a quien se lo conté siendo adulto fue un compañero cercano de mi trabajo. Estábamos en un viaje de negocios y estábamos un poco ebrios. Me emocioné cuando vi que le compartía mis mismos intereses, pero era un gran riesgo que pudo haber sido contraproducente. Me alegra que haya resultado de maravilla, pero creo que no lo haría otra vez; podría haber arruinado mi carrera. Mi hermano, por otro lado, se enteró por accidente. Vio fotos de mi fetiche en mi computadora. Le expliqué lo que era, pero no lo tomó muy bien. Me dijo que tengo el derecho de hacer lo que quiera, pero que no quería verlo nunca más. El resto de mi familia lo sabe, pero no quiere oír nada al respecto.

Lance

Mi primer fetiche fue con las pantimedias. Probablemente tenía cuatro años cuando mi madre me llevó a una de sus clases de jazz. Tuve que sentarme en una combi con mi mamá y todas sus amigas que llevaban leotardo y pantimedias. Más tarde, a los 12, alguien me contó un mito urbano sobre un montón de porristas que pusieron en cuatro a un chico de su preparatoria y le metieron un palo de escoba por el ano. La historia en verdad me excitó. Todavía no había empezado a masturbarme, pero sabía que eso me ponía cachondo. Posteriormente, desarrollé un fetiche con mujeres usando pantimedias, medias de red y leggings; mujeres que excitan a hombres lastimándolos, y cosas como la feminización masculina (una forma de humillación erótica que consiste en cambiar el rol de género masculino a género femenino) o una variante llamada "bimboification" que es lo mismo, pero más atrevido.
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Cuando tenía 23 años, un amigo vio mi historial de internet, y supongo que eso me "delató". A él sólo le pareció gracioso, pero eso me avergonzó y me puso mucho a la defensiva en ese entonces. Yo le dije: "también me gusta el porno normal", cuando en realidad me masturbaba con porno fetichista la mayor parte del tiempo. Me preocupaba que le dijera a otras personas. Si lo hacía sería la comidilla y las chicas perderían el interés en mí. No quería que las mujeres pensaran "Él sólo va a querer cogerme con medias". Me preocupaba que la gente no lo entendiera. Fue hasta que tuve un rompimiento particularmente doloroso con una chica que todos se enteraron. Fue el momento en el que dije "Al diablo". ¿Qué sentido tenía pretender ser alguien más? Empecé una compañía de porno fetichista, y grabé videos donde me golpeaban en las bolas, me masturbaban y me penetraban mujeres en pantimedias. Los subí a internet y gané mucho dinero con ellos. Después de que el negocio despegó, le conté a mi hermano y a mi cuñada. Me tomó por sorpresa la tranquilidad con la que reaccionaron. Mi hermano quería saber, principalmente, si lo que hacía era seguro y legal. Ambos acordamos no decirle a nuestros padres. Poco después, mis padres vinieron de visita e hicieron preguntas como "¿En qué trabajas?" y "¿Cómo es que ganas dinero? Mis respuestas fueron vagas; les dije que vendía software —algo que hice por un tiempo antes del porno— pero juntos completaron el rompecabezas. No recuerdo si me buscaron en Google o alguien les mandó un link, pero me descubrieron. La primera escena que vieron fue a una chica trans cogiéndome y eso los sacó de onda. Después lo olvidaron, y ahora estamos bien, pero me pidieron que no volver a mencionarlo nunca más. No creo que uno decida qué cosas lo excitan, pero si decides a quien contarle. No tienes que contarle a todos, siempre puedes disfrutar tu fetiche en secreto. Sigue a H. Alan Scott en Twitter.