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Un volcán de basura en Canadá lleva más de ocho semanas en llamas

La manera más factible de apagarlo cuesta 2.2 millones de dólares y tardaría 30 días. Mientras deciden, los habitantes de Iqaluit respiran monóxido de carbono, sulfuro de hidrógeno y mercurio.
5.8.14

El humeante "dumpcano" en la hermosa ciudad de Iqaluit. Foto por Anubha Momin, vía Finding True North.

Un basurero de Canadá, conocido como el “dumpcano”, está peor que nunca.

Por más de ocho semanas, el basurero de Iqaluit, (apodado “dumpcano” después de que el jefe de bomberos de la ciudad lo comparó con un volcán de basura), está en llamas. Aunque, para ser exactos, ha estado echando fuego desde enero, cuando una imagen térmica reveló que una pila de basura había estado quemándose en lo profundo del interior, como un dragón con indigestión. Hizo “erupción” y las llamas se hicieron visibles en mayo 20. Éste es el último de inumerables incendios por quema de basura que los ciudadanos pueden recordar.

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Nunca se apagó.

Por años, el este del Ártico canadiense, capital de Nunavut, ha sido afectado por la quema de basura en términos de salud pública. Hasta 2002, la ciudad quemaba su basura constantemente a cielo abierto. Un grupo de ciudadanos preocupados demandaron a la ciudad y decidieron dejar de quemar sus desechos domésticos (baterías, llantas, sobras de comida, bolsas de plástico) indiscriminadamente. Sin embargo, desde entonces el gran tamaño del vertedero ha ocasionado la presión requerida para que se dé una descomposición anaeróbica que, mezclada con compuestos orgánicos, químicos y desechos, se convierte en algo muy inflamable.

Sucedió hace un mes. El ultimo “dumpcano” fue en 2010 y tomó 36 días y tres tandas de 800 mil litros de agua para apagarse. Duró más del doble que el famoso basurero incendiado que puso a Hagersville, Ontario en el mapa, que estuvo en llamas por 17 días. Además, el “dumpcano” de Iqaluit es cinco veces más grande que aquel.

Mientras escribo, las llamas están tranquilas, pero los rezagos del “dumpcano” han dejado un paisaje igual al que deja un volcán después de hacer erupción; una gigantesca capa de ceniza. Como residente puedo decir que, la mayoría de los días, si el viento está soplando hacia afuera de la ciudad, estamos libres de respirarlo, libres de pensar en eso. (Los vientos predominantes son de norte a sur, mientras que el vertedero se encuentra al oeste de la ciudad). Pero, si la corriente atraviesa el lugar, los hogares, oficinas y colegios se cubren de un olor a plástico quemado y fogata. Es cuestión de azar. El resultado: la pila de basura que antes medía 40 metros de alto por 160 de ancho se redujo a una cancha de fútbol de dos pisos.

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Este vertedero no sólo represenra uno de los incendios más largos del planeta por quema de basura, sino que también se encuentra en una categoría extraña, ya que menos del 5 por ciento de los basureros se incendian por combustión espontánea. A diferencia de otros rellenos sanitarios que se prenden por incendios provocados o por accidentes, este “dumpcano” se encendió de manera natural. Patrick Foss-Smith, de la publicación en línea Waste Management World, explica: “una superficie caliente enterrada, resultante de una descomposición biológica u oxidación química, puede producir un incremento en la temperatura”. Pudo haber sido cualquier cosa. Baterías de mercurio, trapos envueltos en aluminio, botes de alcohol o insecticida.

El doctor Tony Sperling, ingeniero, presidente de Sperling Hansen Associates, y diseñador ocasional de rellenos sanitarios, dice que éste “es uno de los peores ejemplos de vertederos en Norteamérica del momento. Tal vez uno de los peores en toda América”.

Sperling, quien ha extinguido con éxito 30 incendios de basura, elaboró una lista de pros y contras para evaluar qué tanto se quieren deshacer de este basurero, y lo comparó sus costos y riesgos, tanto ambientales como personales. (Nota: Sperling nos dijo que él mismo fue un costo analizado ya que gana 350 dólares por hora en su cargo).

La solución más apropiada es básicamente cortar la cabeza del “dumpcano”, agarrar esos de basura encendida y meterlos en un estanque de agua salada para depués echar más agua salada a las entrañas del incendio. Y hay que repetir esta operación por 30 días. El costo: 2.2 millones de dólares.

De la página de Facebook "Stop the Dump Fires" ("Detengan la quema de basura). Foto por Shawn Inuksuk.

Durante años, los desechos sólidos de Iqaluit han ido creciendo. En primer lugar, la ciudad ha aumentado su población desde 1999, de 3,000 a 8,000 residentes. Por otra parte, el reciclaje es casi nulo en la ciudad, con excepción de algunos lugares que reciclan latas y botellas de vidrio. No hay clasificación de los desechos. Adicionalmente, el relleno sanitario, que además no debería llamarse así porque está por encima de la tierra y no es un relleno como tal, debió haber dejado de recibir basura hace más de una década. El sitio fue aprobado en 1999 con una temporalidad de cinco años de uso. Hoy, ese lugar continúa recibiendo cerca de 26 toneladas de basura por día.

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Por su lejanía, el reciclaje en Nunavut es muy complicado. El transporte marítimo de cartón puede tener un valor neto de $400 por tonelada en el sur, pero transportarlo de Iqaluit a las fábricas de reciclaje del sur puede costar $500 dólares por tonelada. Sin reciclaje, los desechos no tienen a dónde ir sino a la cima de este relleno sanitario. Mientras el lugar, que debió ser temporal, llenaba su capacidad, Aboriginal Affairs and Northern Development Canada (AANDC) probaron el agua en Koojessee Inlet, un lugar adyacente. En 2012 encontraron altos niveles de amoníaco, metales tóxicos y otros elementos de polución. AANDC revocó la licencia de agua potable para Iqaluit (la que surtió a la ciudad sin permiso por dos años), y advirtió a los cónsules que podían recibir altas multas y hasta ir a la cárcel por esto.

En su “humilde opinión”, Sperling dice que Iqaluit gasta menos de la mitad de lo que debería en el tratamiento de residuos sólidos. La cantidad invertida es muy baja, ya que en el Ártico los costos de logística y trabajo se duplican.

Así sucede en todo Nunavut, ya que, debido a su aislamiento, las comunidades encuentran que la mejor solución es quemar basura emitiendo monóxido de carbono, sulfuro de hidrógeno, metales pesados como mercurio y otras partículas.

“Tengo grandes preocupaciones sobre la quema abierta de basura” dice Sperling. "Se liberan muchas cosas insalubres. Las personas no tienen idea de lo que respiran”.

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Además de las obvias afecciones a la salud, este “dumpcano” tiene efectos incalculables en la ciudad. No es bueno para la imagen de Iqaluit. El humo de las pilas de basura es lo primero que se ve y huele cuando se llega al lugar. Eso es algo malo para el turismo de Nunavut, que depende de la reputación del Ártico y sus paisajes. La gerente de Nunavut Tourism, Colleen Dupuis, dice que aún no ha tenido un gran impacto, pero algunos centros de atracción y museos han cerrado debido a las cantidades de humo. Dupuis dice que el “dumpcano” se ha convertido en un punto de turismo: “algunas personas quieren ver cuando se tape”.

En junio se pospuso la limpieza de la ciudad, ya que advirtieron oleadas de vientos que soplarían el humo hacia ésta. Lo irónico, como lo expresaron en las redes sociales, es que “hay tanta basura quemándose que para qué recoger más basura”.

Una mirada más cerca y dramática del "dumpcano". Vía Youtube.

Sperling dice que la solución es obvia. Iqaluit podrí conservar hasta el 50 por ciento del vertedero si las personas separaran la madera, el papel y el cartón en sus hogares, antes de que lleguen al relleno. Esos materiales pueden ser quemados limpiamente. Los plásticos y metales podrían ser comprimidos y enviados a chatarrerías.

Hablando de quemar basura intencionalmente, una de las mejores soluciones es la incineración. Iqaluit invirtió, este año, medio millón de dólares en un proyecto piloto de gasificación que puede calentar la basura a 1000°C y procesar 500 kilogramos de desechos por día.

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“Genial” dice Sperling. “Pero si vas por ese camino, anda con mucho cuidado”.

Él dice que para las grandes economías no tienen sentido la incineración en centros pequeños como Iqaluit. Requieren de técnicos altamente preparados para operar, arreglar, limpiar, etcétera, y aún así se necesita de alguien que maneje los residuos tóxicos de las cenizas del relleno.

Pero, como criaturas de hábito, el verdadero reto está en hacer que los residentes aprendan a separar, conscientemente, los residuos domésticos, de acuerdo con el jefe de bomberos, Luc Grandmaison. Lo triste es que ahora, el basurero a donde van a parar esos desechos es un “dumpcano” que lleva quemando basura por más de ocho semanas.

La cantidad de atención local y nacional que en torno al incendio han puesto en la mira al jefe de bomberos. Grandmaison quería, en un principio, que el fuego se consumiera sólo. Apagar el incendio implicaría desviar grandes cantidades de agua potable (de la que dependen los hogares de Iqaluit). Además, el vertedero tiene unos bolsillos de aire muy profundos que pueden colapsar o tragarse a los bomberos que están en la superficie.

“Luc es un buen hombre”, dice Sperling, quien asegura saber cómo es la cosa. “Tiene un gra problema, no por su culpa. Siento su dolor”.

“Todo el mundo es un experto en rellenos sanitarios”.