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Cultură

And Now This: Author Elizabeth Wurtzel Reckons with Breast Cancer

"So I have breast cancer, which like many things that happen to women is mostly a pain in the ass."
6.2.15

Así que tengo cáncer de seno, lo cual resulta ser, como muchas de las cosas que nos suceden a las mujeres, un suplicio. Pero comparado con tener 26 y estar loca y esperando a que un tipo te llame, no está tan mal. Si puedo manejar 39 separaciones en 21 días, puedo sobrevivir al cáncer. No lo digo porque yo sea una persona fuerte o porque mantenga una actitud positiva ni nada de eso—a Dios le consta—. Yo creo en tomar las cosas de mala manera y en hacer escándalos sin razón—pero eso no es malo. Todos los genios están buscando una cura para el cáncer y el cáncer de seno en una etapa temprana es algo que ya tienen resuelto.

¡Y a todo el mundo le importa! ¡La gente ama el cáncer! Me encantaría poder decir que la gente me ama a mí, pero ese no es el caso. Sigo recibiendo llamadas de viejisimos amores y amigos largamente extraviados con una loca preocupación por mi estado. Y yo estoy bien. Todo el mundo quiere ayudar. Todo el mundo me pide que hable con su primo segundo, que es oncólogo y vive a 1.000 kilómetros de distancia. El cáncer es popular y yo no tenía idea. Durante al menos diez años no pude parar de llorar, lo cual es terrible porque para eso no hay cura. Toda mi vida tuve problemas —un montón— sin respuesta. Finalmente me he encontrado con un problema con solución. A comparación con las cosas por las que he tenido que pasar, esto no es nada. Lo que estoy tratando de decir es: ¿Qué es lo que me falta vivir comparado con lo que ya he vivido? No es nada. Tengo 47 años y ya mucho me ha pasado. Esta es una cosa más. Es otra prueba. Otro aro en llamas que debo atravesar.

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Siempre hay algo que probar.

Tengo la mutación del gen BRCA, la maldición de los judíos Ashkenazi— y Angelina Jolie. Significa que soy propensa a volver a tener cáncer si no hago algo para detenerlo, así que, en lugar de remover el tumor, voy a hacerme una mastectomía doble con reconstrucción. Es bastante impresionante, hacen las dos cosas al mismo tiempo. Entras con cáncer de seno y sales con tetas de stripper. Y, por ley, el seguro paga por el mejor cirujano. Por Dios, incluso el seguro social debe las reconstrucciones de seno de algunas personas. Cuánto hemos avanzado. Todas esas cintas rosadas y medias maratones dieron resultado. Vivimos en un mundo increíble. Siempre me sentí como una 34D en el cuerpo de una 34B, al fin es una realidad.

Todos los cirujanos minimizan el dolor, que para ellos es simplemente un riesgo ocupacional. Para los cirujanos una decapitación no es nada grave. Yo no estoy de acuerdo. Me imagino que recuperarse de una doble mastectomía puede ser bastante desagradable. Los cirujanos dicen: "El Tylenol puede ser suficiente, y para la segunda semana vas estar bailando al ritmo de El lago de los cisnes, tal y como lo hacías antes". Yo aspiro a alimentarme de Vicodin por unos cuantos días.

La mutación del BRCA afecta a un 0.25% de la población y a un 2.5% de los judíos Ashkenazi, así que es diez veces más posible que afecte al 2.2% de la gente que compone el 25% de los estudiantes de Harvard. Seguramente a eso se debe que hayan sido precisamente ellos quienes descifraron que hacer con el cáncer de seno. Si esta mutación afectara así de desproporcionadamente a los presbiterianos, ellos solucionarían el problema con demasiados martinis, y las mujeres seguirían muriendo por el cáncer de seno. Afortunadamente, ese no es el caso.

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Me doy cuenta de que estoy lidiando con el cáncer, que es algo complicado y que mata a la gente. Aún ahora podría matarme a mí. Aún no sé si la enfermedad se ha extendido a otras partes de mi cuerpo. Aún no se muchas cosas. Desde que fui diagnosticada, he tenido que lidiar con información desagradable y aterradora de cuando en cuando. Pero he pasado por muchas cosas y ni siquiera me refiero a que vivía al lado del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, pero eso también. No es como si nada pudiera equipararse con ver aviones estrellándose contra rascacielos, pero buena parte de mi vida se ha sentido extrema y repentina. Me pasaría los días consumida por los sentimientos, llorando todo el tiempo, hablando acerca de lo que me indispone, encontrando a nuevas personas para que me escuchen, buscando nuevas formas de describir todo aquello que me sobrecoge. Estoy acostumbrada a hacer mucho alboroto por nada. Incluso soy buena en ello. Tuve una apoteosis emocional en julio de 1987, cuando estuve segura de haber sentido más de lo que ningún ser humano había sentido antes de mí. Yo y mis sentimientos. Podría vaciar espacios enteros con mis sentimientos. Podría llenar espacios con mis sentimientos. No sé cómo hubo espacio en el mundo para cualquier cosa aparte de mis sentimientos.

Pero con cada momento la intensidad ha venido disminuyendo y ahora me encuentro en equilibrio.

Cuando tenía 31 años, me recuperé de una grave adicción a las drogas, fue lo más difícil a lo que haya tenido que enfrentarme. Si hubiera sabido lo difícil que es dejar una substancia que ya es parte de tu cuerpo, me hubiera dado por muerta. El primer año que estuve sobria creí en Dios con la creencia de un niño porque cada día que pasara sin un gramo de cocaína era un milagro. No intenté nunca convencer a nadie de tener fe, pero nadie me podía quitar la mía y nada me haría dudar de ella. Estaba adolorida constantemente, pero sentía a Dios en todas partes. Eventualmente, la vida volvió a ser la cosa cotidiana que realmente es y que debería ser. Ahora creo en la ciencia no en la magia. Había estado buscando esa sensación por todas partes desde entonces.

Tal vez estas situaciones desesperadas lleguen porque solo sacamos lo mejor de nosotros cuando no nos queda otra opción. Nunca somo tan libres como cuando corremos por nuestras vidas.

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