
Foto vía Branzattack.
*troso.
Mi visión de Tijuana––y supongo que mi visión de México––siempre se ha basado en una perspectiva foránea. Crecí y viví la mayoría de mis años en California. Tan solo llegué a conocer la cuidad desde afuera, como la cuna del boom, la calle esa de los congales, ese shantytown de El Norte, ese rave enorme y perpetuo. Tijuana, para mí, siempre fue tan ficticia como real. Una semblanza construida por mitos, sueños, deseos y… pues… trasheo.
Tijuana no existe. O bueno, por lo menos no esa Tijuana que tanto se vende. Por más que te avienten (*ahem* aventemos) movimientos culturales, musicales, burros rayados, casinos, cristal, comunidades clandestinas, putas baratas, jamás te acercarás a la imagen completa. (¿Algún escritor circa "boom" que ya haya escrito esta idea de una manera más elocuente y exacta? Se buscan citas y referencias)
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