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Cultură

El hombre-orquesta del cine regio

Platicamos con Marcelino Calzada, un realizador under de Monterrey.

Por más minúscula que sea la ciudad en la que estemos, hay una parte de nosotros que sueña con entregar a su respectivo palacio municipal a las llamas. Que se imagina fuegos cruzados en los pasillos de los mercados urbanos más cochinos o le pone pistolas en las manos a los cajeros amargados que te llegan a joder el rato.  

Algo así es el trabajo de Marcelino Calzada, director de cuatro largometrajes independientes de acción cuyo sello es el corazón de Monterrey. Pero funciona al revés, con historias que son como promocionales antiturísticos: postales de violencia con el Cerro de la Silla de fondo, el entramado del narcotráfico y la vida cotidiana en la ciudad todavía industrial, y el errar de la clase media y la marginada, protagonista si acaso de la peor televisión local.

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En sus 15 años de hacer largometrajes, Marcelino ha sacado sus jales a dobles turnos, haciendo las cosas como se le da a entender, con ayuda de sus amigos y un presupuesto limitado salido de su propia bolsa. Sus cuatro películas —Los antihéroes, MTY Extremo, Amado y la más reciente, En la ciudad de la furia, estrenada este año en selectas salas de cine a nivel nacional— muestran la cara de un Monterrey con el que nadie ha querido trabajar.

Y hay algo de profeta en su trabajo: tres de sus películas ya hablaban de una ciudad jodida desde la raíz antes de los desmanes causados en el espacio público por la violencia y la guerra contra el narcotráfico de Calderón. Aunque son inevitables la comparación con las películas de los hermanos Almada y menciona a Christian González y al mundo del videohome, se mantiene al margen: lo suyo es la búsqueda de la pantalla grande, más Duro de matar que mexplotation.

En una plática extendida, oscilando entre la honestidad y la ingenuidad, Marcelino habló tanto de Monterrey como de su carrera y sus tropezones. En su caso concreto, los tres temas parecieran ir siempre de la mano.

VICE: No sé si quieras contarme cómo empezaste a hacer tus propias películas. Es como un paquete enorme, si no es que el paquete más grande que te puedas echar.
Marcelino Calzada: Estudié en la universidad, comunicación. Desgraciadamente por cuestiones económicas no pude estudiar la carrera de cine, pero siempre traje la intención de contar historias.

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Escribía guiones sin saber que eran guiones en ese tiempo. Y en la universidad, en la primera ocasión en la que me pude hacer de una cámara, una VHS, lo primero que hice fue escribir un guión largo e hice un largometraje. No tenía el concepto de cortometraje. Hice Los antihéroes en VHS, con algunos amigos. Obviamente no quedó algo muy presentable que digamos, pero era un largo. Fue en el ‘96.

¿Cuántos años tenías cuando hiciste esto?
Veintidós, 23 años. No era parte de un proyecto escolar. Fue por cuenta propia.

Y de ahí, bueno, me sirvió mucho ese trabajito para agarrar chambas empresariales y todo eso. Me puse a trabajar. Hasta ahorita he hecho 600, 700 videos de todo tipo, empresariales, musicales, comerciales; he hecho televisión, siempre como productor.

Ya en el 2000 me entró la cosquillita de hacer un largo y fue cuando comencé a planear MTY Extremo. No tiene así una gran calidad técnica, pero es otro largo que está en el mercado.

Amado creo que ha sido la historia más bonita que se ha podido colocar. Se llevó su tiempo, batallando con los actores aquí en Monterrey. No hay mucho de dónde escoger. Algunos te quedan mal. Amado se hizo cuatro veces…

¿La filmaste cuatro veces?
No toda obviamente, pero sí. Hubo cuatro [protagonistas] Amados.

Eso ya es mucho.
Primero era un modelo que quería actuar, pero grabé con él cuatro días y  pensé “no va a funcionar”. El segundo fue un chavo que era cantante y grabamos bastante… pero el cuate se desapareció.

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A la madre.
Ya no vino. Yo le hablaba… A lo mejor lo levantaron. Quién sabe. No volví a salir de él.

Por lo que vi en el “detrás de las cámaras” de Amado, eres como un one-man-band: haces tanto las historias, la dirección, la edición, los efectos especiales y todo.
No hay de otra. Es la única forma en la que lo puedo hacer. Yo no puedo pagar un fotógrafo. No podría contratar un camarógrafo, sabes que esos cobran mucho. Sí me gustaría. Es cansado ir con la cámara dirigiendo.

La violencia es el tema recurrente en tu trabajo. ¿Qué es lo que te deja? ¿Por qué escoges el tema?
Es violencia cinematográfica, obviamente. Yo crecí viendo películas ochenteras. Soy fan de películas como Cobra, Comando… Era una violencia inocente. Tenía 13, 14 años. Era una violencia que no te afectaba tanto.

La violencia que yo he metido en las películas no es real. En “Amado” es violencia exagerada. En “En la ciudad en la furia”, en sí es lo más violento que he hecho hasta ahorita pero no se ve nada, todo es sugerido, ocurre fuera de cámaras.

Pero sí, ya me cansé un poco, mucho machetazo. La próxima que voy a hacer va a ser más familiar. Ahorita estoy haciendo un documental de lucha libre extrema.

Desde MTY Extremo ya hablabas de sicarios, de pelea por la plaza y todo eso… ¿Tú crees que Monterrey es una ciudad sentada sobre la violencia? Por otro lado, ¿cómo adquiriste el conocimiento de todas estas cosas que estaban pasando y que eventualmente sí resultó que sucedieron?
Sí, sí, yo me alucinaba… todo lo que escribo ha sido influenciado por otras películas. Yo jamás me imaginé que Monterrey fuera a llegar a ese extremo, de colgados en puentes. Tengo aquí 20 años, soy de Veracruz, pero para mí Monterrey siempre fue una ciudad pacífica, de gente trabajadora, muy amable. Para mí escribir esas cosas de gente matándose era un alucine.

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Como dice [el actor y amigo suyo] Mauricio Atri, “el crimen organizado se desorganizó”.

De MTY Extremo y Amado nunca tomé cosas para retratarlas. A diferencia de "En la ciudad de la furia”. [Ahí] todo son cosas que he visto, que he leído, que he vivido. Todos los diálogos son cosas que he escuchado. Hay un diálogo ahí entre dos personajes, donde están hablando de que si descuartizan a uno con un machete o una motosierra: esa es una historia que yo leí en el Blog del Narco.

Cosas que he leído de libros, no sé si conozcas a Ricardo Ravelo, ha escrito montón de libros de todo lo del mugrero que está sucediendo con Los Zetas y el Golfo. He leído todos los libros de él. Hay muchos detallitos que agarré para adaptarlos a la película.

Por ejemplo, hay una parte en la que se ve un personaje que toca un timbre y mete la mano a un agujero con un billete de 50 o 100 pesos, y le están inyectando droga por un hoyito. Eso sí ocurre. Es real. Son los picaderos de Tijuana. Nomás llegas, metes la mano con el billete, y pum, sales. Y ya. Es un autoservicio.

Como el “glory hole” de las drogas.
[Risas] Exactamente. Es la primera vez que hago una adaptación a un guión. Y es que también llegó un momento en Monterrey que había tantas cosas que veías, que te preguntabas qué estaba pasando aquí. De hecho, creo que escribí el guión estando enojado. Por eso también hay muchas groserías. Pero a fin de cuentas también tienes que dar cierto mensaje.

Es lo que le decía a la gente en la premier: tienen que verla de principio a fin, poner mucha atención; si no, no  le van a entender. Nada más ven la violencia, la violencia. Es como la película de Santana, American Me. Siempre me impacta mucho. ¿No la has visto? Esa película es todo el tiempo anticholos, antibandas, pero la gente no ve el mensaje: nada más ve lo malo. Y ahí andan vistiendo como cholos. Hacen todo lo contrario de lo que la película quiere dar a entender.

Por eso es muy delicado también. Hay que poner atención a los mensajes.