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Comida

Intenté comer las calorías de dos semanas en un sólo día

Forzarte a comer durante 18 horas seguidas es una tortura.
30.9.15
Platillos con alto número de calorías

El autor luchando por mantener la comida dentro de la boca.

La semana pasada los barceloneses vivían por y para dos cosas: aprovechar al máximo el puente de cuatro días de las fiestas de la Mercé y seguir a cada minuto las noticias sobre las elecciones del 27-S. Menos yo, yo me pasé la mayor parte de esos cuatro días luchando por sobrevivir al dolor de barriga extremo que me dio por comerme una cantidad bestial de calorías en un solo día.

Seguramente ni os acordéis pero hace unos meses empecé una dieta para subir de peso sin llenar mi organismo de mierda y me he pasado todo ese tiempo desayunando, comiendo y cenando exactamente lo mismo. Cuando digo lo mismo quiero decir EXACTAMENTE lo mismo, sin ningún tipo de variación: mismas cantidades, mismos ingredientes y mismos platos. Seguramente la gente de la oficina me vea como un loco con la nevera llena de alubias, espinacas y patatas cocidas que meto a granel en el tupper. Todo es así menos en los cheat days – días trampa – son días en los que te puedes saltar la dieta - normalmente solo una vez o dos a la semana - para que no te vuelvas loco. En esos días, la gente normalmente hace cosas sencillas, como comerse un buen asado, desayunar churros o, como hace un amigo mío, comprar dulces en todas las máquinas expendedoras que ve.

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Pero después de tantos meses viviendo en la mayor indigencia culinaria posible, un colega me enseño esto:

Si sois demasiado vagos como para darle un clic os lo resumo: es un tipo que come 20.000 calorías en un solo día de la forma más guarra y sabrosa posible. 20.000 calorías son las calorías que una persona normal comería en más o menos dos semanas, así que estamos hablando de mucha MUCHA comida y no especialmente buena para el organismo. Viene a ser algo así como celebrar que has aprobado el carnet de conducir yendo en contradirección por una autopista.

El caso es que cuando llevas tanto tiempo mirando apáticamente a tu papilla de avenas y plátano, que te ofrezcan meterte lo que te de la gana durante un día entero como parte de la dieta es algo a lo que no le vas a decir que no, además probar los límites de tu resistencia física y mental es algo que me mola, así que el miércoles me fui a comprar todo lo que necesitaba para hacer el reto sin salir de casa para aprovechar comiendo el festivo del jueves. Esto era mi compra:

En la foto se ven: 2,5 kg de helado de vainilla, 2 masas de pizza, todos los quesos posibles, nueces, varias cajas de Oreo, algunas verduras – que luego no me comí – mucho pan, harina, mermelada, mantequilla de cacahuete, huevos, pan bimbo. Faltarían el aceite y la leche – que ya los tenía en casa – y algunas barritas y bebidas energéticas que me compré luego, porque aunque no llenen ni estén especialmente buenas, entran fácilmente cuando ya no puedes más.

7:30 – 11:00– MADRUGAR PARA COMER Y VOLVER A DORMIR

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Mi madre me ha dicho toda la vida que el desayuno es la comida más importante del día. Es mucho de refranes y ya sabéis como va eso de "desayuna como un rey, come como un príncipe, blablabla". Así que me preparé una cantidad brutal de comida. Ya me habían avisado de que el desayuno era la única comida del día de la que iba a disfrutar realmente y que además era la que tenía que aprovechar más ya que tendría mucha hambre – no había cenado el día anterior – y tendría espacio para meter sin problemas entre 3.000 y 4.000 calorías,

Me levanté pronto y preparé dos platos de torrijas – una barra de pan por cada plato, seis huevos, 300 gr. de aceite y leche – tres crepes – cuatro huevos más, leche y harina – que luego llené con queso, helado y mermelada respectivamente – y una jarra de batido de Oreo, helado y leche. Después de la segunda crepe ya vi que eso no iba a ser tan fácil y delicioso como parecía y después del primer plato de torrijas mi cuerpo dijo basta. Intenté bajarlo todo con el batido. No creo que fuese la mejor opción.

Después de esto estuve un par de horas luchando contra mi cuerpo para obligarlo a comer o al menos a hacer algo que sirviese para quemar algo de lo que me acababa de meter y hacer espacio para lo siguiente, pero fue imposible, a las 11 mi cuerpo se apagó y me quedé dormido hasta las 2 de la tarde.

14:00 – 15:00 – IR AL GIMNASIO PARA PODER COMER MÁS

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Cualquier persona normal no iría al gimnasio el mismo día que planease comerse las calorías que podrían solucionar el hambre en África, pero para qué nos vamos a engañar, nadie normal se propondría hacer esta soberana gilipollez. Yo me informé antes y la verdad era que todo el mundo entrenaba – y bastante duro además – el día que decidían asaltar su organismo con tantas calorías, no solo para bajar toda la mierda que se acababan de meter sino para aprovechar al máximo todo ese extra de energía que tenían en ese momento, así que yo hice lo mismo y – sorprendentemente – no morí en el intento, ni tampoco vomité, pero sí que me llevé una acidez brutal y unas buenas agujetas.

15:00 – 19:30 – SOBREDOSIS DE PIZZA, NO PAIN NO GAIN

Mi querido compañero Pol Rodellar hizo una increíble guía sobre cómo comer pizza. PIZZA, posiblemente el alimento más completo creado jamás por el ser humano, insuperado e insuperable. El mayor hito histórico del hombre, la única verdadera maravilla de la humanidad. Pues bien, me entristece decir que me pasé sus consejos por el culo.

Ni la proporción aurea de los sabores, ni la división en ocho mágicos y simétricos trozos ni siquiera la obligada forma redonda. NADA. Esa aberración a lo que yo llamé pizza era más bien una masa con todos los quesos que había en la sección de embutidos del Lidl y nueces sin ningún tipo de proporción, sabores suaves, sabores fuertes, blando, duro, pastoso… No sé cuanto pesaba ese monstruo pero tenía aproximadamente unas cinco mil calorías – sin contar las nueces – y luego hicimos otra exactamente igual que se quedó en la mesa de la cocina el resto del día. Ante todo, mucha fe. Tenía de todo, demasiado "de todo" porque a partir del segundo trozo mi estómago se cerró y yo era incapaz de meterle más comida así que tuve que dilatar la comida durante horas, tumbado en la cama viendo series mientras mi novia me intentaba meter trozos de pizza en la boca, como la obesa a la que ceban online, pero sin que a ninguno de los dos nos excitase.

Con la pizza la cagué utilizando quesos demasiado fuertes y pastosos, el gorgonzola, el roquefort y el queso de cabra, aunque tienen muchísimas calorías y están de la hostia, son difíciles de comer y de procesar y cuando comes mucho hasta su olor te llena. Pero bueno, al final para eso tenemos el método científico: prueba y error.

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19:30 – 24:00 MERIENDA-CENA

En este punto me había metido alrededor de 8.000 calorías, era imposible llegar a las 20.000 sin vomitar o sin entrar en coma (algo que quería evitar). Para no desanimarme me puse un nuevo objetivo: pasar de las 10.000 calorías, sé que no suena tan jodidamente increíble como las 20.000 pero aun así, 10.000 calorías son las calorías que te tienes que meter en una semana, así que no era poca cosa.

Ya no podía ni mirar a la otra pizza, tampoco tenía huevos a comerme el plato de torrijas que me sobraba y todos mi planes de comer bocadillos de mantequilla de cacahuete, más creppes o cosas por el estilo a lo largo de la tarde se fueron a la mierda, no podía nada más comer más. Con esos platos hubiese llegado a las 20.000 sin problema, pero mi cuerpo estaba saturado, me dolía la cabeza, la barriga y las piernas y solo había una posibilidad de superar la barrera de las 10.000 sin morir en el intento: el helado.

Me sobraban más de 2 kg de helado que había usado para el desayuno así que decidí comerme todo lo que me faltaba. La escena era bastante lamentable – como todas las de ese día – y vendría a ser algo así.

Para acabar de rematar la faena me comí un par de barritas y lo regué todo con Gatorade, que no tiene gas así que no te llena pero te da un chute importante de calorías.

Mi suplicio había terminado.

EL DÍA DESPUÉS

Al día siguiente mi barriga era una piedra. No digo que me doliese o que lo pasase mal, simplemente era una piedra pesada que me hinchaba y me hacía parecer embarazado de cuatro meses. No desayuné ni comí porque me sentía completamente saciado y solo me comí un par de trozos de pizza – de la otra, la que se había quedado en la mesa – cuando llegué a casa a las 2 de la madrugada. Durante todo el día me daban ataques de acidez que parecían erupciones volcánicas que me inundaban los intestinos – es lo que pasa cuando te pasas comiendo casi 18 horas seguidas - además había comido tanto azúcar el día anterior que me notaba los dientes raros. Pero conseguí aguantar.

Por mucho que creas conocerte a ti mismo y a lo que puedes llegar, tanto tu cuerpo como tu mente tienen unos límites. Hay gente que los prueba escalando a pelo en la montaña y hay gente que come 20.000 – e incluso 30.000 – calorías en un día. Yo no hago ninguna de las dos cosas, pero la verdad es que nunca está demás saber hasta donde puedes llegar y qué se siente cuando intentas destrozar a tu propio cuerpo con lo que teóricamente sirve para que siga funcionando. Al final solo me reafirmé en lo que ya dije cuando hablaba de la dieta: la comida está sobrevalorada.