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Elecciones 2016

Así fue el descalabre de Ciudadanos desde dentro

Mi primer trabajo como periodista consistió en ser el corresponsal de un medio en la sede de Ciudadanos durante la noche electoral y viví la gran caída del partido de Albert Rivera.

por Vicente García Ayllón
27 Junio 2016, 7:42am

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Seis meses han pasado desde que los españoles tuvimos que acudir a las urnas para elegir un nuevo gobierno. Un nuevo gobierno que nunca llegó por la incapacidad de los partidos para ponerse de acuerdo, y como de aquellas aguas estos lodos, en el día de ayer los españoles fueron llamados otra vez a las urnas.

Mientras la mayoría de los españoles se preparaban para afrontar unas nuevas elecciones generales, pero al menos para mí, estas iban a ser diferentes: las iba a cubrir desde la sede de Ciudadanos e iba a escasos metros de su candidato a la presidencia, Albert Rivera. Las iba a vivir desde dentro.

Tenía un micrófono, un móvil, cantidades ingentes de información y la mayor de las ilusiones —no en vano iban a ser mis primeras elecciones como periodista. Pero mi ilusión y mis ganas contrastaban con la situación del partido naranja, que, según las encuestas, podría perder entre uno y dos escaños el 26 de junio.

Yo haciendo de corresponsal en medio del naufragio naranja

Al final fueron más y el ambiente resultó ser mucho peor. Las encuestas a pie de urna le daban a Ciudadanos entre 29 y 32 escaños, las más negativas incluso le daban 26 escaños. Eso eran 14 menos que el 20D, un mazazo para los de Albert Rivera, que perdían muchos diputados recién empezada la tarde. Además nadie se lo esperaba, el CIS pronosticaba entre 38 y 39 escaños para ellos, mientras que las famosas encuestas andorranas de la última semana de campaña les daban entre 38 y 42, no se sabía que estaba pasando.

Yo miraba a mis compañeros de otros medios de comunicación buscando una respuesta o una guía para entender todo aquello. Nada de lo que teníamos preparado servía, estaban todos como yo, esperando una comparecencia de algún dirigente del partido. José Manuel Villegas, Vicesecretario General, salió para calmar los ánimos ante una caída que no parecía tener fin: con el 11% escrutado Ciudadanos obtenía 24 diputados, 16 menos que en las pasadas elecciones del 20 de diciembre.

Villegas se sacó el muerto de encima y culpó a la baja participación y a la Ley D'Hont, un sistema que a su juicio les perjudicaba en exceso, tanto que Rivera abogó por cambiarla en cuanto accediese a poder, aunque eso llegaría más adelante. De momento vivíamos una especie de calma tensa de la que el Vicesecretario General no nos había sacado. Teníamos muchas preguntas que hacerle, pero solo una fue contestada, y no aporta mucho más de lo que ya sabéis, así que nos fuimos a merendar.

Puede parecer un poco frívolo, pero eran mis primeras elecciones y no podía desperdiciar el variado menú que nos ofrecían en el partido naranja.

La verdad es que tenía de todo: desde tortilla de patata hasta empanadillas, pasando por embutido variado y queso con colines. Llevaba ya unas horas en la sede de Ciudadanos y necesitaba reponer fuerzas. Más aún después de estar a escasos metros del atril donde se sucederían las intervenciones, donde se vive todo con muchas más intensidad aunque realmente no esté pasando nada.

Si dentro había poco movimiento, el ambiente fuera era desolador

Creo que debería corregir un poco la frase anterior, ya que intervenciones, lo que se dice intervenciones, hubo pocas, solo dos durante toda la noche. Pasaron más de tres horas entre una y otra, entre la de Villegas y la del líder, Albert Rivera. Para un rookie como yo la situación no ayudaba, muchos nervios y pocos datos desde la cúpula naranja.

Para C's, sin embargo, la situación fue mejorando. De los 24 escaños del principio, Ciudadanos subía a 26, luego a 29 y luego a 30. Cada escaño se celebraba como un gol en el descuento de una final de Champions League o una canasta en el último segundo del séptimo partido de unas finales de la NBA. Los pocos afiliados y militantes que se dejaban ver por la sede dibujaban una sonrisa cada vez que se ganaba uno.

Como dentro no había mucho movimiento, decidí salir fuera, a la pantalla gigante que había instalado el partido en la calle Alcalá, desde donde se podía ver incluso las plaza de las Ventas. Pero si dentro había poco movimiento, el ambiente fuera era desolador. Pocas personas se desplazaban hasta allí, y las que lo hacían tenían el mismo gesto que había visto antes en la cara de José Manuel Villegas o Fernando de Páramo. Decepción.

Me vais a permitir un inciso en este momento, ya que veo necesario señalar algo muy significativo, el gesto a medio camino de la tristeza y de la rabia en la cara Fernando de Páramo, Secretario de Comunicación del partido, cada vez que se dejaba ver por el salón. Ojos llorosos incluso. Un gesto que reflejaba a la perfección lo que estaba pasando con Ciudadanos.

En fin, sigamos con el ambiente en las inmediaciones de la sede. Poco a poco se iban acercando más personas, pero la atmósfera no era cálida y mucho menos de fiesta. Fuera, a diferencia de lo que pasaba en las sedes de los otros tres grandes partidos, no se celebraban los escaños, y comparando al compararlo sólo podía preguntarme por qué. Realmente los resultados de PSOE eran los peores de su historia y Unidos Podemos, sin sorpasso, estaban siendo también muy bajos y acabaron quedándose exactamente igual que cuando empezaron, pero aún así en sus sedes los asistentes aportaban alegría y buen rollo.

Ante ese panorama desolador, decidí volver al interior de la sede y vivir un poco con más calma mi experiencia. Me percate de que había televisiones alemanas y francesas, muchas radios regionales y mucha prensa escrita, que prefería concentrarse en la primera planta, sacrificando un poco de proximidad. En ese momento te das cuenta del compañerismo que reina en la profesión.

En varias ocasiones solicite una valoración de algún dirigente del partido y todas fueron rechazadas, el motivo: 'estaban todos reunidos'

Intercambias datos con otros periodistas, cuentas experiencias, bromeas... en definitiva, te hacen el trabajo mucho más fácil, al contrario que el partido, que en un momento así no quiere saber nada de ti. En varias ocasiones solicite una valoración de algún dirigente del partido y todas fueron rechazadas, el motivo: "estaban todos reunidos".

Decidí buscar algún afiliado o militante, pero para mi sorpresa no estaban por el salón central y solo se podían escuchar sus voces cuando Ciudadanos lograba algún escaño más.

Esperábamos a Rivera como el que espera la salida de su cantante favorito: '¿Cuándo sale?' o '¿Le falta mucho?'

Solo nos quedaba ya esperar a la valoración de Albert Rivera. Sus únicas declaraciones hasta el momento las había realizado cuando entraba al edificio con una velocidad digna de Usain Bolt: "Vamos a ver qué pasa, pero positivo". Esas fueron sus palabras, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y poniéndolas en perspectiva, quizás Rivera ya auguraba esta caída de Ciudadanos en las presentes elecciones.

Pasaba el tiempo y los afiliados iban llegando, pero todavía no se atrevían a dar una valoración. Mientras tanto, en las numerosas televisiones que el partido había colocado para seguir el recuento podíamos ver las declaraciones de otros líderes como Pablo Iglesias o Pedro Sánchez, lo que aumenta el clima de tensión entre los periodistas. Esperábamos a Rivera como el que espera la salida de su cantante favorito: "¿Cuándo sale?" o "¿Le falta mucho?" eran las palabras que más se repetían a mi alrededor. Las respuestas: "En diez minutos está aquí". Pero esos diez minutos son como los diez minutos del "ya estoy llegando" o el "no queda nada para llegar". En definitiva, una eternidad.

Mientras tanto, Ciudadanos conseguía llegar a los 32 escaños, un resultado mucho más positivo del que se esperaba al principio de la tarde, cuando obtenían 24 diputados con el 11% escrutado. Las inmediaciones de la sede se llenaban, y el clima dentro empezó a ser más festivo: sonrisas y aplausos que se contagiaban de afiliado a afiliado.

Fernando de Páramo, sonriente y alegre cuando pinchaban señal de televisión, pero abatido, incluso enfadado, cuando no estaban las cámaras

El cuello me dolía ya de mirar para arriba cada vez que oía aplausos en la quinta planta del edificio, donde estaban reunidos Rivera y sus compañeros. Cualquier signo o detalle valía para prepararte por si bajaba. Solo quedaban ya por comparecer ante los españoles Mariano Rajoy, que iba a ser el único ganador de la noche con sus 137 escaños inesperados, y el propio Rivera.

Últimas pruebas de sonido y era nuestro turno. Tocaba coger sitio para escuchar su valoración, de la misma forma en que lo hace la gente el primer día de rebajas.

Todo el engranaje del partido se encarga de crear una atmósfera de alegría (ahora sí), que hace que la intervención de Rivera esté dominada por el buen carácter y la ilusión. Al igual que Villegas, criticaba el sistema D'hont y la baja participación, pero repetía una y otra vez que iban a seguir apostando por el cambio, no en vano les habían votado en torno a 3 millones de españoles.

Concluía Rivera diciendo que no quería hablar de sillones, y volvía a destacar que si las políticas propuestas en los próximos días no satisfacen a los españoles, el partido se quedará en la oposición. Llegó a la sede en torno a las 8 de la tarde preocupado, y salió de ella a las 12 con una sensación de alegría comedida. En eso se puede resumir el clima dentro de la sede de Ciudadanos durante toda la tarde-noche: mucha preocupación al principio, cierta alegría al final.

Rivera abandonaba el edificio, y la mayoría de periodistas lo hacía con él. Yo prefería tomarme un tiempo para reflexionar lo que había vivido y lo que había pasado. Las encuestas se habían equivocado, el PP había logrado un resultado tan positivo como inesperado, Unidos Podemos perdía un millón de votos, el PSOE conseguía el peor resultado de su historia, y Ciudadanos perdía 8 escaños respecto a las pasadas elecciones. Un ganador y tres perdedores, ese era el saldo de las elecciones del 26 de junio, las segundas en seis meses.

Me fui a casa meditando sobre cómo cambia la perspectiva desde fuera y desde dentro. Un ciudadano normal no se da cuenta de las sensaciones de los políticos, ya que estas varían mucho cuando hay una cámara delante. Yo lo pude comprobar con Fernando de Páramo, sonriente y alegre cuando pinchaban señal de televisión, pero abatido, incluso enfadado, cuando no estaban las cámaras. El verdadero clima de la organización, sus impresiones, solo se pueden apreciar desde el corazón del partido, su sede. El resto de declaraciones son manufacturadas y alejadas de la realidad.

Con este gran aprendizaje me despedía de mis primeras elecciones desde la sede de un partido político, unas elecciones que para mí siempre tendrán algo especial.