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Cultură

Sexo, gore y recreo: ¿Qué pasa cuando ves vídeos sexuales extremos en tu infancia?

Todos recordamos la primera vez que entramos en una página mala mientras tu madre está en la habitación de al lado de al lado. Pues bien, puede que ese momento te jodiese la cabeza para siempre.

por Joe Bish
19 Abril 2016, 3:00am


Un grupo de niños viendo la mutilación de una persona vía
Flickr

A menos que formes parte de la generación infernal de Snapchat que ve vídeos de Pewdiepie, se bebe el líquido de los cigarrillos electrónicos y habla de ser panromántico o cosas así, probablemente hayas visto un vídeo durante tu infancia que te marcó de por vida. Todos recordamos la primera vez que entramos en una página mala. Mientras tu madre está en la habitación de al lado de al lado, tú disfrutas de tu brevísima asignación de tiempo para usar el ordenador como si fueras un prisionero de guerra. Pero hoy es el día. Hoy es el día en que por fin vas a hacer clic en esa ventana con la foto de unas tetas. Unas tetas cubiertas de un líquido blanco. ¿Qué será? Pues estás a punto de averiguarlo.

La Dra. Lindsay Ip, psicóloga infantil de la clínica privada Therapy, afirma que este tipo de actividad presexual en línea puede ser perjudicial para los niños. "La primera imagen pornográfica puede ser perturbadora para los niños. Lo he visto en mis pacientes. Esas imágenes aterran a algunos niños y es posible que se queden grabadas durante mucho tiempo en sus cerebros. También aumenta su riesgo de ser sexualmente activos a una edad más temprana, de ser víctimas de algún delito sexual o incluso de ser los autores de estos".

Y el sexo no es lo único que nos puede dejar tocados. Un resultado lamentable de la "tierra de nadie" en la que se encuentran los contenidos de internet es la aparición de páginas gore. Estas páginas son las favoritas de adultos psicópatas o de adolescentes con la mente de un adulto psicópata. "Cuando crecen, disponen de más contexto y más capacidad de adaptación", afirmó Ip. "El lóbulo frontal de los adolescentes no está completamente desarrollado, por lo que estos son más propensos a actuar de forma impulsiva y sin inhibiciones. También son más propensos a ver ese tipo de cosas si les gustan, sin pararse a pensar lo que significan para ellos".

Ese fue mi caso. Al principio, la pornografía me aterraba. Todo empezó cuando entré en la página "boobs.com", que se suponía que era algo muy leve, pero en realidad no lo fue para mí. Lo primero que vi fue un montón de penes venosos dentro de la garganta de una rubia pequeña que tenía los ojos rojos y el rímel corrido. No supe qué hacer. Le pedí a mi madre que no entrara en la habitación del ordenador porque estaba jugando y "tenía que concentrarme". Después de aquello, comenzó mi periplo por el abismo del porno en internet y otras cosas. Sin embargo, cuando crecí, el porno dejó de ser algo impactante y se convirtió en un mal necesario. Aunque el verdadero momento en que sobrepasé los límites fue cuando empecé a visitar una página llamada "Ogrish" (que se convirtió en LiveLeak de la noche a la mañana). Recuerdo cientos de decapitaciones, matanzas, torturas, ahorcamientos y maltrato de animales. Pero lo que me hizo renunciar a todo fue el vídeo de un gatito. La cámara estaba en el fondo de lo que parecía ser un barril lleno de agua. Se veía la parte de arriba del barril y el cielo azul. De pronto apareció la mano de un hombre sosteniendo un gatito y lo sumergió en el agua. Al principio, el gato parecía confundido y empezó a observar el barril. Después empezó a forcejear. Tuve que cerrar el portátil cuando apenas había pasado un minuto. Es de las peores cosas que he visto hasta ahora. Su crueldad sin sentido y el deseo enfermizo de capturarla todavía me provoca dolor en el pecho.

En fin, algunas personas nos contaron historias desgarradoras de cómo perdieron su inocencia en internet. Esto fue lo que dijeron.

"Vi a una mujer chupándosela a un payaso"

En la época de la conexión por cable, cuando estaba en 5º de Primaria, me dejaban pasar una hora al ordenador después de la escuela. No recuerdo si existía Messenger, pero yo ya tenía correo electrónico, igual que algunos amigos. Acababa de leer It, de Stephen King, durante las vacaciones y eso me hizo temer más a los payasos. A una amiga también le aterrorizaban y siempre que llegábamos de la escuela, nos mandábamos correos con fotos de payasos con diálogos e historias tenebrosas que salían de nuestras mentes perversas. Poco a poco fue aumentando la intensidad; cada foto tenía que ser más aterradora que la anterior. Una tarde, cuando buscaba más imágenes de payasos, encontré una foto de una mujer chupándosela a un payaso con una sonrisa diabólica. Me quedé boquiabierta y empecé mirar atrás por si mi madre estaba cerca. Rastreé la imagen y encontré una página porno de payasos. Las imágenes tardaban mucho en cargarse. Eran como persianas que en cada despliegue revelaban otro pene u otra orgía. Compartí mi descubrimiento con mi amiga. En algún punto, mi madre interceptó los correos, puso fin a nuestra conversación y me castigó.

Creo que esas imágenes quedaron grabadas en mi mente, sobre todo la primera. Antes de eso, nunca había relacionado el sexo con los payasos. Y aun sin ver esa imagen, estoy segura de que habría encontrado la forma de alimentar mi miedo. Si buscas algo que te cause esa impresión, lo vas a encontrar, ya sea en internet o en el mundo real. Es inevitable. Tal vez haya dado alas a mi amor por el horror y los extremos en el arte. Aunque ya leía al maestro de lo macabro cuando tenía nueve años, entonces creo que mi cerebro ya estaba programado para ir por esos derroteros.—Hannah

"Me he vuelto insensible y creo que ha sido lo mejor"

Como me daba mucho miedo descargar un virus en el ordenador de mis padres, evitaba todas las páginas que no fueran Wikipedia. Cuando iba a la universidad, no tenía internet en casa, solo en los laboratorios de informática de la facultad y tenías que esperar hasta las 3 de la madrugada para tener acceso. La primera vez que vi algo en internet que me incomodó fue cuando tenía 26 años. Estaba en casa de mi amigo Jiro, quien me enseñó un vídeo de un policía vietnamita al que había atropellado un camión, partiéndolo por la mitad. Qiuero pensar que soy inmune a la mierda que hay en internet, pero ese vídeo... La expresión confundida y calmada del policía y las personas que se reunieron a su alrededor sin ayudarle me hicieron sentir muy incómodo. Esa fue la primera vez que sentí que quizá sería mejor que la gente no comparta este tipo de cosas. Al ver mi reacción, Jiro decidió mandarme enlaces a este tipo de vídeos todos los días durante casi un mes. Después de eso me he vuelto insensible y creo que fue lo mejor.—Bruno

"Como nuestro modem era de 56k, solo podía ver fotos de culos desnudos"

Empecé a ver pornografía a los 11 años. Veía solo fotos de culos de mujeres porque nuestro módem era solo de 56k y ni siquiera podía cargar un vídeo de Quicktime, así que no paraba de ver fotos de culos una y otra vez. Con el tiempo, el porno se volvió algo normal para mí. Hasta un día que nos tocó hacer clase en la biblioteca de la escuela. En esa clase podíamos pasar una hora entera en la biblioteca sin supervisión. Y esa biblioteca tenía un ordenador.

Mi amigo Max y yo corrimos al ordenador porque éramos unos chicos de 14 años y aquello era mucho más divertido que leer novelas sobre adicciones. Yo quería pasar esa hora jugando en Miniclip pero Max tenía otros planes. Max me dijo que conocía una página muy divertida y que seguro que me iba a gustar. Y como yo era un adolescente tímido y sumiso, dejé que Max tomara el control del ratón pegajoso y el viejo teclado. Lo primero que hizo fue abrir Rotten.com pero yo ya había visto todo lo que había en esa página. Como no me sorprendí, se fue directamente a otra página llamada Camel Style, creo. Según recuerdo, esa página era como el prototipo del Tumblr de Lolporn que se hizo muy popular poco después.

Había un vídeo de una pareja follando encima de una mesa. El vídeo en sí no era muy impactante, pero hubo un momento en que la mesa se partió por la mitad. Así, de repente. La pareja se queda inmóvil por un momento, confundida y sin saber qué hacer. Se veía que la mujer estaba adolorida. Pero al tipo no le importó y le metió la polla brutalmente y siguió follándola. Recuerdo que en ese momento quedé en shock porque me di cuenta de que la sexualidad masculina no conoce límites, que es algo horrible y posesivo, y que el falo lo domina todo. Tuve que fingir una risa para complacer a Max. Pero en mi mente pasaban muchas cosas.—Josh

"Me volví indiferente al porno hardcore"

Nunca me llamó la atención ver vídeos gore en internet. No porque tuviera mejores cosas que hacer —era un adolescente que vivía en las afueras, no tenía trabajo y me pasaba todas las tardes tocando versiones con la banda que formé con mis amigos—. Tenía mucho tiempo libre. Además, como la conexión a internet todavía iba por cable cuando iba a secundaria, nunca me apeteció hacer otra cosa que no fuera abrir Messenger o entrar en Hi-5 (la red social antes de Facebook).

Lo más cercano a ver violencia sexual o gore fue en televisión. A veces, cuando mis amigos de primaria organizaban noches de pijama, nos poníamos a ver el porno que daban por televisión a medianoche. Generalmente los canales normales pasaban pelis porno o anuncios de prostitutas a partir de las once de la noche. El televisor de mi madre estaba conectado al de nuestra habitación y cada vez que una cambiaba de canal, la otra también lo hacía. Era muy peligroso ver porno así porque en cualquier momento mi madre podía encender la tele y ver lo que estábamos haciendo.

Recuerdo muy bien una escena en la que hacían un acercamiento a los labios vaginales de una mujer justo cuando un tipo le metía el pene y luego empezó a ahogarla. Los dos estaban bronceados y ella gritaba de forma histérica. Mis amigos y yo teníamos apenas nueve años y no sabíamos si la chica se estaba divirtiendo o no. Como no nos gustó, cambiamos y terminamos viendo una película de porno vintage de los años 70, con un foco suave y vello púbico, pero nos aburrió. Creo que eso provocó mi indiferencia hacia el porno hardcore.—Tshepo

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