Me vestí como una idiota durante la Fashion Week de Madrid y engañé a todo el mundo

Unos me pedían fotos, otros me las robaban, me felicitaban por mi outfit y ¡me miraban con admiración!

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sep. 22 2015, 10:25am

Domingo, once de la noche. Recibo un mensaje: "Alba, eres perfecta para esto". Y un enlace al artículo de Hannah Ewens en VICE en el que cuenta cómo se vistió como una mamarracha durante la Semana de la Moda en Londres y se quedó con todo el mundo. ¿Yo? ¡¿Perfecta para esto?! ¿Por qué?! "Tienes desparpajo y sabes escribir". A continuación me explican que en menos de 12 horas vendrá un fotógrafo a buscarme y empezaremos la aventura en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. ¡¿DE DÓNDE SACO YO UN ESTILISMO ASÍ CON TAN POCO TIEMPO?!

Confié en Diógenes el encontrar algún tesoro entre las cajas de ropa que nunca abro. Un polo sacado de The Royal Tenenbaums destrozado por la lejía, shorts de cuadros con tirantes de cuando tenía 14 años y compraba en Blanco, calcetines de mi novio, leggins dorados y harapos chungos que jamás reconocería tener en casa. Al día siguiente, bien temprano, salí a explorar contenedores, Humana y bazares. En la basura encontré un bolso capaz de contagiar, como mínimo, el sida (probablemente, robado). Si su propietaria me está leyendo, que se ponga en contacto conmigo y se lo devuelvo. Ha de saber que su bolso causó sensación. Nada más llegar a IFEMA un fotógrafo se abalanzó encima de mí para sacarme fotos pidiéndome que se viese bien semejante complemento molón. Fue uno de los momentos en que más me costó aguantar la risa.

Bueno, os sigo contando el proceso de creación del estilismo. En un chino me compré un antifaz (1€) y una peluca (3,50€). Tenía ganas de una peluca y el antifaz tenía un rollito dominatrix-tortuga ninja que me hacía sentir un poco más segura para lucir el atuendo que estaba preparando. En una tienda hindú encontré tatuajes (0,50€) para pegarme en la cara y dónde hiciera falta. Se acabó el presupuesto. ¡A casa! Tras hacer un par de pruebas, me decanté por el estilo roller-mamarracha-swinger-asimétrico. Pensé en ir en patines, pero aún no sé frenar muy bien cuesta abajo. Decidí tirar de lo que soy: actriz, y construirme un personaje. Me llamaría Alexia (el nombre que me puse en adoptauntío para cotillear cuántos de mis amigos andaban por esa red) y hablaría con acento argentino.

Viajando en metro hacia el epicentro de la moda, algunas personas me sacaron fotos disimuladamente. Una mujer me miró a los ojos con mucho desprecio mientras le decía a su amiga: "qué rara va esta chica", como si yo no la escuchara estando a un metro de distancia. Algunas señoras mayores buscaban en sus maridos alguna explicación sobre mi atuendo, pero lo cierto es que no hubo ninguna reacción exagerada ni tampoco me sentí demasiado el centro de atención. La gente está muy acostumbrada a ver a Lady Gaga, pensé.

Yo, en el andén, creando mi nueva app Futuroscope.

Pero llegué a nuestra MBFWM y la historia cambió. Unos me pedían fotos, otros me las robaban, me felicitaban por mi outfit, me decían que cómo molaba y ¡me miraban con admiración! Juro que esto es cierto, vi la admiración en los ojos ajenos y flipé. Entré en el backstage y corrieron hacia mí fotógrafos de diferentes medios. Me entrevistaron para YoDona y no se me ocurrió nada mejor que decir que me gustaba vestir con ropa de cuando era pequeña, que llevaba las protecciones de patinar porque era roller, y que me ponía antifaz para ocultarme. "¿Cuál es tu instagram?". "No tengo, el instagram está demodé, tengo fotolog y estoy creando una nueva app llamada Futurescope", respondí.

Mi cara en el Instagram de YoDona con 92 Me Gusta (por ahora)

"Unos me pedían fotos, otros me las robaban, me felicitaban por mi outfit y ¡me miraban con admiración! Juro que esto es cierto, vi la admiración en los ojos ajenos y flipé."

Cada vez que se me acercaba alguien pensaba que me iban a echar, lo digo completamente en serio. Pero no, incluso profesionales de la moda que conozco, admiro y que no se dieron cuenta de mi verdadera identidad, me decían cosas bonitas y yo, repito, flipaba. "Me recuerdas a la de Kick Ass, ¿por qué vas así?", me preguntó un chico de producción de los desfiles. "¡Para divertirme!", contesté. A los cinco minutos apareció junto a tres tíos más y me dijo que eran ocho y que sólo dos tenían novia, que eligiese, que les gustaba mucho, y que uno de ellos tenía tierras. Verídico como que mi twitter es @albamessa. Busqué un poco de socorro en mi fotógrafo y pude tachar de mi lista de "cosas que hacer antes de morir": ligar en la Fashion Week vestida de roller-mamarracha-swinger-asimétrica.

Esta fotógrafa era una paparazzi de las nuevas tendencias. Se movía sigilosamente y, de repente, disparaba.

Celebritie sin Instagram, una transgresora, vaya.

Incluso profesionales de la moda que conozco, admiro y que no se dieron cuenta de mi verdadera identidad, me decían cosas bonitas. Y yo flipaba.

El tatuaje en el moflete me dio un gesto serio. Es imposible reírse sin desgarrarse la piel. Exagero, claro, pero me entendéis.

Posaba muy a tope, eso sí. ¡Y nadie se reía de mí!

Hay que admitir que por la Fashion Week de Madrid hay estilismos contra los que es imposible competir, y que mi look para algunas personas es como lo que se ponen para ir a hacer la compra. Vamos, lo casual. Fue maravilloso acercarme a su universo de una manera sana y sin menospreciar a nadie porque confieso que yo, a diferencia de Hannah Ewens, no sentí que me vestía como una idiota. Sentí que volvía a ser una niña con ganas de jugar ¡y con la posibilidad de hacerlo! Si esto tiene que ver con la moda... viva la moda.

Dadme un photocall y cambiaré el mundo.

Entrevistada por tres medios a la vez. Expliqué en qué se basaba mi estilismo. Mentí y se me fue un poco el acento argentino.

"Que se vea bien el bolso", me decía.

Pillada.

Dudé entre quedarme así o volver a ser Alba. Sigo con dudas.

Me asaltan muchas dudas. ¿Vestirse así es libertad?, ¿es querer llamar la atención?, ¿cuáles son los cánones de la moda?, ¿molar cuesta 5€?, ¿vale todo?, ¿por qué gusta lo diferente cuando tendemos por lo general a querer parecernos unos a otros? o ¿por qué vamos a comprar todos a los mismos sitios y nos mantenemos dentro de unos límites estéticos cuando en realidad nos gusta lo diferente? No tengo demasiadas respuestas pero sí una experiencia MUY divertida que me ha hecho sentir -curiosamente- poderosa, que me sigue llevando a reflexionar sobre la valoración ajena y que, en definitiva, me ha hecho mirar el mundo que me rodea con un poco más de humor.

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