Yo, en el andén, creando mi nueva app Futuroscope.
Mi cara en el Instagram de YoDona con 92 Me Gusta (por ahora)
Cada vez que se me acercaba alguien pensaba que me iban a echar, lo digo completamente en serio. Pero no, incluso profesionales de la moda que conozco, admiro y que no se dieron cuenta de mi verdadera identidad, me decían cosas bonitas y yo, repito, flipaba. "Me recuerdas a la de Kick Ass, ¿por qué vas así?", me preguntó un chico de producción de los desfiles. "¡Para divertirme!", contesté. A los cinco minutos apareció junto a tres tíos más y me dijo que eran ocho y que sólo dos tenían novia, que eligiese, que les gustaba mucho, y que uno de ellos tenía tierras. Verídico como que mi twitter es @albamessa. Busqué un poco de socorro en mi fotógrafo y pude tachar de mi lista de "cosas que hacer antes de morir": ligar en la Fashion Week vestida de roller-mamarracha-swinger-asimétrica."Unos me pedían fotos, otros me las robaban, me felicitaban por mi outfit y ¡me miraban con admiración! Juro que esto es cierto, vi la admiración en los ojos ajenos y flipé."
Esta fotógrafa era una paparazzi de las nuevas tendencias. Se movía sigilosamente y, de repente, disparaba.
Celebritie sin Instagram, una transgresora, vaya.
Incluso profesionales de la moda que conozco, admiro y que no se dieron cuenta de mi verdadera identidad, me decían cosas bonitas. Y yo flipaba.
El tatuaje en el moflete me dio un gesto serio. Es imposible reírse sin desgarrarse la piel. Exagero, claro, pero me entendéis.
Posaba muy a tope, eso sí. ¡Y nadie se reía de mí!
Dadme un photocall y cambiaré el mundo.
Entrevistada por tres medios a la vez. Expliqué en qué se basaba mi estilismo. Mentí y se me fue un poco el acento argentino.
"Que se vea bien el bolso", me decía.
Pillada.
Dudé entre quedarme así o volver a ser Alba. Sigo con dudas.