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La muerte de Zé Cláudio y María

La escena es algo sacado de una película de Sergio Leone. Zé Cláudio y su esposa, María, de regreso del funeral del padre de Zé Cláudio, entran a
2.12.11

Zé Cláudio y María en su casa en el asentamiento de playa Alta Piranheira, Octubre del 2010. La escena es algo sacado de una película de Sergio Leone. Zé Cláudio y su esposa, María, de regreso del funeral del padre de Zé Cláudio, entran a un pequeño bar al lado de un camino de tierra. El bar está a orillas de una pequeña aldea en el Amazonas, llena de casas cubiertas de polvo. Adentro, se encuentra Jose Rodrigues, un granjero que ha amenazado constantemente a Zé Cláudio durante el último mes. Zé Rodrigues ha pasado todo el día bebiendo y platicándole a todo el mundo que se esta preparando para matar a Zé Cláudio. Zé Rodrigues no soportaba ni el nombre de su enemigo. Cuando alguien mencionaba al recolector de nueces de 54 años o a su esposa, los silenciaba: “No arruines mi día diciendo ese nombre”. Los ojos de Zé Cláudio y Zé Rodrigues se encontraron cuando entraron al bar. Zé Cláudio pide dos vasos de jugo de caña de azúcar. Se recarga contra la barra, nunca le da la espalda a su adversario. Cuenta un par de chistes; todos ríen. Zé Rodrigues trata de interactuar pero Zé Cláudio no le responde. La atmósfera se tensa. Zé Rodrigues se ve desorientado. Su corazón late visiblemente a través de su camisa. Trata de no hacer contacto visual con la persona que ya decidió matar. Trece días después, Zé Cláudio y María estan muertos, emboscados por el hermano de Zé Rodrigues y un cómplice, en el camino afuera su casa. Zé Cláudio confrontando a un camionero que transporta madera ilegal. Foto por María do Espírito Santo da Silva. La grotesca muerte de la pareja, asesinados a quemarropa con un rifle de cacería, y la oreja de Zé Cláudio cortada para demostrar el asesinato, nos lleva a otros momentos violentos en la historia del Amazonas, como el asesinato del padre Josimo Tavares en 1986, Chico Mendes en 1988 y la hermana Dorothy Stang en el 2005. La mañana de su muerte, Zé Cláudio y María habían conducido a Marabá, unos cien kilómetros al sur de su asentamiento. Marabá es la ciudad más grande y más importante del interior de Pará. Una vez situada justo en medio de la selva tropical, hoy, la ciudad y sus alrededores parecen Texas y es la capital ganadera del estado. También es uno de los lugares más violentos del mundo. La tasa de homicidios es de 125 por cada 100,000 habitantes, segundo en el estado después de Itupiranga, con 160.6. En comparación, esa tasa en la ciudad de Nueva York es de 5. Cuando conocí a Zé Claudio en octubre del 2010 y lo entrevisté para la edición brasileña de VICE, ya recibía amenazas de muerte. Fueron amenazas públicas y quedaron registradas por la Comisión de Tierras Pastorales, un grupo ecuménico que defiende los derechos de los trabajadores. José Batista Afonso, un abogado de la CTP, era la mano derecha de Zé Cláudio y María a la hora de preparar los cargos contra los taladores que se establecieron en tierras públicas protegidas, y el hombre que tuvo el dudoso honor de alertarle a la pareja cuando alguien los amenazaba de muerte. “Su situación es muy seria” me dijo cuando me presentó a Zé Cláudio. La CTP publica una lista anual de activistas para la reforma de políticas de tierras que han sido amenazados de muerte; Zé Cláudio y María habían estado en esa lista desde el 2001. En los días después del asesinato, el gobierno de Pará dijo que no sabían nada acerca de las amenazas. “¿Cómo podíamos saberlo?” dijo retóricamente José Humberto Melo, delegado responsable de la investigación. Aparte de publicar las amenazas de muerte contra reformadores agrarios y activistas comunitarios, la CTP también negocía con el gobierno federal para proveer protección a los 200 nombres en la lista, ya que el gobierno actualmente sólo protoge a 30. Aún incluso después de que su protección falló, hacer que los oficiales se levanten de sus culos e investiguen es como querer hacer que una vaca baje escaleras. Hoy, Batista trabaja con la familia de Zé Cláudio y María para llevar a sus asesinos a la justicia. “En crímenes como este, la policía de Pará rara vez captura al homicida. Y todavía menos a los que ordenaron el golpe”. Policía y personal médico examinando el cuerpo de Zé Cláudio, Mayo 24 del 2011. Foto por AP. De acuerdo con el reporte de la policía local, la razón por la que José Cláudio Ribeiro da Silva y María do Espírito Santo da Silva, ambos de 54 años, fueron asesinados fue porque habían presentado cargos contra José Rodrigues, acusándole de compra ilegal de tierras en el área federal protegida conocida como Playa Alta Piranheira. Este asentamiento, donde la recolección de fruta es la única industria permitida, es parte de un programa de reforma agraria diseñado para familias pobres que dependen de la tierra para sobrevivir. Fuera de Brasil, la pelea por el Amazonas se ve como una cuestión puramente ecológica, pero aquí también hay cuestiones sociales. Este es un país donde el uno por ciento de la población es dueño de más de la mitad de la propiedad, una proporción enfermiza formada por grandes latifundios de tierra cultivable sin utilizar. La antigua selva tropical alrededor del asentamiento de Zé Cláudio y María es un excelente ejemplo de ese uso irresponsable de la tierra. La mayoría de la tierra deforestada del Amazonas se utiliza para la ganadería. El problema es que, mientras que talar secciones de la selva tropical y quemar el sobrante hace que la tierra sea muy buena como agostadero, eso sólo sirve durante tres años. Después, lo fértil del suelo desaparece, reaparecen plantas invasivas como el árbol babacu y los ganaderos se ven obligados a encontrar otra parte de la selva tropical que cortar y quemar para sus vacas. Zé Cláudio y María no solo tenían que preocuparse de los granjeros haciendo presión sobre los residentes para que se mudaran y pudieran deforestar el área para su ganado, también había taladores ilegales y productores de carbón que regularmente robaban árboles de su asentamiento. El carbón que se consigue de los árboles amazónicos se usa para producir hierro bruto, un ingrediente esencial en el acero y otros productos exportados a los Estados Unidos. Zé Cláudio había trabajado con nueces desde los siete años, recolectándolas del suelo y utilizándolas para hacer pastas y aceites. María era hija de unos granjeros humildes que también recolectaban nueces y producían comida en campos muy pequeños. “Mi padre nunca tuvo ganado. Solo vivíamos de lo que nos daba el bosque”, me dijo. Un árbol castanheiro que Zé Cláudio nombró “Majestade”, asomándose por arriba de los otros árboles en Alta Piranheira. La pareja se involucró en el ambientalismo con la creación de su asentamiento en 1997. Encabezaron a las casi 200 familias pobres que vivían en el área en una pelea para proteger la selva. Se convirtieron en activistas a través de la práctica, al defender su propiedad de la misma manera que tu papá defendería su jardín de conductores que pisan el césped. “Los problemas que tenemos comenzaron con la creación del proyecto de asentamiento. No formaba parte de ningún movimiento social. Yo vivía en mi propia esquina”, explicó Zé Cláudio. “Zé Ribamar, un vecino, me invitó a participar en las juntas, y me di cuenta de que yo era un ambientalista sin saberlo. No practico la deforestación; sólo vivo de lo que me da la selva”. A través de los años, seis granjeros con títulos ilegales fueron expulsados del asentamiento. Durante este mismo tiempo, el gobierno federal, a través del Instituto de Colonización y Reforma Agraria, prometió proveer una infraestructura básica, pero eso nunca se materializó. Sin alternativas, más y más personas en el asentamiento se rindieron, y Zé Cláudio y María quedaron cada vez más aislados. “No culpo al granjero. Culpo al empresario. Mientras más rico se hace, más poder de destrucción adquiere”, me dijo María. “La mayoría de los granjeros fueron embaucados por los ricos”. En el 2007, la industria maderera llegó al asentamiento cada vez en mayores números por lo escaso de la selva al rededor: el 78 por ciento de la cercana Nova Ipixuna había sido deforestada. También comenzó una guerra de roces, robos y engaños. Incluso Zé Ribamar, uno de los que originalmente apoyaban el proyecto, fue acusado de permitir que su hijo produjera carbón y la IBAMA, encargada de las leyes ambientales en Brasil, le confiscó una motosierra. Con la presión incrementando sobre su pequeña parcela de selva, Zé Cláudio y María comenzaron a interponer demandas. “Los empresarios se están concentrando en la región del asentamiento. Algo que no tienen permitido hacer. Así que los denuncié, voy hasta arriba y los denuncio en el Ministerio Público”. Temía el resultado: “Vamos a estar justo en su mira”. Los cargos fueron efectivos. Toda la madera que pasaba por la ciudad era inspeccionada por IBAMA. Como las inspecciones comenzaorn en el 2007, el aserradero de Tedesco pagó al rededor de medio millón de dólares en multas. Madeira Eunapolis, también de la familia Tedesco, pagó alrededor de cien mil dólares y MP Torres, de la misma maldita familia fue multada con quince mil dólares en el 2010. Mientras que las acciones de Zé Cláudio y María estaba dirigidas contra los bolsillos de empresarios lucrando de la tala y producción de carbón ilegal, los efectos recayeron sobre los taladores individuales, de aserraderos y pequeños granjeros que dependían de esta tala ilegal para vivir, y eso les ganó un buen número de enemigos, incluido Zé Rodrigues. El tronco de un castanheiro cortado y quemado para acondicionar el terreno para agostadero. Después de la muerte del padre de Zé Cláudio, el hermano de Zé Rodrigues, Lindonjonson Silva Rocha y Alberto Lopes do Nascimento, conocido como Neguinho, pasaron por el asentamiento en una motocicleta roja. “En el sur de Pará, cuando se ordena un homicidio, se cumple.” explicó Laissa, hermana de María. La mañana del 23 de Mayo, se les vio cerca de Villa Sapucaia, donde Zé Cláudio había tomado jugo de caña de azúcar cuando se encontró por última vez con Zé Rodrigues. Pasaron por la propiedad de la pareja y se detuvieron en el bar por una cerveza. Después esperaron a que llegara la noche y manejaron hasta el puente cerca de la casa de Zé Cláudio. El puente, que cruzaba un pequeño riachuelo en medio de unos árboles, estaba en un estado deplorable. Para pasar en su motocicleta, Zé Cláudio tenía que detenerse y caminar al lado de ella. El lugar perfecto para una emboscada. Al rededor de las 7:30 de la siguiente mañana, Zé Cláudio y María cruzaron el puente. Los hombres armados salieron de los árboles y primero dispararon con un rifle de caza calibre .38. La bala atravesó el corazón de María y la mano y el torso de Zé Cláudio, derribando a los dos de la motocicleta. Les dispararon una vez más a cada uno; después, de acuerdo al reporte policial, Lindonjonson tomó el casco de Zé Cláudio y le cortó la oreja con un cuchillo de mesa. Los asesinos lanzaron los cuerpos entre los árboles. El cuerpo de Zé Cláudio quedó junto a un caju de janeiro; el de María junto a una andiroba. Justo cuando se preparaban para retirarse, otro hombre en motocicleta llegó, y al ver la moto y los cuerpos, huyó para pedir ayuda. Inseguros de si los habían visto o no, los asesinos regresaron a su escondite y escaparon. Una semana después, la moto del probable testigo fue encontrara a la orilla de la selva, con buitres sobrevolando. Su cadáver estaba a unos metros. El mismo día de la muerte de Zé Cláudio y María, casi al mismo tiempo, el Congreso Nacional en Brasilia, se preparaba a votar una nueva legislación ambientalista que permitía que nuevas áreas fueran deforestadas para la agricultura. Al enterarse de los asesinatos minutos antes del voto, el senador suplente Sarney Filho del Partido Verde, tomó el podio de la Cámara de Diputados y leyó parte de mi entrevista con Zé Cláudio para VICE. “Me paro frente a este tribunal para hablar sobre una tragedia que sucedió el día de hoy”, dijo, anunciando sus muertes. Mientras leía las palabras de Zé Cláudio de hacía medio año, donde defendía los derechos de los habitantes del asentamiento y predecía su propio asesinato, el senador fue hostigado por los granjeros en el auditorio de la cámara, que habían ido a ver como aprobaban la nueva legislación agraria. Cuando los “buuu” llegaron a Sarney, su cara se llenó de ira y gritó: “Estas pobres personas que amaban la naturaleza fueron asesinadas brutalmente esta mañana. ¿No podemos respetar por lo menos la memoria de estas personas que fueron asesinadas?”. Al final, la legislación fue aprobada; pero el despliegue de emoción del senador atrajo atención al asesinato de la pareja, y pronto se convirtió en una historia de relevancia nacional. El presidente Dilma Rousseff ordenó que la policía investigara el caso, y la IBAMA lanzó una serie de redadas para clausurar todos los aserraderos ilegales en Nova Ipixuna, los cuales son todos. Fue un buen comienzo, pero después de seis meses, es todo lo que ha sucedido. A pesar de su captura por parte de la policía federal en julio, el juez estatal de Pará se rehusó a encarcelar a los hombres acusados de homicidio. Al mismo tiempo, un juez federal decidió que no era trabajo del gobierno federal investigar el caso y también le ordenó a IBAMA que reabriera los aserraderos. Atemorizados, la familia de Zé Cláudio y María temen ser las próximas víctimas. Recientemente, alguien le disparó y mató al perro guardián de casa de Laissa, justo del otro lado de la calle de la casa de Zé Cláudio y María. La misma advertencia que le hicieron a la pareja tres días antes de ser asesinados. Vean nuestro viaje a través del Amazonas brasileño para investigar las muertes de Zé Cláudio y María, este mes en VICE.com