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Cultură

Estoy vacía por dentro

Hace poco tuve una de esas sesiones de vómito en las que te revientas algunos vasos sanguíneos y permanentemente manché mi retrete.
Ellis Jones
London, GB
12.10.11

Esta abundancia de frutas y vegetales frescos y coloridos se ven apetecibles, ¿verdad? Intenten comerlos a diario a temperatura ambiente, y luego se comunican con nosotros.

Hace poco tuve una de esas sesiones de vómito en las que te revientas algunos vasos sanguíneos y permanentemente manché mi retrete. Me desperté a las 5:00 PM medio colgada de la cama, mareada y con la lengua seca de un atasque de

champagne. Me arrastré del colchón y planté un pie en el suelo, que inmediatamente comenzó a temblar mientras galopé al escusado. Derramé ácido color Mountain Dew por todo el baño antes de tropezar de vuelta a la cama. Cuando desperté, horas después, mi cama estaba empapada de sudor. Olía a champagne vieja y cerveza mezcladas con bilis, y se sentía que había veneno dentro de mi estómago. Los gruñidos me decían: “Es hora de una desintoxicación a niveles industriales”. Sin importar el método que utilizara, sabía que no estaría feliz hasta tener evidencia física. Necesitaba ser testigo de cómo este mal salía de mi cuerpo para tener la certeza de que había desaparecido. Busqué en Google y encontré un libro: The amazing liver and gallbladder flush. Prometía reestablecer mi salud y vitalidad cagando piedritas multicolores, pedacitos pecaminosos de cereal de colores que adornarían mi trono personal con éxito. Perfecto. Mientras exploraba el libro, descubrí que el autor, Andreas Moritz, es impulsor de la medicina alternativa y un artista. Ha escrito muchos otros libros sobre la salud: Cancer is not a disease, Ending the AIDS myth y Hear the whispers, live your dream. Lo básico de esta limpieza es limpiar al hígado y la vesícula biliar de piedras. Toma seis días de preparación, adherirse a un estricto régimen de comida cruda, y es seguido por 16 horas de limpieza: cagar un arcoíris de piedritas. Tenía que tomar un litro de jugo de manzana al día porque el ácido málico ayuda a suavizar las piedras para pasarlas con mayor facilidad. Además, todo lo que comía o bebía debía estar a temperatura ambiente. Andreas dice que la comida y bebida enfrían el hígado, lo cual reduce la efectividad de la limpieza. Observar la pintura ener-chi durante una semana fue sencillo para Ellis. Le recordaba a esos libros magic eye donde cruzabas los ojos mucho tiempo hasta que aparecía una imagen de Mickey Mouse. Los primeros dos días fueron infernales. Tuve un horrible dolor de cabeza, andaba de un humor de la verga y mi comida fueron vegetales crudos que había guardado en un Tupperware. Otra cosa memorable fue pasar mi viernes en la noche comprando mi primer enema, el cual necesitaba para el final de la limpieza, e hirviendo betabeles. Pasé mi fin de semana en varias parrilladas y bares. Me sentía torturada, abandonada y salía espuma de mi boca cada vez que pensaba en una cerveza fría. Así que el sábado en la noche hice trampa y me tomé unos vodkas y un shot de whiskey. Soy débil. Para el lunes por la mañana, ya había llegado a mi día cinco de la limpieza y me sentía muy bien. Le hablé a Andreas para una entrevista rápida. Cuarenta y cinco desesperantes minutos después, aprendí que era un ávido pintor que había creado un buen número de pinturas curativas diseñadas para rejuvenecer y restaurar el chi de un órgano, y eso se logra con sólo ver la pintura. Se llaman pinturas ener-chi, se venden en su página a veintitrés dólares cada una. Colgué el teléfono e imprimí una pintura restauradora de hígado, la pegué con cinta adhesiva a mi monitor y la observé durante varios minutos cada día. No sentí ninguna energía que atravesara mi cuerpo, pero Andreas había señalado que imprimir la imagen daba menos resultados por la pixelización. Supongo que tiene sentido. Después de su primera sesión de limpieza de colon, Ellis regresó a la oficina deslumbrante y con cierta alegría en su caminar. Andreas sugiere que te practiques una limpieza de colon en preparación a la otra limpieza, así que pasé mi sexto día acostada en una mesa en un cuarto muy poco iluminado. Colocaron piedras calientes y aceite en todo mi estómago y un tubo de plástico succionaba mierda de mi culo. Fue como cagar durante una hora mientras estaba acostada y relajada y recibiendo un masaje: fantástico. Ya había bajado dos kilos desde que comencé la limpieza, y después de esto me sentía todavía más ligera. El resto del día seguí un estricto itinerario de beber líquidos asquerosos, sal de Epsom disuelta en agua y aceite de oliva con jugo de toronja antes de acostarme a las 10:00 PM. En ese punto, según el libro, debes sentir cómo se sueltan las piedras y pasan por tu cuerpo, pero en mi experiencia fue sentir que tenía muchos gases. Desperté exactamente a las 6:30 AM del día siguiente. Después de tomar mi tercera ronda de sal de Epsom, entré al baño. Mientras orinaba, apenas me di cuenta de que ya había desechado las primeras piedritas en el retrete. Sentía que estaba pasando cirrocúmulos por mi culo. Las piedras eran suaves y, como me prometieron, de todos colores: la mayoría verdes o pardas, un poco más pequeñas que una semilla de manzana, y algunas tan grandes como un chícharo. Fue algo vil, pero era prueba de que mi cuerpo había sido limpiado. Un tipo diferente de popurrí que huele muy, muy mal. Pasé el resto del día trabajando desde casa, entrando al baño cada hora, pasando cada vez menos piedritas. El gran final fue un enema autoadministrado para ayudar a sacar las piedritas sobrantes, lo que se sintió como limpieza de colon para pobres. Como mi último acto de limpieza, le hablé a una vecina que es doctora. Le expliqué toda mi semana y le pedí su opinión. Naturalmente, dudó en decir si la limpieza tenía beneficios reales y, en lugar de eso, me recomendó que tuviera una dieta sana e hiciera ejercicio para mantener mi salud. Pero también me recordó una de las grandes verdades del mundo: todos se sienten bien después de un buen cague.