Cultura

Pasamos una noche en el Carrefour 24 horas de Lavapiés en Madrid

Nos sumergimos en un hervidero de fumetas hambrientos y fiesteros con antojos inverosímiles.

por Sabina Urraca
03 Febrero 2016, 4:00am
Olvidemos las zapatillas voladoras y la ropa metalizada. El futuro ya está aquí y es una mierda. El salario mínimo es de 655 euros, respiramos humo sólido y el jamón serrano lleva leche. La ciudad nunca duerme, pero no en el sentido de urbe que rebosa vida y subidón. Estamos en un futuro distópico de jornadas de trabajo que terminan cuando a algún jefe tirano le sale de las pelotas, gimnasio a medianoche y bebés que son entregados a los cuatro meses, sin entender nada, a la fría institución de la guardería. La buena noticia es que ahora, para poder proveernos de la gasolina alimenticia que nos permita reproducir una y otra vez estas jornadas demenciales, el Carrefour de Lavapiés abre las 24 horas. Oh, Carrefour, gracias por darnos toda la noche para vagar como zombies entre las estanterías, haciendo combinaciones alimenticias demenciales que calmen nuestras almas heridas por el progreso. Si el tronar de una ambulancia te despierta a las cuatro de la mañana y en tu mente desorientada surge el antojo de una fabada La Asturiana, estás salvado. Puedes reptar hasta el Carrefour 24 horas y hacer realidad tu sueño.

En los pasillos de la planta baja, un reponedor agotado me cuenta que les han cambiado al turno de noche, pero que les pagan lo mismo que en el turno de día. Era eso o a la calle. En el piso de arriba, la chica de la única caja abierta mira angustiada la larguísima cola que debe atender. Desde que comienza la noche, no puedo dejar de ver a cada instante el rostro de mi abuelo diciéndome que no mezcle naranjas y leche, mientras por la cinta de caja van pasando las combinaciones más delirantes: Una chica enteramente vestida de negro con una calavera tatuada en el cuello paga con prisa dos bandejas de pavo y un bote de mayonesa, y se precipita hacia las puertas, esperando llegar a casa y entregarse libremente a su antojo loco de tres de la mañana. Un joven pakistaní carga con una red de cebollas y dos cartones de leche de oveja. Una pareja de pelo decolorado y ojos de fumada astronómica se lleva seis cajas de té chai, un pepino y cinco surtidos de napolitanas. Cuando espío su compra con curiosidad, apartan la mirada. Supongo que intentan evitar que los imagine dentro de media hora, engullendo hojaldre con la mirada perdida, tapados con un edredón, para después meterse en una bañera humeante de té chai y entregarse a toda clase de juegos sexuales locos con el pepino.

Un cartel en la entrada reza alegremente: "24 HORAS DE PERAS, CHUPETES, PASTA, CAFÉ...". Esa es exactamente la esquizofrenia capitalista que reina en el establecimiento de las 12 a las 6 de la mañana. Después de una noche entre sus frías luces, concluyo que Carrefour 24 horas es básicamente un hervidero de fumetas hambrientos, de fiesteros con antojos inverosímiles que se cumplen con nocturnidad y alevosía, una especie de nevera nocturna abierta, iluminando el rostro de un comedor sonámbulo. Al mismo tiempo, Carrefour se revela como el after perfecto: dentro se está caliente y seguro, y su luz congrega en la puerta a un público variopinto y chispeante, que dice grandes verdades con el habla arrastrada del borrachuzo. Pasé una noche allí y éstas fueron mis personas favoritas.

00:00

CLINT

Ha comprado tres plátanos.

"Acabo de salir del trabajo, que estoy aquí en una obra en el Centro Dramático Nacional, y me voy de fiesta. He pensado: a ver si cenamos algo. Y eso, pues me he comprado tres plátanos. No suelo venir a estas horas al Carrefour, pero me parece bien que abran 24 horas. Genera puestos de trabajo, ¿no? No estoy dentro y no sé cómo lo gestionan, pero también hay gente que sirve copas toda la noche y no pasa nada, y basureros. Esto también mola porque generas vida por la noche, y eso es guay".

01:00

FÉLIX, EVA Y LUCÍA

Han comprado una barra de pan, una bandeja de queso havarti y un bocadillo de pollo.

"Félix y yo, que me llamo Eva, somos austriacos. Somos profesores de alemán. Ella es Lucía, que es de Málaga y es amiga de Félix. Estábamos en casa de Félix, pero sólo tenía una col y un pepino. Por eso mola mucho que haya un Carrefour 24 horas, porque siempre que vengo me tomo unas cañas, me entra hambre y puedo venir aquí a comerme algo. Y también lo veo como un sitio de encuentro. Si estás solo en Madrid y no tienes nada que hacer, vete al Carrefour 24 horas. Como los bares cierran tan pronto, es normal que nos juntemos aquí. Está muy bien estar aquí, con la gente tocando la guitarra en la placita. Es un sitio estupendo para ligar, y está lleno de belleza. Por ejemplo, ahora hemos estado hablando con un bebé muy gracioso a través del cristal. Pero es una mierda para la gente que trabaja aquí. Me da mucha pena la chica de la caja, que está sola con toda esa cola de gente. Desde el punto de vista político, diría que no me gusta. No me parece bien que podamos consumir lo que queramos cuando queramos. En ese sentido hago una crítica al capitalismo, aunque te lo diga comiéndome este bocadillo de pollo. Porque al final de todo soy un ser humano que tiene hambre".

02:00

ALEXANDRA

Ha comprado unas barritas de pan de pipas, aunque ya ha comido algo de la sección de panadería, y va en busca de algo más por los pasillos.

"Me resuelve mucho esto del Carrefour 24 horas. Estoy estudiando interpretación aquí al lado, en la escuela de Cristina Rota. Los sábados hacemos función, una obra que se llama La catarsis del tomatazo. Si a la gente no le mola algo de la función, nos tira tomates. Acabamos a la una y media muertos de hambre. Acabamos todos aquí, bebiendo por la plaza, y aquí podemos comprar algo de comer. Somos como treinta personas en clase, y todos estamos en la plaza, y vamos y venimos comprando comida y tal. Solemos estar hasta las tres".

03:00

ATIKUR Y RAVEL

Han comprado una caja de galletas, café soluble, dos cartones de leche y una bebida energética.

"Vivimos cerca. Ravel no habla español, pero te cuento yo: Trabajo de camarero en la Plaza Santa Ana y salgo de currar sobre esta hora, así que suelo venir siempre a comprar cosas para tomar ahora o para el desayuno".

04:00

BERTA, MARTINA Y COCO

Han comprado un bocadillo de jamón y una macedonia de frutas.

"Venimos de un salsódromo, de bailar salsa a tope, teníamos mogollón de hambre, y como estaba abierto pues hemos venido. Hemos comprado este bocata, porque no había sushi, y frutita para que no nos dé bajonazo de azúcar. Ahora nos volvemos, que nos están esperando para bailar. No somos partidarias de esto, pero menos mal que está abierto. No hay nada más abierto, qué vamos a hacer. Si hubiera una tiendita abierta de algún español, iríamos a comprar ahí, pero no hay".

05:00

GABRIEL Y JAVI

Han comprado una bolsa de cruasanes mini.

"Vivimos por aquí. Yo soy rumano, Javi es español. Yo soy el del show de las tres cabezas de la Puerta del Sol, y Javi es el del show del gato. Hemos comprado estos cruasanes, que creemos que llevan cocaína dentro y están que te cagas. Está de puta madre que esto abra y que venda pastelillos de cocaína. Te entran las ganas a cualquier hora y está abierto. Claro que nos parece bien. Venimos cuando no tenemos otra cosa que hacer. Pero que quede claro que nosotros nos buscamos la vida honradamente, pidiendo en la calle y haciendo espectáculo".

06:00

MAMADOU

Ha comprado un yogur de beber, unos sobaos y queso cheddar.

"Me viene muy bien porque vivo aquí cerquita. Soy de Senegal. Trabajo en un polígono en Guadalix de la Sierra. Salgo de allí cuando amanece, así que vengo aquí a desayunar. Mi novia dice que hago mucho ruido por las mañanas, porque yo soy muy bruto. Por eso vengo aquí a desayunar, para no despertarla".

07:00

PEPA, MARÍA, NURIA Y EDU

No han comprado nada. Están en la entrada bebiendo una botella de vino que han traído de casa.

"Estamos súper en contra, porque no nos parece normal que estas personas estén trabajando de once a siete, y cobrando igual que si currasen de día. Nos han dicho que Carrefour está pensando también abrir 24 horas la charcutería, la pescadería y la carnicería. El problema aquí es que si esto abre, la gente compra. Opinamos que esto es una puta vergüenza. La gente no debería comprar a estas horas por la sencilla razón de que NO ES NECESARIO. Es un consumo descontrolado, capitalismo loco. En otras ciudades de Europa las tiendas cierran a las 5 o 6 de la tarde, o incluso antes. También la diferencia es que en esos sitios hay unos horarios de trabajo más controlados, están regulados, y aquí es el despiporre. Esto debería cerrar antes y la gente debería terminar de trabajar antes, pero es la pescadilla que se muerde la cola. Si nos queremos equiparar a Europa, deberíamos regularizar eso. Pero la gente es muy vaga y muy borrega, sin un mínimo de conciencia crítica. Para nosotros, no venir a comprar a estas horas es casi una cuestión de educación".

Empieza a amanecer. Mientras me alejo de la luz blanca y roja, sueño con un Madrid imposible, y que sin embargo existió. Una calle alumbrada por farolas de gas, un sereno caminando. Y, llenándolo todo, algo desconocido: el silencio de la ciudad que duerme. En una casa, en su cama, un hombre se despierta y se le antoja un bocadillo de jamón. Vuelve a cerrar los ojos, se gira y sigue durmiendo.