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Cómo respondió la ciudad alemana de Ansbach al ataque suicida del domingo

El ataque terrorista es el tema principal de la mayoría de las conversaciones que oigo por casualidad, pero el asunto se trata con una actitud tan relajada que es casi espeluznante.
26.7.16

Flores en el lugar del atentado

Este artículo fue publicado originalmente en VICE Alemania.

El piso de Antonia Kourtides en Ansbach se encuentra a pocos metros del lugar donde se estaba celebrando un festival de música y en el que un terrorista suicida hirió a 15 personas la noche del domingo 24 de julio al detonar los explosivos que llevaba en su mochila.

Esa noche, Antonia, de 21 años, se encontraba leyendo en su estudio cuando fue sorprendida por una fuerte explosión. "No hubo gritos provenientes de esa dirección, por lo que supuse que eran solo adolescentes que jugaban con fuegos artificiales. Pero cuando vi el ajetreo de los bomberos y la policía fuera, me di cuenta de que tenía que ser algo más serio", relató.

"Por supuesto, una de las primeras cosas que vienen a la mente estos días, en estos casos, es el terrorismo".

La explosión se produjo alrededor de las 22:00, muy cerca de la entrada del festival de música Ansbach Open 2016, que atrajo a más de 2.000 visitantes de toda Alemania durante el fin de semana. Esa misma noche se descubrió un vídeo en el teléfono del terrorista que mostraba al joven sirio, de 27 años, jurando lealtad al Estado Islámico y prometiendo vengarse de Alemania "por interponerse en el camino del Islam".

El ministro del Interior alemán, Thomas de Maizière, dijo en una rueda de prensa en Berlín que el atacante tenía que volver a Bulgaria —donde había obtenido en primera instancia la condición de refugiado—, pero que su deportación fue pospuesta cuando presentó documentos que probaban que el joven tenía problemas de salud mental.

A excepción de la zona que rodea el lugar del atentado, el estado de ánimo entre los 40.000 habitantes de Ansbach parece relativamente normal. Las calles empedradas de la parte antigua de la ciudad solo están un poco más concurridas de lo habitual.

Los vehículos de los medios de comunicación están aparcados por todas partes, los agentes de policía custodian las pruebas y piden con calma a los periodistas que se mantengan fuera de las zonas restringidas, y los curiosos se reúnen cerca de las barreras. En los cafés situados en la cercana Plaza Martin Luther, los vecinos se sientan a ver el ajetreo.

Las calles que rodean el lugar del atentado están abiertas al público de nuevo. Todavía quedan restos del ataque sobre algunas mesas

"Esta mañana fui de compras. Cuando volvía, me paró la policía justo en la puerta de mi edificio", cuenta Antonia. Sin embargo, al parecer el tráfico se reanudó poco después. Incluso el café en el que Antonia y yo nos reunimos por la tarde estaba lleno.

Las personas que nos rodean toman café y ríen, a unos pocos metros del lugar donde la noche anterior hubo un atentado. El ataque terrorista es el tema principal de la mayoría de las conversaciones que oigo por casualidad, pero el asunto se trata con una actitud tan relajada que es casi espeluznante.

"Si no supiera lo que pasó ayer, no sería capaz de adivinarlo por el comportamiento de las personas a mi alrededor", dice Antonia, y da un sorbo a su café. "Personalmente, estoy bien. No tengo miedo. Solo espero que los acontecimientos de los últimos días no fomenten el odio que algunos alemanes ya profesan a los refugiados".