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Alain de Botton:Yo soy ateo, pero ateo moderado. No siento la necesidad de burlarme de nadie que sea creyente. No estoy de acuerdo con el tono de algunos ateos que abordan la religión como si fuese un estúpido cuento de hadas. Yo le tengo mucho respeto a la religión, aunque no me creo ninguno de sus aspectos sobrenaturales. Mi posición quizás sea un poco inusual: soy muy respetuoso, pero a la vez impío.El problema del hombre que no cree en ninguna religión es que olvida. En teoría, todos sabemos lo que debemos hacer para ser buenos, pero cuando hay que ponerlo en práctica, lo olvidamos. Y lo olvidamos porque el mundo moderno laico cree que ya es suficiente con decirle las cosas a la gente una sola vez (sé bueno, acuérdate de los pobres, etc). Todas las religiones difieren en esto: insisten en que si la gente ha de recordar algo, hay que recordárselo cada día, quizás incluso cada hora.
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Me encantan esas “peligrosas zonas intermedias”. Me encanta fomentar ideas que son inusuales pero en el fondo esenciales.
El punto de partida de la religión es que somos niños y necesitamos que nos guíen. El mundo laico, a menudo, se ofende por dicha afirmación. Asume que todos los adultos son maduros, luego odia el didactismo, la idea de ser guiados y la instrucción moral. Pero por supuesto que somos niños: niños grandes que necesitan que les guíen y les recuerden como hay que vivir. Aun así, el sistema educativo moderno lo niega. Nos trata como a criaturas racionales, razonables y con control, pero estamos bastante más desesperados de lo que el sistema educativo moderno reconoce. Todos y cada uno de nosotros estamos al borde de un ataque de pánico y terror, y las religiones se dan cuenta de esto. Tenemos que construir una conciencia similar dentro de las estructuras laicas.
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¿Por qué deberíamos seguir con esta veneración de la ambigüedad? ¿Por qué tiene que ser la confusión la emoción estética principal? ¿Es que en realidad el propósito (si lo tiene) de una obra de arte es un signo de su importancia?¿Entonces, por qué la religión parece tener el mismo propósito que el arte?En el cristianismo no cabe duda de para qué sirve el arte: es un modo de enseñarnos cómo vivir, qué amar y qué temer. El propósito de dicho arte es extremadamente simple, y sin embargo es complejo y sutil en cuanto a la forma en que se lleva a cabo. (p.e. Tiziano). El arte cristiano tiene a un montón de genios que dijeron cosas tan increíblemente simples como: “Fíjate en ese cuadro de la virgen María si quieres recordar lo que es la ternura”, “Fíjate en ese cuadro de la cruz si quieres aprender una lección sobre el coraje”, “Fíjate en la imagen de la Última Cena para que sepas que no está bien ser un cobarde o un mentiroso”. La simplicidad del mensaje no tiene nada que ver con la calidad de la obra en sí misma. En lugar de refutar el instrumentalismo criticando el arte soviético, podríamos defenderlo de un modo mucho más convincente si recurriésemos a Mantegna y Bellini.
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