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Libros

SILVIO JOSÉ EMPERADOR Paco Alcázar RBA/El Jueves -Vaya, setenta y dos Panteras Rosas... tiene usted muchos hijos ¿no? -No, en realidad  son para mí... ejem, me gusta mezclarlas con abundante mostaza y sentir como mi...
1.12.09

CATÁLOGO DE NOVEDADES ACME

Chris Ware

Mondadori

La obra de Chris Ware oscila entre lo cargante y lo sublime. A mí es un tío que en principio me da grima por lo amargado que suena, porque como esteta es sólo relativamente interesante y porque en lo técnico me parece bordear el ejercicio de estilo; sin embargo su autoconciencia, su entrega al oficio, su afán por elevarlo a cuestión artística absoluta y sufriente, la delicadeza de sus mimbres y la fascinación natural por la miniatura me rinden a su trabajo sin posibilidad alguna de resistencia. Los que leyeron

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Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo

saben de qué hablo. Aquella serie salió de las páginas de esta Novelty Library, publicación periódica amparada por Fantagraphic Books que sería campo de pruebas para Ware, patio de recreo, inodoro y laboratorio de caprichos. Ahora se edita en castellano esta selección de material, de entre 1993 y 2001 (con nuevas adiciones, 2004-2005), que viene a recalcar que el tipo es un auténtico delineante del tedio, un cínico de cojones, un relojero evocando melancolías y aflicciones y, en definitiva, un geógrafo de interiores que nos pone en evidencia. Ware siempre ha dicho que el futuro del cómic está en su pasado, y por ello retoma y parafrasea las enseñanzas implícitas en los clásicos, en los

sundays

y las tiras de prensa, con personajes como Big Tex, Rusty Brown, The Quimby Mouse o Rocket Sam. Además, salpica el álbum de textos de lucidez delirante, publicidad de época y reflexiones de neurótico en formato variable. La lectura lineal e ininterrumpida puede resultar agotadora, pero el picoteo ocasional que el propio autor recomienda, como quien se bebe un surtido individual de licores o toma su dosis diaria de medicinas, es una gozada por lo que tiene de juego, por las sorpresas constantes y por la intensidad emocional que alberga cada página. Aunque esté feo hablar de ello, es justo mencionar que los veinticinco euros que ronda el libro es un precio ajustadísimo dada la apoteósica edición de Mondadori, que incluye tintas fluorescentes que lucen en la oscuridad, rotulación extrema, encuadernación grabada en dorado y retos varios de producción e impresión. El corte de la pasta, sin ir más lejos, contiene la tira más pequeña del mundo. Fuerte aplauso pues para, entre otros, la traductora Rocío de la Maya y la maquetación de María Eloy García, porque salieron vivas y exitosas de todos aquellos momentos ante la máquina en que debieron de mentar varias veces a los muertos recientes de Chris Ware, por otra parte un titán.

CARETOS/MUG SHOTS
Nono Kadáver
Blur Ediciones Y va otro libro de gráfica valiente, objeto también e igualmente barroco; más humilde si se quiere pero fetiche con todas las de la ley tanto por la concreción del concepto como por el mimo editor. A Nono Kadáver le conocemos colaboraciones en forma de historieta en el TMEO, en El Víbora e incluso en alguna antología guarra promovida por Fantagraphics Books, allá en los USA. Como Ware también descreído, obsesivo en la resolución, pulcro forzador del trazo, barroco y con tendencia a lo ornamental, Nono ofrece aquí una serie de ilustraciones en formato bolsillo que se alza como panoplia sarcástica del entertainment todo. En sus páginas posa en primer plano la plana mayor, local e internacional, de la escoria política y eclesiástica, de izquierdas, derechas, centros y arcenes. Todos esos hijos de mil padres. Caretos es, en puridad, una antología de retratos, pero su valor real está en su tangencia con la caricatura más brutal, en que bajo ese estilo sobrio y presuntamente contenido (warholiano por momentos) palpite sin aspavientos todo el tumulto, la rabia y la crispación existencial de, ni más ni menos, un Basil Wolverton. Nono juega con tramas mecánicas y se refugia en evocaciones retro para contarnos sin mediar palabra que no es lo mismo un supervillano que un alcaldable, y que en el fondo todavía hay clases pero que todas apestan por igual. RUBÉN LARDÍN

SILVIO JOSÉ EMPERADOR
Paco Alcázar
RBA/El Jueves -Vaya, setenta y dos Panteras Rosas… tiene usted muchos hijos ¿no? -No, en realidad  son para mí… ejem, me gusta mezclarlas con abundante mostaza y sentir como mi cerebro se separa de mi cuerpo. -Mmmm, qué interesante… ¿Le gustaría salir conmigo esta noche? El cabrón de Paco Alcázar ha vuelto a parir una obra maestra del mal gusto, un retrato perfectamente deformado de nuestra sociedad enferma, personalizado en la figura de un monstruo llamado Silvio José, siempre vestido con un abominable pijama amarillo a topos marrones que seguramente dentro de poco será tendencia. El autor ya nos dejó contentos con el maravilloso El manual de mi mente 1987-2007, que incluía íntegro el fabuloso cómic Está todo perdido y barrabasadas tales como las tiras de Don Soponcio y la criatura de Estroncio (aparecida en uno de los mejores fanzines que ha habido jamás en Barcelona, AdamSmithee) y Mecanismo blanco. Entre las manías y cretineces varias de SJ están: comer siempre comida divertida (sus salchichas marca Chispirrita y cortezas de cerdo con turrón); jugar a videojuegos situados exclusivamente en la Segunda Guerra Mundial y salir lo menos posible a la calle. Por otra parte, sus amigos son todo un poema: un profesor de autoescuela que únicamente se desplaza por el alcantarillado y escribe poemas infantiles que recuerdan a Gloria Fuertes pero que acaban con un obsesivo y repetitivo “martillazos en la cabeza, martillazos en la cabeza” y que por si fuera poco es clavado a Adolf Hitler; un crío que supuestamente tiene la misma edad que Silvio José y que no va a ninguna parte sin su “Geyperman de la suerte” que le habla; su pobre y sufrido padre que, tras el abandono del hogar por parte de la madre de Silvio José, soporta los demenciales caprichos de éste. Por último, y para completar este aberrante cuadro, está la madre, que desapareció misteriosamente en un patín de playa en el verano de hace 35 años y que cambia de personalidad según sople el viento. Tras reír y patalear con este pedazo de libro, mi conclusión es que quizá Silvio José esté como un cencerro y resulte insoportable pero también tiene las santas narices de hacer lo que muchos no nos atrevemos: “¿Ukea? Oiga, no sé cómo hacen ustedes las cosas en el Polo Norte, pero en este país, la gente que compramos muebles es porque no nos gusta construirlos… ¿Capta lo que le digo, señorita? ¿Qué?… No, no quiero que me explique usted, nada… ¡Mejor envíeme un par de famosos esclavos infantiles y que vengan a montarme la estantería ellos mismos! … sí, y dígales que no se preocupen, que tengo un videojuego repetido para pagarles! ¿Oiga? ¿Oiga?” NANDO WATERGATE