FYI.

This story is over 5 years old.

Noticias

Un BrasileÑo En… MÉxico D.f. & Nueva York

Amanda Rosa Vice: ¿De dónde eres? Amanda: Soy de un pueblo muy pequeño llamado Gravataí. Está cerca de Porto Alegre, un lugar muy bonito en la frontera con Uruguay y Argentina. Es donde hay más árboles de todas las ciudades de Brasil y...
1.12.09

Amanda Rosa

Vice: ¿De dónde eres?

Amanda:

Soy de un pueblo muy pequeño llamado Gravataí. Está cerca de Porto Alegre, un lugar muy bonito en la frontera con Uruguay y Argentina. Es donde hay más árboles de todas las ciudades de Brasil y la gente tiene una conciencia política muy fuerte. Es una parte de Brasil que, por la colonización, no se parece realmente al resto del país.

¿A qué te dedicas?

Soy modelo. Trabajaba en la tele pero ya no. Ahora dedico la mayor parte del tiempo a mi agencia de modelos.

Publicidad

¿Cómo acabó en México una chavalita tan picante como tú?

Por casualidad. Quería terminar con una relación pero me di cuenta de que no iba a ser tan fácil como decir: “Ahora odio tu cara. Adiós”. Tenía los problemas habituales en estos casos: compartíamos un coche, una cuenta en el banco, a nuestros amigos. Y me sentía asfixiada. Así que le pedí a mi agencia que me enviase tan lejos como pudiera.

¿Y cómo te va todo? ¿Eres más feliz aquí?

Adoro poder coger el autobús para ir a una pirámide. Es increíble. Estoy pensando en quedarme aquí por un tiempo. ¿Que es una ciudad del tercer mundo con una congestión constante de tráfico? Puede, pero no es nada comparado con São Paulo.

¿Te gusta el actual presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva? Mucha gente piensa que es un gilipollas supremo.

Le odio. Hizo esa campaña para ayudar a los pobres y ¿qué pasó? No fue capaz de enfrentarse a los diputados y senadores que ya había. Lula ganó gracias a una enorme campaña, pagada por partidarios en la sombra, en la que él era “el candidato del pueblo”. Era como: “Vótame, perdí un dedo trabajando en una fábrica y no pasé de cuarto curso”. Ni siquiera habla inglés. Es absurdo. Es un hombre muy limitado.

¿No estás siendo un poco cruel con el tío?

Lo diré de otro modo: tenía una compañera de habitación que tuvo un hijo y decidió dejar Brasil y venir a México. Dijo, y cito: “No quiero criar a mi hijo allí. En México no tengo esta sensación tan terrible”.

Publicidad

¿Cuál es?

El miedo a todo. Una vez, de visita en Brasil, oí la historia de un chico que murió en un fuego cruzado mientras estaba en una cafetería. Fue tan rápido que sus amigos tardaron una hora en enterarse de que estaba muerto. Desde enero hasta hoy, ha habido unos 50 casos de muertes en un fuego cruzado. Algunos de mis amigos tienen agujeros de bala en sus casas porque las peleas con armas de fuego son constantes.

Vale, pero también te pueden matar o secuestrar en México.

Aquí puedo bajar la ventanilla de mi coche para fumar un cigarrillo. Nunca haría eso en São Paulo. En Brasil, cada familia ha sido víctima de un crimen. Hace sólo unos días, mi hermano fue asaltado enfrente de su casa: sólo querían sus Converse. Le habrían matado si no se las hubiese dado. Aquí, alguien puede robarte la bici, pero en Brasil nadie va en bici. ¿Por qué? Porque seguramente te acabarían asaltando.

ENTREVISTA Y FOTO DE ZARATUSTRA VÁZQUEZ

Natalia Leite

Vice: ¿Por qué has dejado a una gente y un clima tan cálidos como los de tu tierra natal por esta ciudad tenebrosa y llena de mierdas de perro y de imbéciles?

Natalia:

Me fui de São Paulo hace unos seis años para estudiar Cine en una escuela de San Francisco. Luego me mudé a Nueva York hace dos. Las únicas oportunidades reales que tienes en San Francisco de trabajar en el cine son la industria del porno o hacer cosas de arte experimental. Así que estaba entre L.A. o Nueva York. Soy una realizadora independiente, no me gustaba del todo L.A. y decidí venir aquí.

Publicidad

¿Estás trabajando en algún proyecto interesante ahora mismo?

Acabo de dirigir un corto llamado

Dash

. Es sobre una noche en una relación de pareja y sobre investigar esos momentos en los que has estado saliendo tanto tiempo con alguien que simplemente dudas entre dejarlo o matarlo. Luego intentas superarlo. Se proyectará en Nueva York en mayo.

¿Cuáles son las diferencias entre los brasileños y los americanos que viste al llegar?

Lo que más me sorprendió es el modo en que la gente interactúa. En Brasil, la gente es mucho más cálida. Cuando saludas a alguien le besas en la mejilla aunque no le conozcas. Se considera de muy mala educación no hacerlo. Aquí, te presentas en una fiesta y nadie te dice ni hola. Me costó un poco acostumbrarme a eso. No sabía si la gente estaba siendo maleducada.

Háblanos de tu antigua vida en São Paulo.

Viví allí hasta los 18 años y me marché en cuanto acabé el instituto. Lo echo mucho de menos, pero siempre he querido vivir aquí y creo que hay cosas increíbles en Nueva York. Estoy feliz por haber crecido en Brasil porque hay mucha más libertad para la gente joven de la que hay en Estados Unidos. Ya sabes, aquí no puedes beber hasta los 21 y hay más restricciones para todo. Me siento feliz por haber tenido esa experiencia allí, ya que cuando vine aquí, a la universidad, estaba llena de críos que por fin se habían librado de sus padres y habían decidido hacer locuras y desfasar.

Publicidad

¿Has conocido aquí a algún otro brasileño que no conocieses ya de antes?

No exactamente. Hay gente de mi instituto que vive aquí, pero ya no tenemos muchas cosas en común. Aun así, quedamos a veces. No tengo mucha conexión con la comunidad brasileña de aquí pese a que es muy grande. La gente tiene una serie de ideas erróneas sobre Brasil, creen que todo es Carnaval y mujeres desnudas bailando samba. Hay algo de eso, pero no es lo único. Hay muchas cosas más.

¿Quiénes dirías que son más fiesteros, los neoyorquinos o los brasileños?

Los brasileños, sin duda. Las fiestas no empiezan allí hasta la una de la madrugada y te quedas despierto toda la noche. En muchos clubs suelen servir desayunos, y te puedes meter toda clase de drogas. Allí la gente podría estar metiéndose siempre.

ENTREVISTA DE ROCCO CASTORO

FOTO DE LESLIE SATTERFIELD