Bogotá mejor para todos... Menos para los músicos del Transmi

Esta campaña de intolerancia contra la música ha generado ruido entre los artistas que se la rebuscan en esos buses.
11.11.16

Desde hace algunos días se ha difundido a través de redes sociales imágenes de la campaña de seguridad y convivencia de Transmilenio, en la que se ve la caricatura de un músico callejero tachado por un círculo rojo y acompañado de la frase "No a todos nos gusta tu ritmo".

El letrero es parte de una campaña de "convivencia" en la que, a través de muñequitos, se busca dar consejos sobre cómo usar el medio de transporte. La mayoría de las publicidades son sugerencias sobre cosas del día a día, como por ejemplo: cómo llevar a las mascotas o cómo usar los bici parqueaderos. También se hacen llamados a hacer la fila en orden y a no colarse.

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Pero por más simpático e inofensivo que parezca este muñequito que muestra un tipo con pelo largo, chaqueta de cuero y una guitarra acústica, la verdad no lo es. Al igual que la publicidad que causó una fuerte polémica en octubre por su contenido sexista​, este mensaje anti músicos callejeros es ambiguo y excluyente.

Es evidente que a muchas personas que van afanadas, hacinadas, con hambre, estrés y cansancio en una de esas malolientes latas rojas, no les gusta cuando se sube alguien a tocar "Take Five" por millonésima vez en una melódica. O cuando aparece un cantante de rancheras desafinado acompañado de una pista mal ecualizada. O cuando cada dos estaciones se monta un grupo de rap consciencia. Y claro, este tema ha generado una problemática y una clara incomodidad en algunos usuarios. Pero decir de forma peyorativa con una imagen que denota censura, "No a todos nos gusta tu ritmo", plantea varios problemas y cero soluciones.

Para empezar con este tipo de mensajes se estigmatiza a una grupo de personas que buscan ganarse la vida, o por lo menos redondear sus sueldos, a través de la música. Gente que se toma el espacio público para compartir cultura esperando muy poco a cambio y que, más allá de a veces cantar mal o ser tediosamente repetitivos, en verdad no generan ningún daño, ni promueven la "convivencia".

Pero probablemente lo más peligroso y desatinado de esta campaña es que genera un mensaje intolerante contra los músicos callejeros. "No a todos nos gusta tu ritmo", suena excluyente y el hecho de que esté tachado como una prohibición, invita a que la gente censure está practica y alguna forma la criminalice. Un mensaje bastante triste lanzado por parte de la "Bogotá mejor para todos", en una época en la que el país pide a gritos que haya tolerancia, que exista el dialogo y que se busquen soluciones más allá de la satanización de todo aquello que incomoda a un segmento de la población.

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Durante este año hemos visto una serie de acciones por parte de la Alcaldía que nos hace preguntarnos ¿Bogotá mejor para quién? Y que nos han mostrado que la administración Peñalosa es experta en identificar problemas reales que afectan a gran parte de la población, pero acaba dándoles soluciones mediocres que a la larga dejan más problemas. Está todo el tema de la intervención del Bronx que dejó varios habitantes de calle acorralados en un caño y arrastrados por la lluvia; está el tema de recuperación del espacio público que dejó cientos de vendedores ambulantes sin trabajo, sin soluciones y con incertidumbre, lo que los obligó a exigir un cabildo público. Ahora, se lanza una declaración afronta contra los músicos del Transmilenio que no plantea ninguna alternativa y que busca eliminar una practica cultural de la ciudad. Y esto es desconocer realidades fácticas de nuestra ciudad: la gente sale a rebuscarla.

En vez de buscar una regulación que formalice esta practica y cree espacios en los que los músicos puedan tocar y la gente pueda verlas sin incomodidades, aquí simplemente se corta una vez más el problema a punta de prohibiciones, sin pensar en las consecuencias: el quitarle su fuente de ingreso a personas como el señor discapacitado que toca la flauta en el túnel de la Estación Ricaurte.

Tal vez institucionalizar la música callejera no suene como la mejor solución, pero genera una vía de diálogo que se ha aplicado en varias ciudades del mundo. El problema es que parece que Peñalosa está más interesado en ver si en Medellín se monta más bicicleta que en Bogotá, en vez de ver las decisiones administrativas que han funcionado allá. Por ejemplo, el año pasado en el metro de esa ciudad se dispusieron estaciones específicas donde varias veces al mes se le daba el espacio a grupos y músicos para tocar sin problema. Otro ejemplo es el de Nueva York, donde los músicos callejeros pueden aplicar a permisos del municipio para tocar. Incluso deben audicionar para poder presentarse en el metro, esto genera un circuito que se renueva y produce una riqueza de actos que la gente quiere ver.

Pero aquí, el gran burgomaestre, que hasta sale en documentales de urbanidad, está generando un circuito de intolerancia, donde básicamente le dice a la ciudadanía que todo lo que no te guste debe desaparecer y ya. Tal parece que nadie le ha dicho a "La Bogotá mejor para todo" que la ciudad fue declarada por la UNESCO como ciudad creativa de la música, porque cada vez se busca silenciar más y más las calles de la capital, como lo hemos visto con el cierre de lugares como La Tora Cuatro Brazos y el proyecto de prohibir los conciertos en la autopista norte.

Si "No a todos nos gusta tu ritmo" nos preguntamos, ¿cuál es ese ritmo que nos quiere hacer bailar? Porque como van las cosas podemos decir que no a todos y todas nos gusta tu administración.