Opinion

La infamia de los tales "microcachos"

OPINIÓN | Soy partidaria de que todo comienza por el consenso en una relación y que un noviazgo es como un contrato relacional en el que las dos partes llegan a acuerdos en muchos temas.
2.2.18
Collage: VICE Colombia | VICE Colombia.

Hace casi una semana, medios como Semana o la W Radio, publicaron información sobre un nuevo término que, según ellos, se está apoderando de los divanes de psicólogos alrededor del mundo: los "microcachos". Citando a psicólogos ingleses y norteamericanos, el artículo de Semana afirma que la infidelidad adquiere muchos más matices cuando se añade el componente del ciberespacio, y que actos como "seguir a un antiguo novio o amante en sus cuentas de Facebook e Instagram" o "ser muy amigable en las redes con personas diferentes a su pareja" son actualmente consideradas por muchos psicólogos como una nueva forma de ser infiel. Incluso mencionaron que "ver porno a escondidas" era un acto infiel con la pareja.

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El horror. Luego, el artículo entrevista a diferentes mujeres y hombres involucrados en noviazgos, que dan sus puntos de vista: sus respuestas no son esperanzadoras. Las mujeres afirman que en efecto sí, que un like por parte de su novio a una foto de una amiga suya representaba, más que una infidelidad, un irrespeto para ellas, y algo que ellas jamás harían por su lado. Por último, el artículo afirma que las recomendaciones de muchos psicólogos para evitar esto son las siguientes: dejar de seguir en redes sociales a las exparejas, abstenerse de subir fotos demasiado sexis y pensar muy bien los emojis antes de enviarlos.

Otra vez: el horror. Yo soy partidaria de que todo comienza por el consenso en una relación y que un noviazgo es como un contrato relacional en el que las dos partes llegan a acuerdos en muchos temas. O al menos esa es mi visión ideal de una relación y lo que trato de mantener con mi pareja. Y si bien dos personas pueden acordar que dentro de su relación no van a tener sexo con alguien más, esas mismas dos personas también pueden acordar no darle likes a fotos de terceros, o no seguir a exparejas, ya sea por "respeto", por evitar malentendidos o por lo que sea.

Esos acuerdos existen, los respeto y lo entiendo. Pero no deja de ser preocupante —por no decir alarmante— que esa visión posesiva del amor que abunda tanto en Occidente, donde el otro me pertenece en todo aspecto por ser novio mío, como un objeto, se esté trasladando también al mundo virtual con un discurso igual de nocivo y tergiversado, oculto detrás de terminologías inocentes como la palabreja "microcachos". No me voy a ir al extremo y decir que nunca me han dado celos conversaciones que mi novio ha tenido con amigas ni tampoco que no he cometido el grave error de revisar sus conversaciones en Facebook, algo de lo que me arrepiento enormemente. Pero estas molestias no pueden normalizar un comportamiento prohibicionista y posesivo de mi parte.

¿Qué justificación tendría yo para pedirle a él que no viera porno en su cuarto? ¿Acaso estoy esperando ser la única cara que él quiera ver? ¿El único cuerpo que él quiera desear en su vida? ¿Acaso piensan ustedes que sus parejas no desean a alguien más y se mueren de ganas en su cabeza de tener sexo con otras personas que no son ustedes? Pues piensan mal. Quizá, a la final, esos likes en Instagram son un recordatorio de eso que no quieren reconocer: que sus parejas son seres humanos autónomos y libres, con gustos, y que están a su lado y no bajo su poder. Los celos y las redes sociales no son una buena combinación, lo sé. Y he sido víctima de ello. Pero es hora de que empecemos a destrozar esa idea del amor totalitarista, en vez de trasladar ese concepto tan nocivo al mundo virtual, un lugar tan lleno de matices y con zonas grises que, leídas bajo los discursos equivocados, le pueden hacer mucho daño a nuestras relaciones afectivas. Alguien en el texto de Semana afirma que todo depende del contexto, y yo estoy de acuerdo. Así como la ruptura de acuerdos en la vida real deben analizarse bajo su contexto, lo mismo pasa con estas dinámicas virtuales. Pero que varios psicólogos concluyan recomendar subir fotos sexis de uno mismo, como si los derechos presenciales y virtuales del cuerpo de uno hubieran sido completamente cedidos a alguien más, es algo inaceptable, y perpetúa ese amor que restringe, ese amor que agarra con las uñas al otro y no lo deja ser. No soy ninguna autoridad para definirlo, pero qué lindo sería pensar que el amor es, ante todo, libertad y confianza. Dejar ser al otro al lado de uno. Ojalá pensemos eso al ver el like de nuestras parejas en la foto de alguien más, en vez de estar etiquetándolas con emojis de caritas bravas en artículos terribles de este estilo.

El único atisbo de racionalidad que tiene este artículo es cuando le pasa la voz al famoso columnista Dan Savage, quien señala que los que consideran estos comportamientos un engaño son los abusadores.

Algo de razón tendrá el señor Savage.