Drogas

Mi trauma me hizo automedicarme con heroína

El TEPT y la adicción opioide aparentemente van de la mano.
2.2.18

Este artículo fue publicado originalmente en Tonic, nuestra plataforma especializada en temas de salud

Esta historia comienza el día tres.

El día tres es infame en la comunidad de la adicción. Cuando viene la abstinencia de heroína, el día tres es considerado el Peor Día.

"Si puedes superar el día tres", nos gusta decirnos a nosotros mismos, "estás limpio".

Pero en el día tres, yo era una criatura del pantano: ojos perdidos y hundidos por la falta de sueño, piel fría y resbalosa con sudor enfermizo, pupilas dilatadas, mandíbula atascada en una incesante tembladera, cuerpo encorvado y débil sobre el colchón que estaba en el piso, y maloliente con el hedor de la abstinencia. Mis pensamientos comenzaron a distorsionarse visualmente, eso me acompañó por muchos días sin sueño, comida, o heroína. Nada tenía el mismo sentido que tuvo cuando aún estaba drogada y decidida a renunciar.

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Ahora, la única barrera entre mis recuerdos y yo era el delgado velo de la fatiga que podía desaparecer una vez que dormía un poco. Luego, después de que el dolor físico de la abstinencia se fue, me quedé con los recuerdos de ser golpeada y violada y controlada por un hombre mayor durante cuatro años. He estado en contacto con mi abusador, pero vivir con el trastorno de estrés postraumático es como quedarse atrapada en el tiempo. Con la heroína, el tiempo seguía andando. Sin heroína, tenía diecisiete años y era golpeada hasta el cansancio. Para mí, a medida que se acercaba más la agonía de recuperar, sentía que estaba mejor drogada.

He vivido el día tres más veces de las que puedo contar. No fue el dolor de los días uno, dos, o tres lo que me hizo recaer, fue el alivio de la abstinencia —alivio que yo sabía que me estaba esperando en los días cuatro, cinco, seis, y los siguientes— y la amenazadora realidad de la vida sin heroína para enmascarar mi trauma. No fue la abstinencia, o incluso la fijación sobre una droga, lo que hizo tan difícil escapar de mi adicción, fue el TEPT y el descanso de esos síntomas que la droga me daba. Esta es una realidad que sigue existiendo para miles de personas que viven con TEPT y con desórdenes en el uso de sustancias, que por cierto, están conectados muy de cerca.

Con la heroína, el tiempo seguía andando. Sin heroína, tenía diecisiete años y era golpeada hasta el cansancio.

Yo soy una de muchas personas con TEPT que también han experimentado una adicción. El trauma está altamente relacionado con la adicción de opio específicamente, dice John McCarthy, profesor asistente de psiquiatría en la Universidad de California con más de cuarenta años de experiencia en la investigación y trabajo clínico sobre la adicción opioide.

"El TEPT es un desorden de ansiedad", explica McCarthy, "tienes todo este estrés y ansiedad y el opio te relaja". La preocupación, sin embargo, es que aunque un opioide de acción corta como la heroína puede reducir algunos síntomas del trauma, también puede empeorar otros. "Si estás dentro y fuera de la abstinencia, cualquier síntoma va a ser más difícil de manejar o incluso de diagnosticar".


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Esa fue mi experiencia, una y otra vez, cuando estaba hundida en la adicción. Recuerdo la dolorosa claridad de la vida después de la desintoxicación, la forma en que todo lo que experimentaba se sentía como si tuviera un borde filoso que me cortaba. También recuerdo lo volátil que era cuando estaba usando, subiendo y hundiéndome por la abstinencia, mis memorias y emociones en flujo con mi bioquímica. Le grité a todo. Mi rabia se volvió su propia bestia y me acechaba como una sombra.

Era tóxica —no solo en el sentido literal de la euforia opiácea— sino también porque la heroína me permitió aislarme de todo y todos a excepción de mi propio mundo. Fui consumida por mi propia experiencia, que fue abrumadoramente traumática. Mi TEPT se sentía importante. Podía pasar horas examinando mi abuso, distanciada lo suficiente por el efecto entorpecedor de la heroína hasta el punto que no resultaba doloroso o egoísta gastar mi tiempo de esa forma. No se supone que haya una cura mágica para el desorden de estrés postraumático, pero la heroína se sentía como una, hasta que huí de ella.

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Shilo Jama, el director ejecutivo de People's Harm Reduction Alliance y un abierto consumidor de drogas, concuerda con que reexperimentar el trauma siempre ha sido el síntoma más difícil con el que ha tenido que lidiar. "Cuando estaba en una gran carrera y estaba en desintoxicación y tenía los síntomas parecidos a la gripa, la enfermedad física no era tan mala comparada con el golpe emocional", dijo Jama. "De hecho, al darme cuenta de que tenía que lidiar con mi propia mierda, todas las peleas que tuve, o todos esos sentimientos [que tuve], vi que son peores que los síntomas físicos".


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Bessel van der Kolk, director medico del Centro de Trauma en el Justice Resource Institute y profesor de psiquiatría en la Universidad de Boston, es autor de numerosos libros sobre la forma en la que el cuerpo y la mente humana procesan el trauma. Su más grande descubrimiento es que el TEPT se desarrolla cuando una experiencia traumática está atrapada en el cuerpo. Esta experiencia física de trauma crea una desconexión entre una persona traumatizada y su cuerpo, básicamente, una división entre una persona y su mismo ser. Él se refiere a eso como una falta de propiedad.

Por esta razón, dijo, el TEPT y el uso de sustancias están fuertemente conectadas. "El trauma no es una historia sobre el pasado, es sobre cómo el pasado continúa viviendo en tu cuerpo, ese es el problema central", dijo van der Kolk, "Cuando estás en un constante estado de angustia y gutwrench… es algo insoportable, así que haces cosas para que tus sentimientos se vayan, es como tomar drogas".

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Entonces, ¿cómo tratamos los cuerpos que tienen un trauma en ellos, y además una adicción compulsiva que los controla?

"En el núcleo del trauma hay impotencia", dice van der Kolk. "[Sistemas de] impotencia reforzada, como las prisiones, podrían arrebatarle a la gente más de su organismo, y la capacidad de actuar es una parte muy importante de la recuperación".

Desafortunadamente, aunque el cuidado informado de trauma gana influencia en el tratamiento de las comunidades, es exactamente lo opuesto lo que he experimentado en una variedad de instalaciones de alcance desde Seattle, Washington hasta el Sur de Florida. Estos centros —que otras entrevistas e investigaciones me llevan a creer que caracterizan el estándar de tratamiento de adicción actual en los Estados Unidos— refuerza esa misma impotencia que van der Kolk advierte.


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En mi temprana recuperación, por ejemplo, dejé de usar heroína cuando descubrí que estaba embarazada. El primer doctor que visité me dijo que si quería que mi bebé viviera, tenía que tomar metadona, una droga que había prometido que nunca usaría por su estigmatizada reputación negativa en la comunidad de adicción. Ha sido llamada "esposas líquidas" debido a las exigentes regulaciones y rumores de dificultad de desintoxicación.

Cuando veo a mi hija —de cuatro años— jugar y crecer, me alegra haber accedido a tomar el mantenimiento de metadona, pero repetidamente me negaron la información o agencia sobre mis decisiones de cuidado. Dudo que sea una coincidencia que durante los primeros meses de recuperación, experimenté los síntomas de TEPT más difíciles de mi vida.

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Cuando le dije a van der Kolk que deberíamos ayudar a todas esas personas que sufren de TEPT y de adicción de opio, rió, luego dijo, "No sabemos. Tenemos un terrible historial en este país. Ahora mismo se basa en agruparse… y amonestar gente, que sabemos no funciona bien".

Muchas de las teorías de van der Kolk dicen que el yoga ayuda a la restauración del equilibrio físico y mental después del trauma. Pero el yoga también puede ser doloroso inicialmente por las mismas razones por las que cura: una práctica efectiva requiere que la persona se enfoque en sentir su cuerpo. Eso puede ser más que una pequeña intranquilidad para las personas cuyos cuerpos fueron escenas de crimen alguna vez. Van der Kolk reconoce y añade que eso es de gran ayuda para que un terapeuta esté dispuesto a empujar a los pacientes de trauma a continuar por el doloroso comienzo de la recuperación. "Tener TEPT significa que mantenerte huyendo de ti mismo… no hay una forma menos dolorosa de hacerlo", añade.

"El trauma se trata de una respuesta de pelea/huída que se vuelve loca. La morfina bloquea esa respuesta pelea/huída, entonces tu cuerpo se queda quieto y no te atascas en la pelea o la huída", explica van der Kolk, pero ese también es exactamente el por qué los opiodies tienen tanto potencial de adicción para las personas con TEPT. "De eso se trata la maldita crisis de opio".

Para mí, una combinación diaria de buprenorfina/naloxon y yoga semanal ha demostrado ser el tratamiento más efectivo, y el único que me ha permitido estar en recuperación por cerca de cinco años.

"Ser capaz de actuar es lo más importante del mundo" dice van der Kolk. "Dirige tu cuerpo primero, y aprende a sentir los sentimientos que tienes, no importa lo que pase".