sexo

Los sitios más raros en los que la gente se ha masturbado

Cuando el poder de la eyaculación puede más que el poder de la razón.

por Pol Rodellar; ilustración de Aina Carrillo
04 Abril 2018, 4:30am

Ilustración por Aina Carrillo

Siempre me ha sorprendido la ligereza con la que ciertas personas se toman todo esto de la masturbación. Me viene a la mente ese colega mío del instituto que cada día se aseguraba de decirme que la noche anterior se había masturbado y que había dejado todo el semen esparcido en sus calzoncillos.

No me malinterpretéis, no me sorprendía el hecho de que hablara con tanta tranquilidad de sus hábitos masturbatorios, me sorprendía la poca profesionalidad que mostraba a la hora de masturbarse. Me incomodaba mucho imaginarme esos calzoncillos manchados de semen, esa dejadez posorgásmica e higiénica del chaval. Ese niño creía que los restos de semen seco amarillentos pasarían desapercibidos y que sus progenitores no se percatarían de ello al recogerlos para ponerlos en la cesta de la ropa sucia.

Está claro que nadie quiere que le descubran en un acto de onanismo y nadie quiere dejar pistas para que se sepa que ha estado flirteando con el autoplacer, y esta es una de las grandes virtudes de la propia masturbación, casi la que la define.


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Podemos aceptar con total parsimonia que todos nos masturbamos, podemos bromear sobre masturbarse en el trabajo mientras se vacían esos tuppers llenos de arroz y brócoli pero toda esta seguridad desaparece en cuanto uno se encuentra solo en casa, tumbado en la cama con una mano en los genitales y otra (temblorosa) sujetando el móvil en horizontal (pantalla completa) con un vídeo porno reproduciéndose en el Chrome (“nueva pestaña de incógnito”) y de repente escucha como alguien abre la puerta de casa. La reacción es rápida y la vergüenza tiñe nuestra moral progre.

La gente huye de estos momentos y es por eso que, volviendo al principio, me sorprende esa otra gente que se toma tan a la ligera esto de masturbarse.

Hay gente masturbándose en sitios imposibles en compañías imposibles. La irresponsabilidad dándole la mano a la valentía. Estos héroes cotidianos se mueven entre nosotros y estas, lectores y lectoras, son sus mejores historias, sus más preciadas condecoraciones.

MASTURBARSE EN EL PANS & COMPANY

Me he masturbado en el Pans & Company, cuando trabajaba ahí. De hecho me he masturbado en muchos de los trabajos que he tenido. Masturbarse en una oficina tiene su técnica, porque no puedes apalancarte ahí y encontrar tu momento, tu espacio, y hacerte LA paja. Tienes que hacerlo como de pie, como si estuvieras meando, una cosa muy de “uuuuuuh, quiero descargar”. Y bueno, de más joven, en la época esa de hacerse pajas todo el rato, ahí donde iba me hacía una paja. ¿Iba de viaje con mis padres? Pues en el hotel, en la habitación y con mis padres dentro, como si no hubiera escapatoria, como si fuera una obligación.

Carlos, 27 años

MASTURBARSE EN UN MUSEO

Hace tiempo estuve trabajando de vigilante en un museo, me refiero a esa gente que está ahí sentada en un taburete entre sala y sala, observando a los visitantes y llamando la atención si alguno se acercaba demasiado a las obras. Como durante el día había muchas horas en las que no pasaba nadie, aprovechaba para masturbarme ahí en medio. Me ponía una carpeta encima de los muslos, tapando mis genitales, y empezaba.

Helena, 28 años

MASTURBARSE EN EL VALLE DE LOS CAÍDOS

Bueno, durante la adolescencia me dio por hacer una cosa a la que llamaba el pajículum vitae (supongo que podéis deducir de qué se trataba), un documento que intentaba rellenar con las situaciones más curiosas. Ahora han pasado muchos años pero entre las pajas en aviones, trenes y durante incontables viajes a distintos países siempre destacará el recuerdo de esa vez que lo hice en el Valle de los Caídos, entre unos arbustos. Este fue sin duda el punto álgido de mi pajículum.

Oriol, 35 años.

MASTURBARSE EN PLENA CALLE

“Un día iba de visita exprés a Barcelona, o sea, llegaba el sábado por la mañana y me pillaba el Ave del Domingo a las 10. Eso conllevaba estar todo el día a tope y no dormir. Llegué a Sants a eso de las 9 de la mañana del domingo con un subidón que no era ni medio normal y evidentemente sin un duro. Intenté ir a los servicios para descargar y relajarme pero te cobraban dinero 😬😬😬, así que me fui a callejear al lado de la estación por plaza de Sants y me puse a hacer como que meaba en un garaje, al lado de un portal.

Estaba en medio de la calle, con todo el sol de la mañana. Y nada, intenté dale que te pego pero los nervios no me dejaban concentrarme. Creo que estuve como 15 minutos intentándolo hasta que una señora salió de una terraza y me pilló. Y nada, media vuelta, cabeza baja y directo al tren. Una vez allí ya cumplí mi objetivo en el baño.

Alberto, 30 años

MASTURBARSE EN UN ALBERGUE CON CINCO DESCONOCIDOS ALREDEDOR

Hace poco me masturbé en un dormitorio con cinco personas desconocidas. Estaba de viaje a Albania y compartía el cuarto del hostel con otra gente que no conocía de nada. Entonces me entró el apretón porque había sido un día larguísimo pero estaba demasiado cansada como para querer ligar —en otra habitación había unos españoles con los que había pasado todo el día—, bueno, el caso es que lo hice discretamente, creo. Puse los auriculares muy fuerte para que se oyera la música y para que nadie me escuchara. No sé si funcionó.

Mireia, 28 años

Ilustración por Aina Carrillo

MASTURBARSE EN EL GIMNASIO

En el colegio, cuando salía de extraescolares, me iba al gimnasio en el que mi madre recibía clases de aerobic, que estaba al lado. Algunas veces me quedaba al final de la sala jugando o leyendo, pero otras me construía una especie de caseta con las esterillas y me metía dentro. Y una de esas tardes creí conveniente masturbarme dentro de una de esas casetas de esterillas.

Más de diez años después —tendría entonces unos 10 u 11 años— aún no se lo he contado a nadie. Pero daría lo que fuera por poder recordar qué canción maquinera de los 2000 sonaba y qué pasos sobre el step hacían mi madre y el resto de peña mientras tanto. En mi defensa, aparte de que tenía 10 años, he de decir que no los miré, cerré los ojos.

Carla, 25 años

MASTURBARSE EN UN CAMIÓN

Las llamábamos “Las caravana del amor”, como ese programa de televisión. Antes de nada, poneros en contexto, vivíamos en un pueblo de montaña donde los habitantes estaban casi incomunicados y su contacto con el sexo durante los noventa era efímero, lo de casarse con las primas de cada uno era el pan de cada día.

El caso es que cuando teníamos 14 o 15 años lo que hacíamos era entrar varios amigos al aparcamiento de una fábrica cementera que había a las afueras de nuestro pueblo y masturbarnos ahí dentro. La historia es que uno de nuestros amigos era hijo de la familia que vivía en la casa de dentro de la propia fábrica por lo que teníamos acceso total al parking, y allí dentro era donde habían a saco de furgonetas y camiones repletos de revistas porno, de esas de los ochenta y noventa, con mucho vello —recuerdo una llamada Climax—.

Lo que hacíamos era entrar en los camiones de brea y furgonetas que estaban aparcadas y convertirlas en las auténticas “caravanas del amor”. Nos subíamos varios a esos camiones y empezábamos nuestro ritual masturbatorio colectivo, un ritual que, ahora, visto con los años, entiendo como una prueba de amistad, una exaltación del compañerismo. Un compañerismo que tampoco sirvió de mucho porque ahora apenas nos vemos.

Mira, creo que este era el sitio, más o menos, ahora mismo lo han arrasado, porque, de echo, es zona contaminada.

Aitor, 33 años