final feliz

'Es un camino sin retorno': ser adicto a los masajes con final feliz

“Realmente el final no es feliz, yo salía a la calle hundidísimo, con el alma rota”.

por Pol Rodellar; ilustración de Aina Carrillo
23 Abril 2018, 4:15am

Ilustración por Aina Carrillo

Supongo que te habrás enterado de que en las ciudades españolas hay unos locales en los que ofrecen masajes con final feliz. Muchos de ellos atendidos por mujeres asiáticas. Lo del “final feliz” se refiere a que, en algún momento del masaje, masturban al cliente. Esta acepción del adjetivo “feliz” es muy curiosa y solo Dios sabe qué significará realmente ese plato típico de los restaurantes asiáticos llamado “familia feliz”.

Como siempre he tenido mucha curiosidad por saber qué acontece exactamente dentro de estos locales —cómo se gestiona todo, cómo se comunica que se quiere una paja, ¿hay sala de espera?—, decidí intentar encontrar respuestas.

Tenía dos opciones: ir a que me masturbaran y caer en una espiral de adicción y lujuria o encontrar a alguien que fuera cliente habitual de este tipo de friegas y que me contara su experiencia. Me decanté por la segunda opción y di con Roberto (nombre inventado para mantener su anonimato), un tipo que habrá ido unas veinte veces a sitios en los que el final es, simplemente, feliz.


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VICE: Hola, Roberto, gracias por animarte a hablar conmigo sobre el tema. Dime, ¿cómo empezó todo?
Roberto: De nada, hombre. Mira, por aquel entonces yo estaba trabajando en un país asiático y un amigo mío, que iba a menudo a estos sitios de masajes, me sugirió que fuéramos. Bueno, me preguntó si lo había probado alguna vez y le dije que no y el tío se puso en plan, “¿En serio? ¡Esto lo tienes que probar, esto es la hostia!”.

¿Tu colega era nativo del lugar?
No, era extranjero, como yo.

¿Cómo fue ese primer día?
No lo había hecho nunca y ese primer día tenía como taquicardia, estaba muy nervioso. El caso es que mi amigo me llevó de la mano y lo gestionó todo. Llegamos ahí y nos dieron una carta, como un menú de restaurante pero con una serie de masajes. Yo no tenía ni idea de cuál elegir y mi colega dijo “este”, señalando uno.

¿Todos los masajes del menú eran sexuales?
En ese sitio había unos masajes que no tenían final feliz y otros que sí. En el menú estaba indicado, por ejemplo, “masaje de piernas con final feliz” y “masaje de piernas sin final feliz”. Durante el tiempo que estuve allí fui cuatro o cinco veces a sitios como este y me encontré de todo, con algunos donde había masajes y/o pajas y otros donde todos los masajes eran sexuales, donde te ponían aceite (una cantidad excesiva de aceite) y siempre te ofrecían el final feliz.

¿En qué cubículo os hicieron el masaje esa primera vez?
Nos separaron y cada uno subió a una habitación distinta. Ahí me dieron como unos pantaloncitos como de tela de papel, de usar y tirar, y me los puse y me tumbé ahí. Todo estaba muy limpio y muy digno. Era una cama, no una camilla y la chica se puso de rodillas y empezó con el masaje, ella estaba completamente vestida.

"Te empiezan a magrear el ano y el perineo y esto te revienta la cabeza, es un nuevo paradigma mundial del placer"

Entonces, realmente hay un masaje previo.
Sí, sí. Primero estás boca abajo y empiezan a magrearte las nalgas y la clave de todo este sistema es que rápidamente te empiezan a magrear el ano y el perineo, toda esta historia, y, claro, esto te revienta la cabeza, es un nuevo paradigma mundial del placer. Luego la masajista te dice de girarte y te sigue magreando los testículos y el rabo como durante media hora y todo termina en una paja. Luego te limpia y ya está, te vas.

¿Cuánto dura todo el asunto?
Este duró una hora pero también puedes estar quince o treinta minutos. Esto fue la primera vez, que fue en un sitio bastante digno. Luego hay sitios más jodidos.

¿Jodidos?
Una vez fui a un sitio donde simplemente te sentabas en una silla y te hacían una paja, sin masaje ni hostias. 10 euros. Cero sexy, era una granja para desfogarse. El hedonismo está muy extendido en según qué países asiáticos, y que un hombre (las mujeres no) vaya a estos sitios a desfogarse es una cosa muy normal. Ahí todo es comer, beber y que te hagan pajas. Porque no es tanto follar, allí eran unos vagos, ahí prefieren que les hagan una paja y luego irse a casa.


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¿Y cuando volviste a España seguiste con la costumbre de los masajes estos?
Sí, fue durante este periodo de tiempo en el que, para mí, empezó lo sucio. Pero bueno, allí, en ese país oriental, era igual de sucio e inmoral que aquí.

El caso es que cuando llegué a España me fijé en que había varias peluquerías asiáticas o sitios que ofrecían masajes que me resultaban familiares. Entonces un día decidí entrar, me hicieron un masaje y luego me preguntaron si quería que me masturbaran.

¿Te lo preguntaron así, directamente, o hay un código raro de gestos o miradas o yo qué sé?
No, simplemente, después del masaje normal, la masajista me preguntó, “¿Masaje aquí?”, señalándome el pene. Esto de “masaje aquí” es un eufemismo que me hace mucha gracia. Es en ese momento cuando, si aceptas su propuesta, te hace pactar una propina. Ahí, en pelotas, tienes que pactar el precio de la paja. Es bastante febril.

"Este es el concepto: es un camino sin retorno. Piensa que es gente que sabe hacer pajas de verdad, son profesionales"

¿Ese dinero se lo queda todo ella?
No lo sé. Tú al salir pagas en taquilla el precio del masaje y a ella, antes de salir de la habitación, le das esta propina, que es lo que cuesta el final feliz. Que es a lo que has venido. Desconozco si también se queda algo del masaje o si le cogen parte del dinero de la propina.

¿Cuánto se paga normalmente?
Yo siempre intentaba pagar 10 euros y luego, aparte, la hora de masaje, que cuesta 20 euros. O sea, un total de 30 euros. Había chicas que te pedían más y entonces les daba 20 euros. Máximo llegué a pagar eso, 20 euros por la propina.

¿Hay algún tipo de códigos en los anuncios y fotos de los escaparates para saber que ahí se hacen pajas?
No, aquí no, pero en aquel país asiático sí. Si se hacía reflexoterapia, significaba que hacían pajas.


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Porque tú entras en el local sin decir que quieres un “final feliz”, solo un masaje, ¿no? Si solo quieres un masaje, cuando te ofrecen el masaje en el pene dices que no y ya está. ¿Correcto?
Sí, exacto. Lo que pasa es que según qué masajes, son muy sexuales y te acarician la zona escrotal y es inevitable empalmarte de forma bestial. Este es el concepto: es un camino sin retorno. Piensa que es gente que sabe hacer pajas de verdad, son profesionales.

¿Hablas con ellas?
No, nunca he llegado a intimar mucho con estas chicas. También es gente que casi no habla castellano. Es todo muy perturbador. Eso sí, siempre me he preguntado cómo se aprende esta profesión, ¿quién les enseña a hacer estas pajas perfectas? ¿Hay personas que te enseñan y hay un modelo al que le hacen una paja mientras ellas lo miran y toman apuntes? ¿Cómo se aprende? Es algo que en ese momento me tenía fascinado.

Porque ya no vas a estos sitios, ¿no?
No, no.

¿Por qué?
Me daba asco y tenía muchos remordimientos. Y muchas de las cosas que me producen remordimientos intento no hacerlas. Fue paulatino porque algún día que iba caliente y colocado pues me costaba más reprimirme, pero en el fondo fue bastante fácil y me siento muy liberado. Ahora paso por delante de estos sitios y ni se me pasa por la cabeza ni me pongo ansioso ni nada. Estoy bastante contento.

"Por mucho que me autoengañase y no me considerara un putero, sí que lo era"

¿Te considerabas un “putero”?
No pero sí. Yo no me consideraba un putero pero lo era, ¿sabes? Técnicamente es lo mismo. Sí que es cierto que nunca me ha apetecido follar pagando pero vaya, que por mucho que me autoengañase o no me considerara un putero, sí que lo era.

De hecho, todo este negocio de “los masajes felices” se sustenta sobre un eufemismo, ¿no crees? Como son solo pajas no se quiere aceptar que es como prostitución y se le llama de otra forma.
Bueno, el masaje te lo hacen, eso sí. Sí que lo de los “finales felices” es como más naïf. También está el tema de que tienen sus horarios como de oficina, a las ocho cierran y no estás en contacto con todo el horror de la vida nocturna y los clubs de alterne y todo eso. También es algo relajante, estás tumbado, te hacen un masaje. “La paja es un complemento al masaje”, te dices. Lo enfocas desde este punto de vista para engañarte.

¿Cómo son los sitios?
Los garitos de aquí son sitios muy sórdidos. La decoración, la pintura de las paredes, los cuadros que tienen colgados, la música que ponen. La música es como una canción asiática que se va repitiendo todo el rato.


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¿Es un loop eterno?
Sí, es un loop que no se termina nunca. Un día le pregunté a una chica sobre la música, y me dijo que se repetía durante todo el día. Le pregunté si no la podían cambiar y me dijo que el jefe no quería. A mí me gustaba mirar todos estos detalles, porque todo es muy jodido. Se empezaron a abrir muchos locales de estos y muy rápido, y todo el material es muy sucio, cutre y barato. En el fondo es bastante desagradable. Es algo terrible, es la paja por la paja.

Si al principio me había reventado la cabeza porque había descubierto un nuevo mundo de placer maravilloso, la cosa empezó a volverse oscura poco a poco, por la evidencia de todo este cutrerío.

¿No te sabía mal que estuvieran esas chicas haciendo unas pajas que quizás no les apetecía demasiado hacer?
Sí, mucho. Todo es muy sórdido. No sé por qué seguía haciéndolo. Es algo asqueroso. Yo veía que todo era una mierda pero seguía haciéndolo.

Al principio sí que tienes el debate moral de saber que, joder, es algo que está mal, pero es algo que te gusta. Lo hacía porque me producía placer pero en realidad estaba fatal. Pensaba en la chica que tenía que hacer todo esto y entonces me daba asco a mí mismo.

¿Crees que habría que regular el sector de los masajes felices?
Yo creo que sí, todo el tema de la prostitución tendría que ser legal. Luego están las valoraciones personales de cada uno, pero creo que tendría que legalizarse, que todo el mundo estuviera dado de alta porque esto, de todas formas, seguirá existiendo.

En este sistema capitalista agresivo, uno se aprovecha de una situación de poder ante otra persona que, tristemente, lo tiene que hacer por necesidad. El hecho de que sea legal hace que las personas puedan escoger. Hacerlo o no sería una elección personal y no una obligación generada por cierta situación económica familiar o una puta mafia.

"En el curro, decía que me iba un momento a hacer un encargo y me iba a que me hicieran una paja"

¿Estabas enganchado?
No podía parar, era una mierda. Tampoco fui muchas veces, unas veinte o así. Era una cosa que cuando se me metía en la cabeza, tenía que hacerla. Y por mucho que pensara, Bueno, paso, no voy, iba al cabo de dos horas.

¿Alguna vez ibas por la calle y veías un sitio de estos y pensabas, Mira, voy a entrar?
Sí, o estar en el curro, decir que me iba un momento a hacer un encargo o no sé qué e ir a que me hicieran una paja.

En esos sitios, ¿el tema precauciones o higiene cómo va?
Había algunos sitios que tenían un papel como esos de los centros médicos, que vienen en un rollo, con los que forran las camillas. Hay algunos que tienen esto pero había otros que tenían solo una bayeta y con eso lo limpiaban todo. Y esto es muy asqueroso, muy sórdido.

¿Preservativos?
No.

¿Llegaste a tener problemas de infecciones?
No.

¿Antes del masaje te hacían limpiar?
Algunos sitios sí pero no es lo normal. Sí que en algunos sitios había una ducha donde podías ducharte posteriormente, para limpiarte y quitarte todo el aceite. Ahora me voy fijando y hay muchos sitios que anuncian “ducha”. Yo creo que es básico.

"Estás esperando a que te hagan una paja ahí con otras personas que esperan a que les hagan una paja"

¿Te llegaste a encontrar con otros clientes, no sé, haciendo cola?
Si tú vas a un sitio de estos y está ocupado, te tienes que esperar en la sala de espera, y ahí puede que haya más gente. Es una cosa incómoda, hay unas miradas como si estuviésemos en un matadero. Estás esperando a que te hagan una paja ahí con otras personas que esperan a que les hagan una paja, es muy oscuro, gente como sufriendo, pasándolo mal.

Una vez dentro, en las habitaciones y pasillos, ya no te encuentras con más clientes. Ellas ya se ocupan de gestionar el flujo humano. Luego, si quieres ducharte, ellas vigilan que nadie coincida.

¿Había gente que estaba ahí realmente solo para los masajes?
No lo sé, puede ser que alguien solo fuera por un masaje. Pero no creo, todo eran hombres, nunca vi a una mujer esperando.

¿Qué tipo de clientela hay? Me refiero a la edad.
De todo, entre treinta y cuarenta principalmente. Algunos entre cuarenta y cincuenta, pero menos. La semana en la que se cobraban las pensiones había más ancianos, eso sí.

¿Alguna vez intentaste ir más allá de las pajas?
El otro día leí un artículo en el que estas chicas se quejaban de que algunos clientes quisieran follar pero yo nunca lo he intentado. Si quieres tocar, pues esto hay que incluirlo en la propina. Lo mismo con las felaciones, ellas decían, “¿Quieres el masaje con la boca?”, y eso se pagaba.

Una vez escuché a un cliente preguntar si ahí se follaba y le contestaron que no.


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¿Te daba vergüenza entrar en esos sitios? ¿Por si te veían?
Me daba mucho pudor, yo quería que no hubiera nadie ahí, no quería encontrarme con otra persona, me resultaba un drama.

En el momento de entrar, ¿vigilabas que no hubiera nadie por la calle o qué?
Exactamente, al entrar hacía como que pasaba un poco de largo y luego entraba de golpe. Y al salir hacía exactamente lo mismo.

El momento de salir, ahí te la estabas jugando fuerte, ¿no? Porque sales ante lo desconocido y cualquier persona —incluso un conocido— puede pasar por ahí delante y verte salir de una tienda de pajas. La ruleta rusa.
Claro, además no es eso que te vas a un polígono remoto donde hay un club, esto está en el centro de la ciudad, al lado de tu casa. Al entrar y al salir siempre estaba con miedo, el ritmo cardíaco era una locura. Imagina que te encuentras un conocido, ¿no? Menudo drama. Encontrarse a un conocido dentro aún, lo jodido es encontrarse a una amiga al salir.

El final, ¿era realmente feliz?
Realmente, feliz no era, porque salía a la calle hundidísimo, con el alma rota. Me sentía como un jodido pervertido. Todo el mundo se pone triste después de eyacular. Feliz no es. Al final no sé qué me hacía feliz de esos sitios, creo que nada. Al principio sí, la novedad, pero después ya dices “Hostia puta, pero ¿qué mierda es esta?”. De felicidad, nada.