Curacrudas

Curacrudas: el 'chilómetro' del Chilaquilito

Pídete los chilaquiles que el cuerpo demande y prepárate para conocer la historia que hay detrás de cada totopo.

por Ollin Velasco
07 Julio 2017, 3:00pm

Los chilaquiles son para la cruda, lo que un oasis es para una pobre alma perdida en el desierto. Sabemos que si vas a salir de fiesta esta noche, en lo único que tus neuronas pensarán es en encontrar un lugar donde comer y beber algo que ayude a reparar todo el daño.

Por lo tanto, te tenemos buenas noticias: dimos con Chilaquilito, el expendio anticruda más generoso que hemos conocido en mucho tiempo.

La sucursal Narvarte recibe 'crudos' incluso entre semana. Todas las fotos son de la autora.

No hay día que este restaurante no tenga comensales ansiosos por poner en acción sus cubiertos. Lugares para comer chilaquiles sobran. No obstante, en este tu resaca pasa por el filtro de un "chilómetro"; puedes elegir entre salsa verde, roja, "campechana" o mole negro, así como distintos tipos de micheladas, en tarros enormes para hígados vikingos.

En resumen: la cruda que cargas no tendrá escape por ningún flanco.

El "chilómetro" de Chilaquilito ha puesto en serios aprietos a más de uno. Foto cortesía de Chilaquilito.

El negocio tiene dos sucursales, ambas en la CDMX. La sede principal se ubica en Avenida Santa Ana 314, colonia San Francisco Culhuacán, en Coyoacán —a escasos metros de donde inició funciones como un local de tres por cuatro metros—; la otra tiene sus coordenadas exactas en el punto donde se cruzan la calle Correspondencia y Navarra, en la colonia Narvarte.

Sus platos parecen no tener fondo; sus salsas con nivel de intensidad del 1 al 10 sirven para medir qué tan crudo andas; sus aguas del día alivianan cualquier sed de la buena; y sus caguamas (cervezas en presentación de un litro) le quitan todo lo "inocente" a cualquier antojo casual de "chela".

LEER MÁS: Chilaquiles con Chilorio

Nadie le dice que no a sus micheladas de a litro (en especial si vienen acompañadas de una torta de chilaquiles de mole).

Chilaquilito es un must de la zona. Lo que pocos saben es que nació de la promesa que le hizo Juan Luis Balderrama a su madre, Celia Cedillo, luego de una dolorosa tragedia familiar. Los orígenes de sus crujientes y caldosas porciones de estilo "norteño" (la familia es de Monterrey) se remontan a 1988, en Washington, Estados Unidos.

La necesidad de sacar adelante los gastos de la casa hizo que ambos empezaran a comercializar los chilaquiles que hacía la señora Celia (quien a su vez mantuvo prácticamente intacta la receta original de la abuela), que ya eran bien conocidos entre la comunidad latina de la zona.

Luego de un tiempo volvieron a México, y fue en 2010 cuando cortaron el listón inaugural del diminuto local en Coyoacán. Desde entonces, unos 60 empleados se han unido a sus filas, para que las ordenes de chilaquiles, enchiladas, flautas, tortas, alambres y hasta ensaladas (para los más recatados), sean preparadas al momento y llenen las expectativas del comensal; sobre todo crudos que, semana a semana, se aferran a sus mesas para sanar sus etílicos malestares.

LEER MÁS: Comida para trasnochados: Flautas y patas de cerdo en la frontera

Los chilaquiles presidenciales, toma nota, llevan costilla, pollo, un huevo frito, chorizo y aguacate.
Para los crudos (pero fitness) está la ensalada de la casa: con pollo y una porción mini de chilaquiles picosos.
La torta de chilaquiles con mole es una excelente opción monchosa de la carta.

Si vas entre semana a desayunar, te encontrarás con omelettes (hasta vegetarianos) de buen tamaño, huevos divorciados, jugos naturales y cafecito de olla. El fin de semana es la cosa cambia un poco: verás uno que otro zombie con cara de querer comer lo que sea y a un ejército entero de meseros haciendo maravillas. Toma en cuenta que abren de lunes a sábado, de 8:00 a 18:00 horas y los domingos, de 9:00 a 14:30. Un gran plus para los crudos que viven cerca es que ambas sucursales tienen servicio a domicilio. ¡El cielo!

Chilaquilito es la prueba de que cualquiera puede recuperar la sonrisa (y hasta el alma) después de la adversidad o cualquier fiesta hasta altas horas de la madrugada, siempre y cuando se elijan los totopos y la salsa picante adecuada.