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A las 6 de la mañana comenzaron a llegar los primeros periodistas y activistas a la barriada. Muchos residentes ya lo habían abandonado en las horas previas. Temían una evacuación forzada por la policía. Muchos de los que quedaron no saben dónde irán tras las dos semanas de alojamiento temporal previsto en los hoteles parisinos.
El barrio se instaló sobre las vías abandonadas de un antiguo ferrocarril en la Porte de Clignancourt, y estaba compuesto por poco más de sesenta construcciones precarias calentadas con improvisadas chimeneas. Las condiciones de seguridad y el precario estado de salud motivó la intervención de las fuerzas de seguridad.
Poco después de las 7 de la mañana, la policía antidisturbios hizo su entrada junto con miembros de la Prefectura de Île-de-France con una escalera de hierro y pidiendo a los residentes que abandonaran la zona.
Los gendarmes inspeccionaron las casas, mientras que las familias esperaban en vía de tren para ser registrados por las autoridades que tomaban nota de sus identidades, las exigencias en cuanto a la reubicación, equipaje, etc.
Decenas de niños vivían en este barrio. Algunos residentes provenían de los barrios marginales evacuados el pasado verano en Samaritain al norte de París.
Una vez registrados, los residentes utilizaron una escalera instalada en la zona para la evacuación, en reemplazo del puente improvisado de madera que utilizaban. Fuerzas del orden asistieron a la gente para que pudieran abandonar la barriada.
Parte del bulevar Ney fue cerrado al tráfico durante la evacuación. Allí, una flota de autobuses esperaban a los evacuados para redirigirlos a hoteles y centros de acogida en París.
Un niño que vivía en el barrio, a bordo de un autobús que lo trasladará a un hotel o un centro de acogida.
Las fuerzas de seguridad inspeccionan las construcciones instaladas sobre las vías abandonadas del ferrocarril.
Un agente de seguridad rescata a un gato escondido en una casa.
