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Afganistán e Irán, en buena sintonía — Buenas noticias para Estados Unidos

Irán y Afganistán anuncian nuevos acuerdos comerciales y en materia de seguridad que coinciden con los objetivos de EEUU en la región.
24.4.15
Imagen por Vahid Salemi/AP

El presidente afgano, Ashraf Ghani, ha acumulado un buen puñado de millas a lo largo de este fin de semana, gracias a sus vuelos a Teherán, donde se ha reunido con el presidente iraní Hassan Rouhani, para firmar varios acuerdos comerciales y de seguridad. Ghani no es el primer presidente afgano que visita Irán; su predecesor Hamid Karzai, también hizo el mismo viaje, incluso a costa de dejar plantado al secretario de defensa de los Estados Unidos, Chuck Hagel. Claro que eso fue antes de que se firmara el emergente acuerdo en proliferación nuclear entre los iraníes y los Estados Unidos — y antes del advenimiento del Estado Islámico en Siria e Irak.

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¿Por qué querría el gobierno chiíta iraní apoyar a la mucho más débil mayoría sunita de sus vecinos en Afganistán? En realidad ambos países llevan estrechando lazos desde hace años, pero a día de hoy los iraníes desearían mucho, pero que mucho, mantener al Estado Islámico a raya, y el principal asunto de la agenda de Ghani para este viaje no era otro que la cooperación en seguridad para contrarrestar al Estado Islámico en Afganistán. Pero pese a que solo existen evidencias anecdóticas que sugieran que el grupo terrorista esté activo en su país, eso no ha detenido a Ghani a la hora de culpar a 'Daesh' [acrónimo árabe para designar Estado Islámico], por el ataque de la semana pasada en Jalalabad en el que murieron, al menos, 34 personas y más de 125 resultaron heridas.

La mayor parte de la presión por culpar a Estado Islámico de la violencia en Afganistán surge de la esperanza de que tanto Estados Unidos como Afganistán sean capaces de coordinar algún acuerdo de paz con los talibanes. Esa es también una de las razones por las que Estados Unidos jamás ha tachado a los talibanes de organización terrorista: hacerlo haría imposible que los norteamericanos negociaran con ellos. Así que han decidido que, simplemente, tacharán de terroristas a determinados individuos de la organización. Y ahora resulta que Ghani se dedica a culpar  todo lo que puede a Estado Islámico de la violencia en Afganistán.

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Los talibanes negaron cualquier responsabilidad sobre los ataques en Jalalabad — pero, presuntamente, también lo hizo Estado Islámico. Resulta habitual que los talibanes nieguen su participación en masivos atentados contra la población civil, pero si, tal y como parece, están dispuestos a comprometerse con el proceso de paz — en otras palabras, si se comprometen a no seguir dinamitando cosas —, a América le quedarían pocos motivos para continuar con su actual campaña antiterrorista en Afganistán. A no ser, claro está, que el problema de Afganistán no sea tanto el talibán como el del Estado Islámico.

America quiere un Afganistán estable que pueda empezar a devolver algo de la masiva inversión que ha hecho en el país, y la visita de Ghani a Irán, apoya ese objetivo.

Claro que el acuerdo en inteligencia compartida entre Irán y Australia hace que todo esto sea todavía más interesante. Teniendo en cuenta los estrechos vínculos entre los Estados Unidos y Australia, el acuerdo no podría haber sucedido sin, al menos, la aprobación tácita norteamericana — otro síntoma del reciente deshielo de las relaciones de Occidente con Irán. El desacuerdo sobre el apoyo de Irán a los rebeldes hutíes en Yemen, no derrumba las esperanzas que América tiene puestas en un Afganistán estable, que pueda empezar a devolver parte de la masiva inversión norteamericana en el país. La visita de Ghani a Irán apoya ese objetivo porque, además del acuerdo en seguridad, el otro gran objetivo en la agenda del presidente era la inversión iraní en Afganistán.

Las relaciones comerciales entre ambos países siempre han sido, cuando menos, problemáticas, pero Teherán estaba pagando en metálico a Karzai al tiempo que este era pagado por la CIA, y el levantamiento de las sanciones de los Estados Unidos a Irán podría ayudar a liberar el capital de los inversores iraníes para que lo inyecten en Afganistán. Ghani necesita la inversión extranjera para que Afganistán funcione como país, y mientras Occidente se ha comprometido a continuar ofreciendo su apoyo financiero en el futuro inmediato — apoyar a Ghani puede mantener la corrupción bajo control—, el presidente afgano necesita contemplar otras fuentes de ingresos, además de los dólares norteamericanos. Y Teherán es una fuente sólida.

Llegados a este punto, Kabul necesita a Teherán más de lo que Teherán necesita a Kabul, aunque la relación no esté, ni remotamente, tan desequilibrada como la de Afganistán con los Estados Unidos, y establecer vínculos en seguridad regional y económica, aseguraría que Ghani y sus ciudadanos puedan mirar a un futuro en que no sean tan dependientes del apoyo de Occidente. Si Ghani sabe jugar bien sus bazas con sus vecinos más cercanos, desde restablecer sus lazos con Afganistán, a facilitar la inversión china, pasando por discutir sus acuerdos en seguridad con Irán, no debería de estar solo ni para contrarrestar al Estado Islámico, ni para construir el futuro de su país.

Sigue a Gary Owen en Twitter: @ElSnarkistani