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Viajar

‘Tengo 22 años y he estado en 40 países’

Viajan muy barato, tienen menos de 24 años y entre los cinco suman 148 países. Hablamos con jóvenes viajeros.

Jordi Llorca

Sí, somos así. No lo podemos evitar. A la que tenemos unos euros ahorrados, queremos experiencias nuevas. Y cuando has probado el elixir del viajero para sentir en tus carnes el síndrome de Stendhal, ya estás perdido. Necesitas sobrepasar las fronteras y respirar. Pura droga.

Intentas viajar todo lo que puedes, pero hay ciertas personas que destacan sobre el resto. Miras su Instagram y alucinas porque, sin ser blogueros, rara vez mantienen sus posaderas quietas en casa. Tienen menos de 24 años, con dos mudas en su mochila tienen suficiente y se ganan la vida como pueden hasta el siguiente destino. No saben muy bien qué les deparará el futuro, por eso mismo prefieren pensar en el próximo viaje.

Son cuatro chicas y un chico. Busqué, pregunté y siempre salían nombres femeninos. Me imagino que es porque tienen más inquietudes y menos excusas. Como por ejemplo Ines, una joven jacarandosa que ha pisado los cinco continentes. "Tengo 22 años y he estado en 40 países". Es una barbaridad, pero es que se lo monta muy bien. "Durante mi Erasmus en Roma compré un billete a Bucarest por 17 € y me alojé sin pagar nada en un Couchsurfing. En tres días me gasté 90 €".

"Con la taja nos tatuamos todos los amigos una Hello Kitty. Yo lo hice en el brazo, pero otros prefirieron otra parte del cuerpo. Por suerte se fue a los diez días". Ignasi a la izquierda, Pag, Croacia, 2017

Charlé con cada uno de ellos y descubrí lugares inhóspitos que ya he apuntado en mi lista de futuros viajes. Sexo, drogas, formas de viajar muy económicas y algún que otro susto. ¡Incluso presenciaron un caso de prostitución infantil!

AVISO: Después de leerlo te van a entrar ganas de dejarlo todo, coger la mochila del Decathlon y pirarte a ver mundo, que ya has perdido mucho tiempo.

Los sitios más espectaculares

No sigas leyendo. De verdad, no lo hagas, hazme caso. Te vas a sentir un pobre desgraciado. Estos seres con el síndrome de Phileas Fogg han visto parajes que no sabías que existían. ¿Sigues aquí? Prepárate.

Ines escoge los paisajes de otro planeta que se encontró en Islandia y cuando pudo bucear sobre el arrecife coralino australiano. "Vi a Nemo en su anémona", me cuenta por teléfono. Yo no sé dónde mirar. Las paredes de la redacción me atosigan, y eso que vine de vacaciones hace pocos días. Tendré que gastar menos en cubatas y ahorrar más para ir hasta allí.

"Hice submarinismo y fue increíble". Ines en Islas Whitesunday, Australia, 2013

Ignasi (22 años, 22 países) no se queda con un lugar, sino con una experiencia. "Hice un road trip por gran parte de Europa con tres amigos durante un mes. Formamos un grupo de música y fuimos de ciudad en ciudad tocando en la calle para costearnos el viaje. El dinero que recaudábamos determinaba el rumbo y el plan. Hicimos cosas como despertarnos en Croacia y decidir que el desayuno sería en Hungría. Muy loco". Sí que lo fue, aunque su mayor locura estaría por llegar, pero todo a su debido tiempo.

"Más de una vez la policía nos echó por tocar". Ignasi en Ámsterdam, Holanda, 2015

A veces la naturaleza es sutil y delicada, y otras, en cambio, basta y portentosa. Por eso Ignasi también me habla de cuando fue a las cataratas de Iguazú, mientas que Marta (22 años, 33 países) destaca las del Niagara. Ha sido lo que más le ha impresionado junto con los contrastes de la India. "Estuve en Amritsar de mochilera, cerca de la frontera con Pakistán, y aluciné con el Templo Dorado, la "Meca" de los sij. Si quieres entrar, puedes hacer ofrendas de comida, porque allí se alimentan 10.000 personas al día sin pagar, con ser peregrino ya basta. Dormí en sus camas y comí en sus comedores repletos de gente. No he visto nada igual".

"El templo era completamente de oro en sus inicios". Marta en Amritsar, India, 2016

Pero si quieres conocer nuevos destinos, espérate a Irene (23 años, 33 países). La tipa no para de decirme sitios must have mientras va dando sorbos al café como si nada. Apunta en tu libreta el Cerro de los Siete Colores de Argentina, la bahía de Ha-Long en Vietnam y uno de los mejores momentos que sus retinas han contemplado. "En Bali subí al volcán Batur donde se veía otro en erupción: el Agung. Nos levantamos para subir a las 2:00 de la mañana. Pensaba que sería un apacible paseo y acabó siendo una senda pedregosa llena de obstáculos. Tuvo su recompensa al ver el mejor amanecer de mi vida".

"Si lo vieras en persona, no se te olvidaría nunca". Foto por Irene, Bali, Indonesia, 2016

Si Bali te pilla muy lejos, Judith (22 años, 20 países) tiene la solución. "Además del viaje a Costa Rica, el sitio más espectacular se encuentra en Eslovenia. Anduve una hora en chanclas por una montaña llena de barro, pero valió la pena". Se refiere al lago esloveno de Bled. Es como si una playa cristalina de Menorca se aposentara sobre un frondoso bosque templado.

"Parece una cala de Menorca, pero ¡es un lago esloveno!". Foto por Judith, Bled, Eslovenia, 2017

Amor, sexo y drogas

Con tanto viaje, es normal que te pegues unas buenas farras con algún narcótico o que te sorprenda un querubín cuando una familia ultrareligiosa de Búfalo te acoge. Esto le ocurrió a Marta. "Tuve un romance de película con el amigo del hermano mayor de la familia. Él tenía 17 años y yo 15. Recuerdo que cantaba en un bar de esos de madera y me dedicó 'I don't want to miss a thing', como en Hollywood. Nos dimos unos cuantos besos y poco más, por eso de la religión, pero durante los dos meses que pasé allí estuve embobada".

Lo de Ines no fue tan idílico, pero sí muy curioso. Declara que le gusta viajar soltera porque da paso a historias un tanto inverosímiles. "En la India empecé a salir con un chico del lugar cuando fui de voluntaria a los 16 años. Fue divertido. Nos fuimos a un desierto sagrado, cogimos un camello juntos y paseamos por las dunas. Nunca hubiera pensado que me podría atraer un tipo de ahí. El tema duró algo más de una semana y averigüé por qué los asiáticos no terminan de triunfar en Europa —marramiau—, aunque no hicimos mucho. Tocar y poco más".

"En Ámsterdam pillamos unas setas alucinógenas. Fue un viaje dentro del viaje"

¿Os acordáis de aquel road trip de Ignasi? Pues sí, toca fiesta de la buena. "En Berlín fuimos a un rodaje de una rave que participaban unos amigos. Estaba en mitad de un bosque, a las afueras. En una de las tomas, nos dijeron que justo al lado había un festivalón clandestino con mucha música, drogas y alcohol. ¡De una rave ficticia a una real! Vaya noche… No creo que me vuelva a ocurrir algo así". Pero no acaba aquí la cosa, porque tampoco está nada mal su cierre de viaje. "En Ámsterdam pillamos unas setas alucinógenas. Fue un viaje dentro del viaje. Los amigos con los que compartí un mes ascendieron a un nivel vital. Sentía la existencia o la amistad desde otro punto de vista, algo más visceral y abstracto. Me hizo reflexionar sobre la vida. Es corta y no estamos para tonterías".

"Viajo por mí, por lo que me repercute. Considero que es irrelevante para el resto". Foto de Ignasi en París, Francia, 2017

¿Habéis tenido alguna vez un romance con un bohemio? Pues Irene sí. "En mi Erasmus en Braga conocí a un brasileño en mi fiesta de bienvenida. Él era actor, profesor y director de teatro. Desde ese día fue esencial en mi aventura universitaria. Hubo locura, sexo, risas, respeto, charlas infinitas y momentos únicos. Nos hicimos el bien el uno al otro sin pedir nada a cambio".

Aunque si hablamos de fiesta, hablamos de Judith. Se tiró un año entero de Erasmus. Hizo autoestop en manada, sintió mariposas más allá del estómago tras conocer a un brasileño que la cautivó y probó el alcohol de todos los países a los que iba. En uno de estos viajes, salió de fiesta con sus amigas por Budapest y, de camino al AirBnB, decidieron desayunar gratis dentro de un súper. "Nos moríamos de hambre y sed, así que 'atracamos' un supermercado. Comimos y bebimos hasta que nos hartamos y, de regalo, pillamos unos Huevos Kínder. Sí, robar está mal y el karma me lo devolverá, pero la embriaguez es lo que tiene".

"Nunca subestimes un autoestop, porque donde caben 5, cabe la humanidad entera". Foto de Judith en Corfú, Grecia, 2016

Viajar por pocos euros

Sin contar los viajes que han hecho con sus padres, la verdad es que se lo montan muy, pero que muy bien. Ofertas de Ryanair, tarifas error o AirBnb y Couchsurfing. Después de haber llegado hasta aquí pensarás que son unos forrados que tienen presupuesto ilimitado. Pues no. Como ya hemos visto, Ines fue a Rumanía por menos de 90 €. No es un caso aislado, sino que se repite una y otra vez.

Y acuérdate que sin avión también se viaja. Marta me cuenta que se recorrió media Europa en tren o bus durante su Erasmus en Bruselas. "Fui a París por 11 € ida y vuelta, a Ámsterdam por 7 € y a Luxemburgo por 3,5 €. Se llaman Eurobus y tienen hasta Wi-Fi. Así viajé un montón". Además, cuando fue a Bolonia con unas amigas, pilló trenes por la patilla. "En Bolonia no pagamos ningún tren porque no había ni máquinas para sacar billete, ni revisor. Fuimos a Venecia y Florencia por la cara".

Ines, Irene e Ignasi se presupuestan, de media, 10 € al día. Después surgen imprevistos, claro está. "Hay viajes de comprar las birras en un súper o ir a locales a tajarla. Cambia mucho el gasto", comenta Ignasi.

Además, compañías como Norwegian nos ayudan a hacer grandes viajes. Incluso las webs de tarifas error, donde puedes encontrar un billete a Hawai por 500 €. Irene, en su última gran aventura, se pasó tres meses por Sri Lanka, Indonesia y Tailandia por algo más de 2.500 €. "Fue el cierre perfecto a mi época universitaria. Gasté un poco más por los vuelos de última hora, pero comía por 2 € y dormía por 5 € o menos". Está lejos de los 200 € que desembolsó Judith en Berlín durante cinco días, pero en proporción vale la pena.

"Viajar es una de las maneras más maravillosas de conocerte. En casa nunca me hubiera enfrentado tanto a mí misma". Foto de Irene, Kho Phi Phi, Tailandia, 2016

Miedo a 10.000 km de casa

El mundo es inmenso y da para mucho. Desde quedarse tirado en medio de la jungla hasta presenciar un caso de turismo sexual con niños.

Comenzamos con la frontera de Bosnia. Dos polis armados pararon a Ignasi y a sus amigos. "Nos abrieron el coche lleno de instrumentos, nos registraron y nos dijeron que teníamos que pagar una multa porque el seguro no cubría en Bosnia. Uno de los polis iba muy taja, se reía y no hablaba inglés", recuerda.

A Marta le pasó un suceso increíble en un aeropuerto de Estados Unidos: "Yendo hacia Búfalo con 15 años, perdí un vuelo y pasé la noche sola en el aeropuerto de Chicago. Hacía mucho frío dentro y tuve que dormir en la calle". También rememora el día que un bus le dejó tirada de madrugada en medio de la India. "El conductor nos obligó a bajar y arrancó sin decirnos nada. Solo había un tenderete y un montón de indios durmiendo en el suelo. Apareció un tuk tuk que nos timó y, al poco rato, de camino a Pushkar, nos paró un control de policía falso que nos pedía dinero para entrar en el pueblo. Me puse farruca y no pagamos. Viajo sin guías y a veces es un riesgo, pero te hace descubrir lugares y personas que siguiendo un librito es imposible encontrar".

"Conocimos a un Baba que se pasaba el día fumando petas". Foto: Marta, Pushkar, India, 2016

Sí, amigos. Viajar supone un riesgo que hay que correr. Todos ellos lo piensan. Incluso Judith cuando le hackearon la tarjeta en su Erasmus y le dejaron la cuenta a cero —dijo adiós a su beca— un día antes de partir hacia Ámsterdam. "Tenía 50 € en efectivo por casualidad y me fui. Como era la segunda vez que estaba, tuve suficiente".

"¿Sin gasolina? No problem". Ines, Hang Son Doòng, Vietnam, 2017

Aunque la peor experiencia la presenció Marta. "Estábamos en un pueblito de Tailandia, ahora no me acuerdo cuál era. Nos sentamos a comer por un bazar y en la mesa de al lado estaba un occidental. Diría que era estadounidense. Mientras comíamos, se le acercó una niña tailandesa varias veces a charlar con él. Al final, trajo de la mano a un niño y se lo dio. ¡Estábamos presenciando un caso de turismo sexual pederasta! Llamamos al teléfono de protección infantil de inmediato. Fue horrible".

Entre los cinco suman un total de 148 países a día de hoy, aunque estoy convencido de que llegarán a los doscientos en un par de años. De momento mis 12 países visitados y yo —un mojón para mí— vamos a buscar vuelos baratos durante toda la tarde, aunque sea para irnos un fin de semana. Tú puedes dejar el trabajo y pillar solo el billete de ida. Ya tienes motivos y destinos suficientes.

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