Sexo

He conseguido que mi amiga de 28 años tenga su primer orgasmo

No ha sido un milagro de Navidad, pero sí una lección de que nunca es tarde para correrte por primera vez.

por Laura Bell
08 Enero 2018, 5:00am

Todas las fotos por Bruna Arbex

Este artículo se publicó originalmente en VICE Canada.

Siempre me han gustado los retos, sobre todo en esta época del año, pues suelo motivarme con todo lo relacionado con los milagros navideños y la filantropía. Por eso, cuando mi amiga —tan rara en el tema del sexo, pero tan fantástica a la vez— me dijo que nunca había tenido un orgasmo a sus 28 primaveras (“¿ni siquiera masturbándose?”. Sí, muy fuerte, ¡ni siquiera masturbándose!), decidí poner toda mi energía navideña en ayudarla. Me necesitaba. Hattie me contó que nunca había intentado tocarse y, al escuchar su confesión, me quedé sin palabras. ¿Qué hace cuando no puede dormir?

Una de cada tres mujeres tiene dificultades para llegar al orgasmo durante sus relaciones sexuales, y se estima que el 80 por ciento lo finge. Pero para mi amiga Hattie —que prefiere permanecer en el anonimato para no dejar en evidencia a sus antiguas parejas—, los orgasmos fingidos han sido lo único que ha conseguido en sus relaciones sexuales desde que se inició en el mundo del sexo hace diez años.

“¡Soy una actriz estupenda!”, exclama ella, cual Sally en Cuando Harry encontró a Sally… “El hecho de fingir depende de cada persona. Con mi novio, el fingimiento iba mucho más allá porque creo que yo le quería más que él a mí, y esa era mi manera de ofrecerle mi mejor versión”. Hattie me confiesa que sus gritos, azotes y gemidos de clímax imaginarios eran la táctica que utilizaba para asegurarse de que su novio no se desconcentrara. No obstante, eso implicaba no llegar a desarrollar su propia sexualidad. Hattie y su arte de fingir pueden ser las culpables de esa cita de Tinder que has tenido con un tipo que te ha preguntado si te ibas a correr solo con un par de embestidas y algunas caricias torpes a tu clítoris.

Hattie es la única amiga que tengo de 28 años que nunca se ha tocado, y no es mentira. “No me siento cómoda haciéndolo”, dice. “Estoy cien por cien reprimida sexualmente”.

Afirma que quiere hacerlo pero que no sabe por dónde empezar. “Es obvio que me gustaría, pero necesitaría ayuda”, explica. Así que las dos nos tomamos una semana para que que Hattie se deshaga de toda la represión sexual y tenga ese final feliz que tanto se merece. El objetivo no es tanto que llegue al orgasmo como que se lo pase bien.

Entonces, ¿qué técnica elegimos para que se estrene en el sexo placentero? Mi propósito principal es que Hattie empiece a sentirse lo suficientemente cómoda sexualmente como para dejar de fingir orgasmos y también que sepa cómo funciona su cuerpo y lo que le gusta. Pero no puedo hacer eso por ella. Aunque un cunnilingus entre amigas podría ser una solución rápida, no estoy segura de lo cómoda que me sentiría aguantando el peso de 28 años de orgasmos contenidos sobre mis menudos hombros. Así que, en vez de eso, hablo con mi amiga y le propongo ir al único sitio que creo que puede confirmarle que sus inquietudes son completamente normales. Se trata de un lugar que, sin ninguna duda, le ayudará a conseguir su objetivo: un sex shop.

Día 1

Hattie y yo nos adentramos en Womyns’ Ware, un sex shop dedicado a la mujer y al sexo positivo y efectivo, situado en Vancouver. Lesley, la dueña del local, y Hattie empiezan a hablar y yo me voy a dar una vuelta.

El local es como una tienda de golosinas eróticas para adultos. Hay juguetes brillantes, objetos estéticamente muy llamativos y penes y vibradores muy atractivos. En ese momento me siento como en Pokémon para poder decir, “¡Atrápalos a todos!”. ¿Alguna vez habéis imaginado lo atractivos que pueden llegar a ser los juguetes eróticos?

Hay filas de penes. Los venden grandes, pequeños, curvados, con venas y, los más asquerosos de todos, los que tienen los huevos con todos los detalles posibles, hasta con pelo. Toco uno y está pegajoso. “Esos son los reales”, dice Anne, la segunda encargada del negocio. “Están hechos para simular al detalle la piel humana”. Como respuesta, hago varias muecas al ver la pelusilla que cuelga de ese pedazo de plástico con aspecto de piel humana. La mayoría de esos juguetes de piel falsa van acompañados de un par de huevos. “Hay gente a la que le gustan los que tienen huevos”. ¿Por qué? A mí, sinceramente, un par de bolas de piel colgando no me atrae, pero observar esa colección de pollas me ha servido para darme cuenta de la gran diversidad que hay en cuanto a necesidades y deseos de cada uno.

Quiero que Hattie compre un pene multicolor inmenso, de 23 centímetros de largo, pero, por desgracia, la decisión no es mía.

Hattie y su nueva hada madrina del sexo, Lesley, siguen mirando juguetes para que se lleve dos a casa. Están centradas en la sección del medio de la tienda, donde hay juguetes multifunción diseñados para la estimulación del clítoris y del punto G. Según Lesley, como Hattie no sabe todavía lo que le gusta, serían un buen punto de partida. Al parecer, los juguetes multifunción son muy populares entre mujeres muy distintas porque tienen en cuenta todo tipo de necesidades. Estoy encantada al ver que son todos muy ergonómicos, y lo que más me gusta de esa sección es que no hay huevos de piel falsa con pelo a la vista. Parece que Hattie ha tomado una decisión: un vibrador pequeño y ligero y un juguete multifunción rosa y discreto.

Ha llegado la gran noche. Me siento con Hattie para tener una última charla antes de que pruebe sus nuevas adquisiciones. Ahí es cuando tengo la oportunidad de preguntarle cómo imagina que va a ser su primer orgasmo. “Nada del otro mundo”, responde ella. “¿En tres palabras?”, pregunto. “Bien, no espectacular”, contesta. Cargada con juguetes por valor de 332 euros, le doy ánimos y la dejo que se marche. Me siento como la típica madre que acaba de dejar a su hija ir en bici sola sin ruedas pequeñas.

Día 2

Al día siguiente abro los ojos y me encuentro con un mensaje que lo único que dice es, “No lo he conseguido”. Es como si Papá Noel me hubiera dado plantón la mañana del día de Navidad. Puedo notar su decepción en el mensaje, aunque no ponga ningún emoji. Entonces, empiezo a sentirme un poco culpable, pues le he metido mucha presión y eso no solo no habrá ayudado demasiado, sino que, de hecho, está contribuyendo a perpetuar el estigma de que el placer sexual existe por y para otras personas. Esta es su experiencia y sé que tengo que dejar de intentar involucrarme tanto. Por ese motivo, le digo que lo que le pasa es completamente normal y me disculpo.

Al cabo de un rato, hablamos por teléfono. Hattie me cuenta que ha probado el vibrador pequeño. Ha estado intentándolo durante una hora, pero no ha logrado nada. “No ha pasado nada emocionante”, dice. “Ha estado bien, pero ya me había sentido así antes”, lo que se aleja mucho de lo que yo había previsto que sucedería. “Creo que tengo que aprender a usar el juguete correctamente”, añade, “no sabía ni lo que estaba haciendo”.

“No estaba demasiado concentrada” ha sido su respuesta cuando le he preguntado en qué ha estado pensando. La idea de que Hattie estuviese utilizando el vibrador pequeño y, al mismo tiempo, pensando en comida o en lo que iba a hacer el fin de semana no es precisamente un buen ejemplo de persona que confía en sí misma cuando se masturba. Después de una hora así, hasta el más experto en el tema se aburriría. “Lo que también creo que me pasa es que tengo que sentirme más cómoda usándolos”.

Días 3 y 4

Hattie da la sensación de estar más animada cuando volvemos a hablar. No tiene las pupilas dilatadas ni muestra el hedonismo típico de aquellos que acaban de tener su primer orgasmo, pero sí que parece un poco más liberada. “He utilizado el grande estas dos últimas noches y es una pasada”. Por “el grande” se refiere al juguete pequeño y rosa multifunción que Lesley propuso como opción b. Este es más potente que el vibrador pequeño, que da una sensación como si alguien estuviera tarareándote en la entrepierna. “Es algo que no he sentido nunca, parece que voy progresando”.

No ha tenido un orgasmo todavía, pero me niego a dejar el tema de lado y que Hattie vuelva a meterse en su burbuja de incomodidad sexual. “Creo que lo único que tengo que hacer es conocerme más a mí misma”, dice, y en ese momento le aconsejo que se tome su tiempo. “No me he metido nada dentro aún, supongo que lo haré esta noche”. Creo que esta ha sido la vez que más cómoda he visto a mi amiga. Está hablando de meterse cosas dentro sin morirse de la vergüenza ni sudar profusamente; ¡increíble!

Como fan del erotismo que soy, decido dar varios consejos a Hattie desde la experiencia de mi yo a los 15 años. Por aquel entonces, era muy curiosa respecto al sexo y leía ficción erótica en mi habitación varias noches a la semana. Le doy el nombre de un sitio web donde se pueden encontrar enlaces que ofrecen contenido de todo tipo de géneros de erótica. Se incluyen historias eróticas sobrenaturales y ficticias que, sorprendentemente, intrigan más a Hattie. “Uf, ¡me encantan todas estas chorradas!”, dice cuando le envío el enlace.

Hace unas semanas, a Hattie le daba miedo la palabra “pene” y ahora me habla sin ningún tapujo sobre alienígenas y vampiros sexis e incluso sobre “ángeles eróticos”. ¡Estoy atónita!

Día 5

Estoy sentada enfrente de Hattie y con mis dedos índice y pulgar hago la forma de un triángulo. Como tengo las dos manos ocupadas, le indico con la nariz los puntos imaginarios más placenteros con la esperanza de guiarla un poco. “Sé dónde está todo”, me dice Hattie tras haberle repetido a regañadientes la palabra “clítoris” unas cuatro veces, “pero no lo he conseguido todavía”. Hattie ha tenido otra larga sesión de masturbación. Me impresiona mucho su perseverancia. Desgraciadamente, estamos a día cinco y no ha llegado al orgasmo aún. “¿Cuándo decides parar?”, le pregunto. “Cuando no tengo más fuerzas”, contesta. Me sorprende su respuesta, supongo que nos acercamos a la meta.

“Ha estado bien”, expresa ella, “ha sido el mejor, sin ninguna duda”. Sigo esperando con paciencia a que diga palabras como “indescriptible” o “impresionante”, pero esta primera experiencia en el mundo del sexo ha sido, tal y como Hattie había previsto, muy poco satisfactoria. Lo bueno es que ella se siente cómoda hablando del tema, y yo tengo que recordarme que eso ya es un paso. Probablemente hace un par de semanas Hattie no se hubiese tocado aunque le hubiese dado una rampa, así que es innegable que hemos progresado. Poco a poco, va acercándose a la meta, y esta noche ha dado un paso gigante con la ayuda de los ángeles eróticos. Después de investigar un poco sobre el tema, puedo decir firmemente que nunca me pondría cachonda con un ángel de estos, lo que es un claro ejemplo de lo distintos que somos unos de otros.

Pues bien, parece ser que los ángeles eróticos existen de verdad. En internet podemos encontrar infinidad de narrativa erótica que describe a criaturas con alas y su intensa actividad sexual. En mi opinión, no hay nada menos sexy que leer novela erótica fuera de contexto, y hay un límite a las veces que puedo leer “miembro pulsante o “jugo de ángel” antes de borrar esos recuerdos de mi memoria. Anoche me imaginé a Hattie teniendo otra sesión de masturbación y deseé que fuese la gran noche. Parte de mí sabe que mi amiga está lista, así que cruzo los dedos y rezo, a los ángeles eróticos, por supuesto.

Día 6

Por la mañana, recibo un mensaje con seis emojis.

Habla en clave y la verdad es que no me mato para descifrarlo. Lo importante es que lo ha conseguido. Con unos emojis tan eclécticos no me acaba de quedar claro cuál es el mensaje general, más que nada porque no se ve ningún emoji de ningún ángel.

“¿Cómo estás?”, le pregunto. “Igual”, responde ella. “Supongo que más feliz por saber que puedo hacerlo”. ¡Se muestra totalmente indiferente! ¿Dónde están todos esos superlativos erógenos? Esperaba que me escribiera algún párrafo al estilo Jilly Cooper explicándome todos los detalles de su experiencia, pero se niega a darme tantas explicaciones. Para Jilly Cooper, los orgasmos literarios siempre incluyen estremecimientos, emociones y vibraciones, y la escritora los pinta como algo muy saludable y tierno. Hattie resumió la experiencia en dos palabras: “estuvo bien”. Luego dijo que “ha sido una sensación nueva, es difícil describirla”. Claramente, toda la ficción erótica que ha estado consumiendo no le ha inspirado para ser un poco más creativa, pero creo que a mí también me costaría describirlo. “Ahora todo tiene sentido porque conozco el final”, continúa, “en este momento lo único que quiero es mejorar en el tema”. Así que, después de haber alcanzado por primera vez el clímax, Hattie se ha propuesto algo para el 2018: tener buenos orgasmos.

¿Conclusión? Si pones todo tu empeño en algo, ¿lo conseguirás siempre? Es evidente que esta ha sido una lección de perseverancia. Hattie se pasó una hora cada noche durante seis días intentando tener un orgasmo y lo consiguió. Es decir, dedicó seis horas de su vida a mejorar a nivel personal y aumentar su amor propio, lo que la convierte en una mujer distinta al resto. Pero, aunque no lo hubiese conseguido, ella dice que hubiese estado agradecida de todas formas. “Todo esto me hizo cuestionarme mi propio placer, algo sobre lo que antes no me sentía cómoda hablando, pero ahora sí. Ojalá lo hubiese descubierto antes”, me cuenta mientras chocamos los cinco, cada una a un lado del teléfono.

El objetivo de las relaciones sexuales debería ser sentirse bien, y no necesariamente llegar al orgasmo, pues hay gente que no puede. Estoy muy contenta porque Hattie al final ha logrado saber lo que le hace sentir bien, y ahora no le importa en absoluto pasarse una noche sola con su vibrador rosa y los ángeles eróticos. Podríamos describir este momento como la despedida de la chica que decía que su vida sexual era “puro aburrimiento”.