Food

Fui el cocinero de sushi personal de Kim Jong-il

Extravagancia, banquetes y borracheras en el país más aislado del mundo.

por Pierre Longeray; traducido por Álvaro Alarcón Bermejo
11 Noviembre 2019, 4:45am

© Kenji Fujimoto en 1991 en Changsong. Cortesía de Hugo & Cie.

Artículo publicado originalmente por VICE Francia.

Otoño, 1982. Hace dos largos meses que Kenji Fujimoto se mudó a Corea del Norte. Los días se hacen eternos mientras espera en Pionyang a que se construya el restaurante-karaoke en el que ha sido contratado por la Cámara de Comercio Nipona-Norcoreana.

Un día de octubre, el jefe del restaurante le llama histérico y le dice que coja lo que necesite para servir sushi a 20 personas, de inmediato. Llegan tres Mercedes sedán y Fujimoto se monta en uno. Durante dos horas, ve pasar granjas norcoreana desde la ventanilla hasta que, finalmente, llegan a su destino: un majestuoso edificio costero.



Son las dos de la mañana cuando por fin le piden que sirva el sushi a los invitados. El evento transcurre sin problema; Fujimoto recuerda que un hombre quería saber qué tipo de pez estaba sirviendo (ventresca de atún). Pidió repetir.

Vuelve a Pionyang dos días más tarde. Sentado en un restaurante, se queda petrificado cuando ve a una camarera hojeando un periódico local. En primera página hay una foto del hombre que quería más ventresca. Sin saberlo, Fujimoto había cocinado para el hijo del líder norcoreano Kim II-sung: Kim Jong-il, el futuro dictador.

Poco tiempo después, volvió a aparecer el Mercedes: Kim Jong-il tenía hambre. Envían a Fujimoto a Banquet Hall Nº 8, en algún lugar cerca de la capital de Corea del Norte. El proceso se convierte una rutina cada diez días, pero Fujimoto no le cuenta a nadie que hace de cocinillas para el lider norcoreano. El dictador aprecia tanto la cocina del chef nipón que le regala un Mercedes y una licencia norcoreana. Fujimoto y Kim Jong-il forjan así una relación de lo más peculiar entre fogones y sushi.

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LA PLANCHA TEPPANYAKI EN BANQUET HALL NO. 8. IMAGEN DE KIM JONG-IL.

Kenji Fujimoto habla en su libro El cocinero del dictador, superventas en Japón, de su relación con el dictador. La trama transcurre en uno de los periodos más oscuros de Corea del Norte: Atentados e intentos de asesinato son el pan de cada día de la vida política y mientras el pueblo se muere de hambre (al menos un millón de personas perecieron durante la hambruna de mediados de los 90).

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KENJI FUJIMOTO BEBE UNA KIRIN LAGER, IMPORTADA DE JAPÓN.

Mientras, la élite norcoreana vive en una burbuja de lujos y derroches a la que accede Fujimoto.

En 1988, Kim Jong-il le pidió al maestro del sushi que se convirtiera en su cocinero personal, lo cual suponía vivir a su lado. Aparte de conseguir el puesto oficial, Fujimoto se fue abriendo paso entre los círculos privados del dictador donde lo agasajan con regalos. Cuando jugaban a las cartas, los premios iban desde un piano o una cámara Sony hasta un asiento de inodoro con calentador.

Al parecer, Kim Jong-il llegó incluso a hacer de celestina entre Fujimoto y Om Jong-nyo, una joven cantante y campeona de boxeo. Finalmente, se casaron y Kim Jong-il se encargó de que todo en la boda saliera perfecto —aunque significara confiscar el pasaporte de Fujimoto para que no escapara.

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LA BODA DE KENJI FUJIMOTO Y OM JONG-NYO.

Según recuerda Fujimoto, se despertó, después de haberse metido una botella de Hennessy, en mitad del banquete nupcial y se dio cuenta de que alguien le había afeitado todo el vello púbico mientras estaba inconsciente. Fujimoto cuenta que en los círculos del dictador nunca faltaban las borracheras.

En las fiestas, el dictador a menudo ordenaba a los invitados que se tomaran chupito tras chupito de coñac. Al parecer, Kim solía estar sobrio durante largos periodos por recomendación médica. Pero luego perdía los estribos. Hubo una cena de borrachera en uno de sus yates en la que, según Fujimoto, Kim se puso a orinar en una bolsa de plástico, le dio vueltas en el aire y la tiró al mar.

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EN UN BARCO-RESTAURANTE EN 1989. EN EL MENÚ: POLLO ASADO Y FIDEOS NAENGMYEON FRÍOS. DE MANERA INUSUAL, SE PUEDE VER A KIM JONG-IL CON PANTALONES CORTOS.

El chef no hacía la compra con su coche, sino con su avión. La fruta la compraba en Singapur; el caviar, en Rusia o en Irán y el pescado en su tierra natal, Japón.

“La comida entra primero por los ojos, se debe disfrutar de las formas y los colores”, le solía decir Kim Jong-il. En cocina, tenían que inspeccionar minuciosamente cada grano de arroz: solo los más exquisitos llegaban al plato del dictador.

El líder coreano, amante de las experiencias culinarias, se interesó por el ikizukuri, pescado crudo que se sirve cortado y vivo, un estilo que le mostró Fujimoto. Sin embargo, Kim se moría por algo menos opulento: los fideos instantáneos. Especialmente, los Rao de la marca Nissin.

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Aunque Fujimoto parecía adaptarse a la vida en el hermético país, Kim Jong-il no se olvidaba de recordarle a la gente quién era el jefe. Una vez, Fujimoto ganó una carrera de motos acuáticas en el río Yalu, pensando que impresionaría al dictador. Pero un mes más tarde, Kim Jong-il le pidió la revancha. Esa vez, le ganó con un modelo mucho más nuevo y rápido

Unos años más tarde, Fujimoto ya había aprendido lo que significa enfadar al dictador. Una vez, fue condenado a seis meses de trabajos forzados preparando sushi en un gimnasio de Pionyang por no limpiar su habitación en una de las propiedades del dictador.

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PREPARANDO SUSHI CON LOS MIEMBROS DE LA SECRETARIA GENERAL, CERCA DE CHANGSONG EN 1989.

A pesar de estos incidentes, Fujimoto no se plantea abandonar el país hasta comienzos del 2000, cuando se le sentencia a casi dos años de arresto domiciliario por un viaje de visita a Japón en el que se le acusó de lealtad al país nipón.

Planeaba escapar en cuanto se acabara su arresto domiciliario. La comida le trajo hasta Kim Jong-il y puede que también le sacara de allí.

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UN HUERTO DEL PARTIDO, EN EL COMITÉ CENTRAL EN PIONYANG.

En marzo de 2001, Fujimoto le enseña al dictador un episodio del Programa de Cocina de Dotch dedicado al uni-don, un plato hecho con erizo de mar y arroz. Al ver el interés de Kim, se ofrece para traerle los mejores erizos de Hokkaido, Japón. Kim Jong-il acepta. Un mes más tarde, Fujimoto se sube a un avión con una maleta más grande de lo normal, rumbo a su casa.

Casi 20 años después, todo eso son cosas del pasado. Kim Jong-un, el hijo de Kim Jong-il, lo recibe de nuevo en Corea del Norte en 2016. Fujimoto regresa temporalmente para abrir un nuevo restaurante de sushi y un pequeño bar de ramen.

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