Captura de pantalla vía YouTube
Un hotel japonés ha decidido poner una de las habitaciones al módico precio de 83 céntimos con la condición de que el huésped retransmita su estancia en streaming por YouTube. Inoe Tetsuya, su propietario, tiene 27 años y, tras heredar el negocio de su abuela, un pequeño hotel, empezó a pensar —según él mismo declaró a medios como la CNN Travel— en cómo podía mejorar y renovar este negocio tradicional. Concluyó en que la mejor opción era ofrecer una de las habitaciones del alojamiento por tan solo 100 yenes —0,83 euros— por noche a cambio de que los clientes aceptaran retransmitir cada minuto de su estadía.El feed es solo de vídeo, no tiene audio, y en el baño no hay cámaras. Los vídeos se retransmiten por One Dollar Hotel, el canal de YouTube creado para la ocasión, que ya tiene casi 13.000 suscriptores. En él pueden verse las estancias de los cuatro huéspedes que ya han aceptado "el reto"."A los jóvenes de hoy en día no les importa mucho la privacidad", comentó Inoue con CNN Travel. "Algunos de ellos creen que está bien ser vigilado por solo un día". Y no. No es que no nos importe mucho nuestra privacidad, es que no tenerla nos da incluso gustillo. Es que quizá hayamos borrado completamente la línea, en buena parte redes sociales mediante, entre la esfera pública y la privada.En El nuevo espacio público, el catedrático de filosofía política Daniel Innerarity analizaba los escenarios en los que, actualmente, se organiza y desarrolla la vida pública, y los ponía en relación con la identidad y el devenir de las cuestiones políticas en general y la democracia en particular. "Nos encontramos ante un fenómeno de correlativa privatización de lo público y politización de lo privado, que da lugar a una situación de indiferenciación entre las dos esferas, de falta de tensión entre lo público y lo privado, generando algo que bien podríamos entender como una esfera íntima total que, por ser total no es íntima en el sentido tradicional, y que por estar tan fuertemente personalizada no configura un espacio propiamente público", escribía el filósofo en 2009 en el blog Libre Pensamiento."Esta viene a ser la tesis que sostienen Arendt, Sennet, Ariès y Duby, cuando afirman, con argumentos muy similares, que la intimidad se ha hecho con el espacio común, que la muerte del espacio público se corresponde con una sobrecarga emocional de la vida íntima, lo que Rousseau ya había previsto al afirmar que los asuntos domésticos lo invadirían todo", añadía.Su tesis, enunciada hace ya diez años, cobra cada vez más sentido, y se culmina con la enorme metáfora que encierra la genial idea del señor Tetsuya Inoue vendiéndonos como experiencia una habitación "casi gratis" a cambio de un cachito de intimidad. Y ni nos pone en alerta ni nos parece mal. Porque joder, al fin y al cabo, tenemos nuestros móviles -y casi casi nuestras vidas- petados de aplicaciones que funcionan exactamente con esa misma lógica.Sigue a Ana Iris Simón en @anairissimon.Suscríbete a nuestra newsletter para recibir nuestro contenido más destacado.
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Cuando, en el año 2000, Telecinco comenzó a emitir Gran Hermano muchos vieron en aquello una revolución no solo televisiva sino sociológica. La adaptación española de Big Brother producida por Zeppelin TV fue líder de audiencia en casi todas sus ediciones porque permitió, cuando los móviles aún tenían teclado, el snake y eran en blanco y negro, colarnos en la vida privada de diez personas en aquel momento anónimas.Han pasado casi veinte años desde entonces y quizá la telerrealidad tenga ahora menos sentido que nunca. Porque si el título del programa, que aludía al 1984 de Orwell, estaba bien traído entonces al espacio televisivo ahora lo está, más allá incluso del omnipresente Gran Hermano, también quizá en lo que atañe a la policía del pensamiento y a la neolengua, a nuestra vida cotidiana. A nuestra realidad. Es casi imposible no pensar que "vivimos en una simulación" si nos paramos a pensar en que retransmitimos nuestra vida por fascículos, en casos como el de Cambridge Analytica o en este hotel.
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