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El ‘after’ de las hipotecas, analizamos el mejor vídeo del año

A pesar de todo, tienen razón.

por Pol Rodellar
14 Diciembre 2017, 7:58am

Todas las imágenes vía el canal de YouTube de periodistadigital

Hay gente que vive con extrema pasión y devoción el hecho de hablar y comentar el estado actual del mercado hipotecario de España. Cada uno tiene sus gustos, hay gente que le gusta pasarse un día entero bebiendo vino o tocando una zampoña o haciendo ambas cosas a la vez . Hay gente para todo.

Centrémonos ahora en el vídeo que tenéis más arriba —por favor, mirad aunque sea solamente los primeros 30 segundos—, el de unos tal Simón Pérez y Silvia Charro, quienes parecen extraer un placer extremo de las conversaciones hipotecarias. El vídeo es una promoción (o algo que no se sabe muy bien qué diablos) del periódico Periodista Digital.


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Resumiendo, el vídeo consiste en una diatriba de 8 minutos y 34 segundos en el que solo se repite un mantra. El vídeo podría haber durado solamente 20 segundos, pero Simón y Silvia, embriagados por el ímpetu del que ha venido a hablar largo y tendido sobre hipotecas —esa persona llena de ilusión—, han decidido dilatarlo hasta casi 10 minutos de nuestra vida.

¿Cuál es este mantra? Pues que España tiene que pasar de hipotecas de interés variable a hipotecas de tipo fijo. Dilo en voz alta, por favor, ¿cuánto segundos tardas en decir esta frase? "España tiene que pasar de hipotecas de interés variable a hipotecas de tipo fijo". Yo unos cinco. Entre las presentaciones y la despedida, el vídeo no tendría que durar más de 20 segundos. Os lo juro, en el vídeo SOLO se repite una y otra vez este mantra.

Venga, va, centrémonos en los detalles.

Cuando uno empieza a ver el vídeo ya intuye algo, digamos, raro. Como que las cosas no están yendo del todo bien. Los protagonistas actúan de una forma rara, sí. Simón y Silvia. Silvia y Simón. Ambos con anillos de casados, probablemente marido y mujer, un combo empresarial impecable.

Silvia Charro, por su parte, no puede parar de moverse y respirar profundamente. Respirar está bien, es necesario, hay que hacerlo todo el rato, pero tampoco hay que inspirar tanto como si se estuviera en una clase de preparto, quiero decir, como si se estuviera siempre en una clase de preparto.

Esta mujer y sus movimientos logran generara una intranquilidad abismal, algo no muy recomendable cuando se intenta convencer a alguien de hipotecarse de por vida.

Pero vayamos ahora con Simón. Don Simón. El señor Simón Pérez es la clase de tipo que ya está de vuelta de todo y que se presenta a las reuniones de empresa con su hijo que no ha ido a la escuela porque está a 40 de fiebre y tampoco podía dejarlo solo en casa porque hoy Trinidad, la chica que le limpia el piso, no podía venir. Su aspecto es el de una especie de Eduard Fernández de las finanzas, un comentarista de bar de cubata caliente en mano.

Pero lo más maravilloso es que Simón Pérez aparece desdoblado. Por un lado está la persona de carne y hueso —y el producto X que esté corriendo por sus venas— y por el otro esa imagen suya que aparece proyectada detrás, dentro de una pantalla. Este sencillo trampantojo visual parece intentarnos decir que existen dos Simones; son dos caras de una misma moneda: Dr. Jekyll y Mr. Hyde; el profesor (el de detrás) y el loco (el de en frente); el profesional y la fiesta: Simón y Pérez. Simón el correcto, el de la corbata; Pérez el "por favor tutéame, que no soy un viejo", el descamisado.

Todos estos personajes generan una entropía que, ante todo, extraña al espectador y lo incomoda, una suerte de juego inmoral digo de Lanthimos o Haneke. Es criticable que haya gente hablando así sobre inversiones inmobiliarias, algo que ha destruido este país por completo. Esta es la gente que controla, que maneja. Mientras en España esta gente habla de una forma muy jodida y condescendiente sobre hipotecas en una aldea cercana a Kuala Lumpur un terremoto está devastando la vida de varios cientos de familias.

Permitidme hacer un inciso sobre el tema de los micros. Mirad cómo coge ella el micro, apretando con una furia extrema, como quien agarra muy fuertemente la idea de que, joder, hay que apostar por las hipotecas de interés fijo. Esa mujer transmite con su mano blanca —sin sangre, de tanto presionar— esa convicción, ese apoyo incondicional hacia “lo del tipo fijo”. El micro, por otra parte, también sirve para amplificar sus incómodas inspiraciones y expiraciones, ese flujo perpetuo de vida y muerte. A la par, también ensanchan el constante sonido que genera el roce del movimiento de su ropa. Todo culmina en un aura de distracción y distanciamiento que, pese a la mano apretada con firmeza, fracasa en el intento discursivo.

Simón, por su parte, suda del micro y al final lo mueve como si fuera, de nuevo, un vaso de Larios. Él está por encima de la amplificación, de "toda esta mierda de los micros".

Todo el invento se trata de una conversación de esas que tienes en esos bares que se llaman rollo “El Rincón del Artista”, esos garitos que no cierra nunca y que mantiene su actividad con la persiana bajada, con sus parroquianos hacinados dentro comiéndose la oreja. Eso es, esta gente se está comiendo la oreja. De hecho, Simón le está comiendo la oreja a Silvia, quien, llegado cierto punto de la conversación unidireccional, ella se limita a espetar unos cohibidos “exacto”.

Está claro (o no) que se lían al hablar, se mueven raro, están como de after. Tenemos también las cien caras de Silvia, sus ojos, sus movimientos arqueados de espalda y luego ese pliegue en forma de viruta de la camisa de Simón (que no sé qué significa pero no puede ser nada bueno).

Hay un momento clave en el que hablan de que “los tipos de interés están en mínimos”. ¿A qué se refieren? ¿Quiénes son los tipos de interés? ¿Son ellos mismos? Entonces, ¿por qué están “en mínimos”? ¿Es este momento un guiño a los espectadores? ¿La aceptación de un fracaso?

Aun así, debo decir que al final uno se acostumbra y empieza a dudar de si Silvia y Simón están realmente actuando de una forma rara. Puede que todo sea fruto de la ilusión de contar algo que ayudará a este país y del nerviosismo de estar “en antena”. Quizás la gente entusiasta es así. Quizás todo esté bien. Quizás el mundo sea así. Quizás realmente haya que apostar por las hipotecas de tipo fijo.

Tras ver el vídeo, hemos consultado con un experto bancario que asegura que toda la información de Silvia y Simón es correcta.

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