Entre los músicos y artistas que han participado se incluyen, entre otros, el compositor ganador de un Óscar Gabriel Yared, que creo una composición para Las grandes bañistas de Cezanne; la ganadora del premio Turner Susan Philipsz, que trabajó con Los embajadores de Hans Holbein el Joven; el compositor de música clásica Nico Muhly, con su obra para el Díptico de Wilton; y Jamie xx, que eligió trabajar con la obra puntillista Escena costera de Théo van Rysselberghe del 1892.
Cada una de las pinturas y composiciones se presentan dentro su propia sala insonorizada y es la primera vez que el museo experimenta con la forma de presentar su colección.La obra de Jamie xx se titula Ultramarine y según la revista DIY Mag "se transforma y suena de forma ligeramente distinta dependiendo de tu posición en la sala. Si te acercas a la Escena costera, la composición suena un poco loca y fragmentada, con pinceladas de percusiones metálicas de vez en cuando, como si fueran las manchas azules que forman la propia pintura. Por el contrario, si te alejas del cuadro, la saturación de Ultramarine crece y resulta menos caótica".Sin embargo, las críticas de la exposición se dividen entre las que la califican de "absurda", y aquellas que la ven como un acertado paso adelante para una institución que lleva tiempo confiando en costumbres aburridas en lugar de la innovación. Sea como sea, está atrayendo a nuevos visitantes a admirar las pinturas, lo que nunca puede ser nada malo.
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“Cuando se componen sonidos en respuesta a una obra de arte, estos pueden promover, e incluso forzar, la concentración”, dice el Dr Nicholas Penny, director de la Galería Nacional. "Además, se pueden combinar con una imagen para conseguir captivarnos y transportarnos. El silencio que viene luego nuca es igual”.
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