Salud Mental

Una entrevista con el creador del Citalopram

Desde que empecé el tratamiento, he querido agradecer personalmente a su creador por haberme cambiado la vida.
22.2.17

Foto superior: imagen de la pastilla por Fimpelman, vía; imagen de la cabeza vía 

Desde que empecé a tomar antidepresivos, hace un año, no he vuelto a añadir nuevas marcas al tapiz de quemaduras de cigarrillo y cortes con cuchillo que recubren gran parte de mi brazo izquierdo.

Lo cierto es que la tendencia a autolesionarme desapareció después de seis semanas tomando Citalopram; durante esa primera etapa, pasaba las noches rechinando los dientes como si me hubiera metido un gramo de la MDMA más potente, o aterrorizado ante el mero hecho de estar vivo; flotaba en un estado de apatía hacia todo lo que me rodeaba. Después de aquello, empecé a sentirme un poco mejor. Todo volvía a parecer real y nítido y se desprendía de esa cualidad intangible. Sentí que había alguien de mi parte. Había encontrado un mecanismo de defensa que podía tragarme a diario con un poco de agua.

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Estos últimos meses, durante los que he disfrutado de una estabilidad que hacía mucho que no sentía, he pensado en repetidas ocasiones en esa persona que inventó el Citalopram, alguien a quien no conozco pero que, gracias a sus investigaciones en algún laboratorio lejano, ha influido en mí de tal modo que incluso me ha hecho recuperar las ganas de vivir.

Solo hizo falta acudir a Google para saber que esa persona a la que tanto debo es Klaus Bogeso, científico de la farmacéutica danesa Lundbeck Pharmaceuticals que creó el compuesto en 1989. Sin embargo, hubieron de pasar 19 años para que el fármaco fuera aprobado por las autoridades sanitarias.

Hablar por teléfono con él fue, en cierto modo, una experiencia conmovedora; sin saberlo, aquel hombre sin rostro había hecho mucho por mí. Sin embargo, no quiso atribuirse todo el mérito, asegurándome que fue "el Profesor [Arvind] Carlsson quien puso sobre la mesa la teoría de que la serotonina influía en los estados de ánimo. En agosto de 1972, yo creé el compuesto que ahora se conoce como Citalopram".

El Citalopram es un inhibidor de recaptación de serotonina selectivo (IRSS). A diferencia de los antiguos antidepresivos , se cree que los IRSS funcionan incrementando los niveles de serotonina —la sustancia de la felicidad— del cerebro. Si bien existen muchos tipos de IRSS, Citalopram es el compuesto más prescrito en el Reino Unido. ¿Por qué? "Porque es, de lejos, el compuesto más selectivo comparado con los IRSS que también afectan a otros neurotransmisores e interactúan con más enzimas metabolizadoras", señaló su creador. "Además, los otros IRSS son más problemáticos a la hora de combinarlos con otros fármacos".

Modelo en 3D del compuesto Citalopram. Imagen vía

Cuando caducó la patente del Citalopram, Lunbeck comercializó el Escitalopram, una versión actualizada del compuesto que se presentó bajo las marcas Cipralex y Lexapro, entre otras. El fármaco alcanzó el segundo puesto de la lista de los mejores antidepresivos publicada por The Lancet en 2009 y se menciona en el tema "FML" de Kanye West.

Como era de esperar, la mención del fármaco por el mismísimo Kanye armó un revuelo considerable, en parte porque a día de hoy todavía se lo asocia con el tratamiento de trastornos mentales. "La gente se confunde con las enfermedades psiquiátricas y no las asocia con la medicación", afirma Klaus. "Se piensan que se trata simplemente de recuperar la integridad".

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Gran parte de esta confusión se debe a la mala interpretación por parte de los medios. Los antidepresivos pueden generar dependencia y síndrome de abstinencia, pero ni son adictivos ni poseen valor recreativo. Sin duda existe cierto debate justificado en torno a los inconvenientes de estos fármacos, como demuestra un estudio reciente en el que se señala que "existe un riesgo muy bajo pero importante" de que determinados IRSS propicien la aparición de cardiopatías. Otro aspecto que a menudo se critica es el hecho de que los efectos de estos fármacos suelen empezar a notarse transcurridas varias semanas. Un problema que el vicepresidente de la división de Transmisión Sináptica de Lundbeck, Niels Plath, está trabajando para resolver. Niels señala que "se trata de una situación muy desafortunada cuando, debido a tu estado mental, no eres capaz de reunir el valor suficiente para iniciar un tratamiento. Esto implica que muchos pacientes dejen la medicación antes de que empiece a hacerles efecto de verdad. Durante esas semanas, una persona con pensamientos suicidas puede acabar matándose".

Todavía se desconoce por qué los IRSS tardan tanto en hacer efecto, sobre todo cuando los experimentos realizados en roedores demuestran mejoras significativas de forma casi inmediata. "Debemos aceptar con franqueza que por ahora no conocemos la respuesta".

Asimismo, existe cierta polémica en torno a si la serotonina actúa realmente como catalizadora de la depresión. Muchos estudios recientes sugieren que no existe relación alguna entre unos niveles bajos de serotonina y los estados depresivos. Sin embargo, Niels y Lundbeck siguen defendiendo esta teoría. Niels afirma que, "sin duda, hay personas que muestran síntomas de depresión debido a una falta de acción serotonérgica en el cerebro", y reconoce también que "no toda la población" muestra una respuesta a IRSS como el Citalopram.

Si bien entiendo estas críticas, para mí es un hecho que el Citalopram me ha cambiado —y posiblemente salvado— la vida.

Cuando pregunto a Klaus si alguna vez se paraba a pensar a cuántas personas ha ayudado, me responde, "Es un sueño crear un fármaco que llegue a comercializarse. Yo he tenido la suerte de crear dos y de comprobar que son muy efectivas. Me hace muy feliz pensar que hay tanta gente que esté recibiendo este tratamiento de forma regular. Es el sueño de todo químico".

@kylemmusic

Traducción por Mario Abad.