El cultivo de insectos en Tailandia puede sacarte de pobre

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El cultivo de insectos en Tailandia puede sacarte de pobre

Tailandia es uno de los muchos países con una larga historia de entomofagia (comer insectos); sin embargo, no fue hasta hace pocos años que la industria despuntó dramáticamente. Una mujer agricultora pasó de criar grillos para saciar los antojos de su...
25.5.15

Un creciente coro de grillos recibe a Aunt Jai mientras levanta el mosquitero azul que cubre los corrales de concreto en el exterior de su casa. Balbuceando con todo el entusiasmo, se apresura a señalar todos los detalles de su modesta granja de grillos. «Esos son los que se reproducen … Estos son los grillos jóvenes de la casa … Allí puedes ver algunos de sus huevos, si levantas esa hoja de yuca …». Para alguien de 62 años de edad, es sorprendentemente ágil, recorriendo cada uno de sus 15 corrales de concreto, mostrando con orgullo los insectos que le han traído tanto éxito.

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Se ríe y hace un gesto a las decenas de miles de grillos a su alrededor. «¡Yo solía ser una agricultora normal!».

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Tailandia, como muchos otros países, tiene una gran historia con el consumo de insectos, o a lo que se le llama entomofagia. Pero, mientras que en muchos de esos países existe una disminución de consumidores de insectos –debido en gran parte a la imagen negativa que Occidente ha creado acerca de comer insectos– la comunidad

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de Tailandia ha crecido y se ha diversificado más allá de los niveles históricos, gracias a una cambiante percepción de los insectos como comida.

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Hoy en día, la Organización para la Agricultura y la Alimentación de la ONU (FAO, por sus siglas en inglés) alaba a Tailandia por ser «uno de los pocos países que ha desarrollado un sector agrícola de insectos viable y próspero» con «más de 20 mil empresas agrícolas de insectos … registradas en el país». El sector actualmente constituye una frontera de la agricultura de varios millones de dólares; está creciendo tan rápidamente que supera a la investigación académica y a la supervisión del gobierno.

Con sólo dos años de experiencia, Aunt Jai pertenece a la nueva ola de tailandeses que entra en la industria del cultivo de insectos. Sin embargo, a diferencia de otros agricultores, ella no era consciente de su potencial, ya que comenzó con el objetivo de saciar los antojos de su hija. «[A mi hija] le encanta comer grillos, así que pensé en comprar algunos huevos de grillo e intentar criar unos para ella», recuerda con una risita incrédula. «Yo no sabía lo que vendría después».

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Después de recibir un pequeño lote de varios huevos de grillo en el correo, Aunt Jai los colocó en una pequeña caja azul y, al no haber aprendido nada sobre la crianza de grillos, batalló mucho para que crecieran después de tres meses de ensayo y error. Finalmente, tuvo un gran avance y comenzó la cría de grillos en varios ciclos. Dos meses más tarde, el rumor sobre sus grillos se extendió en su aldea rural, localizada cerca de Don Chedi, a sólo 80 kilómetros al noroeste de Bangkok.

«La gente venía a mi granja pidiendo comprar algunos de mis grillos», me dijo. Aunt Jai se dio cuenta inmediatamente del potencial de su proyecto. «Me costó 3 mil THB ($91 dólares) para empezar, y, después de cinco meses, había logrado recuperar la inversión, ¡más un extra de 20 mil THB ($ 610 dólares)!»

Rápidamente invirtió otros 100 mil THB para los 15 grandes bloques de cemento que conforman su granja actualmente. «Hoy estoy ganando más de 20 mil THB por vender alrededor de 200 kilos de grillos al mes. El año que viene, quiero duplicar el tamaño de mi granja y comenzar a venderle a los mayoristas de Talad Thai».

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Talad Thai, en las afueras de Bangkok, es el mercado al por mayor y al por menor más grande del país, pues mide cerca de 200 acres de tierra. Caminar entre los cientos de diferentes mayoristas es una exposición vertiginosa y gloriosa de la gran variedad y cantidad de alimentos disponibles en Tailandia.

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Montañas de calabazas le hacen sombra a los mayoristas para protegerlos del sol, mientras que la calabacita, los limones, las papas y los tomates se encuentran alineados. Cebollas, bosques de hierbas verdes, y manojos de ajo cuelgan de tablas. El olor a chiles secos en agua y vinagre está siempre presente en el aire húmedo.

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As fellow members of the Orthopteran clan, these bugs aren't just noi

Talad Thai, y los mercados parecidos a él, son un eslabón común en la cadena de suministro, de mediana a gran escala, de las empresas de insectos agrícolas. Con esta única parada, los agricultores tienen la posibilidad de vender a granel a una base de consumidores más amplia.

Talad Thai, por sí mismo, genera un ingreso promedio mensual de más de 300 mil THB ($ 9,150 dólares) al mes por la venta de insectos. Escondido en un área de la sección de verduras se encuentra uno de las cuatro mayoristas de insectos del mercado. Somnuek, de 54 años de edad, un mayorista de insectos por cerca de siete años, tiene poco tiempo para descansar mientras él y su familia trabajan duro para servir al flujo de clientes.

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«Después de las campañas de sensibilización de los médicos y de la ONU, he visto que, definitivamente, el número de consumidores aumentó, lo que a su vez significa que hay más granjas para satisfacer la creciente demanda», explica, antes de dirigirse rápidamente a un montículo de pulpas de gusano de seda ligeramente húmedas y llama a otro transeúnte. «¡Come esto! Es bueno para las articulaciones, especialmente para las rodillas».

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Mientras señala hacia los recipientes brillantes de insectos en proceso de descongelación, Somnuek estima que, cuando comenzó, sus ganancias mensuales estaban en los miles. Ahora siempre supera los 100 mil THB ($ 3,050 dólares) al mes.

«Importo de Camboya y de China y exporto a diferentes comunidades tailandesas de todo el mundo», me dijo. «Incluso he vendido 100 kilos de pupas de gusano de seda para algunas personas tailandeses en los Estados Unidos».

La región de Isan al noreste de Tailandia, y, en menor medida, las regiones más meridionales, constituyen históricamente la mayor parte de consumidores de insectos en Tailandia. Mientras que todavía constituyen a la mayoría del mercado de consumo, esa base se está diversificando y ampliando rápidamente a medida que cambian las actitudes.

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El Dr. Yupa Hanboonsong, profesor asociado de entomología en la Universidad de Khon Kaen y coautor de un informe de 2013 de la FAO sobre la agricultura de insectos en Tailandia, cree que este cambio se debe a un reciente esfuerzo de aumentar el nivel de comodidad al comer insectos en las generaciones más jóvenes.

«Hemos hecho ferias de alimentos, introduciendo nuevas recetas, los servimos en los almuerzos escolares, ponemos la comida en envases más agradables, exponiendo [a los niños] a los insectos de una manera más positiva», explicó Hanboonsong. «Con esto, cambiamos opiniones».

«Hace quince años, esto era visto como algo que sólo comían los habitantes de Isan, los pobres y los viejos», dijo Hanboonsong. «Ahora, hace poco, vi a una niña de 5 o 6 años de edad, comiendo insectos. Me acerqué a ella y le pregunté: '¿Por qué estás comiendo insectos?', y ¡me miró como si fuera una pregunta muy extraña! Es algo normal para ella –come insectos como si fueran caramelos–».

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Harn, un joven de 18 años de edad, proveniente de Isan, y que puso su puesto de insectos en el centro de Bangkok, puede ganar 20 mil THB por mes, con un margen de ganancia del 50 por ciento. «Sabía que podía instalarme en cualquier lugar y estaría bien», dijo Harn, quien obtiene sus insectos del cercano mercado de Khlong Toei. «Todo el mundo compra aquí –todo tipo de tailandeses, chinos, turistas occidentales. Yo solía comprarlos y cocinarlos para mí, pero vi que cada vez era más popular, así que decidí venderlos».

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En Talad Thai, Somnuek también se dio cuenta de la repentina diversidad de consumidores. «Viene todo tipo de gente a comprar aquí», dijo. «Incluso vino una actriz local muy famosa a comprar mis productos».

La «actriz local muy famosa» compró, aparentemente, un par de kilos de uno de los insectos más preciados: la oruga de bambú. En un puesto cercano, estas orugas se venden por 400 THB el kilo, cuatro veces el precio del grillo de casa. Solo disponible por temporada y cosechada en su medio natural, la oruga de bambú es considerada uno de los insectos más elegantes para comer, sobre todo en el norte de Tailandia.

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Aunque la FAO estima que Tailandia tiene unas 200 especies comestibles de insectos, se comen menos de una docena con regularidad. Hanboonsong explica que estos insectos pueden subdividirse en dos grupos: los insectos cultivados (como los grillos y los gorgojos de palma) y los que se cosechan de su medio natural (como las orugas de bambú, las hormigas tejedoras y los insectos de agua gigantes).

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En su mayoría, los insectos que se cosechan de su medio natural sólo están disponibles en ciertas regiones, o durante determinadas épocas del año, y son difíciles de cultivar intensamente. Por lo tanto, la escasez conduce a que se eleven sus precios, incluso más allá de los del pollo, el cerdo o la ternera. No obstante, con el aumento del uso de la refrigeración, muchos de estos insectos están disponibles durante todo el año. (Los insectos congelados todavía están bien después de uno a dos años.)

Si bien esto es positivo, en el corto plazo, para los consumidores, eso también significa que algunos agricultores tienen un incentivo para cosechar a niveles insostenibles cuando están disponibles. Incluso con la actual tasa de recolecta silvestre, las poblaciones, tanto del popular insecto de agua gigante y la de las hormigas tejedoras, están disminuyendo.

«Necesitamos que los agricultores se unan en grupos grandes, para asegurarnos de que la BPA (Buenas Prácticas Agrícolas) los entrene», explicó Hanboonsong. «Además de cambiar la percepción acerca de comer insectos, tenemos que asegurar una buena práctica de la recolección silvestre y del cultivo».

Después de sus meses de ensayo y error, Aunt Jai es más consciente de los riesgos que trae la mala práctica agrícola. «Ahora me aseguro de que no haya demasiada gente con el fin de darles espacio para respirar y para saltar. Si hay demasiada gente, hay más posibilidades de que se coman unos a otros».

Sin embargo, incluso con todas las salvedades que inevitablemente siguen a un sector en expansión que no pasa por la supervisión del gobierno y supera a la investigación académica, Tailandia ha demostrado que una operación exitosa de insectos es posible, y las recompensas son reales para los agricultores pobres y rurales como Aunt Jai. «Los grillos pagaron por esta granja. Los grillos compraron mi coche», dijo, señalando un Toyota relativamente nuevo. «El cultivo de grillos te puede sacar de pobre».